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México y el T-MEC; y si sí | Artículo de David Ordaz

Es claro que el factor Trump es uno de los obstáculos principales para el escenario actual, pero tampoco podemos cerrar los ojos a lo mal que se están haciendo las cosas a nivel interno.

  • David Ordaz
06 Jul, 2026 15:33
México y el T-MEC; y si sí | Artículo de David Ordaz

El 1 de julio se cumplen seis años de la entrada en vigor del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), que actualmente es sometido a una revisión conjunta y obligatoria antes de pasar a una eventual extensión.

En una decisión muy al estilo Trump, Estados Unidos anunció que no renovará el Tratado como se conoce y optó por revisiones anuales, sin embargo no declaró su salida del mismo. En pocas palabras, el T-MEC no ha terminado. Incluso si EU hubiera determinado salir, faltarían 10 años para que eso ocurra.

La determinación per se de revisiones anuales, es una medida que sin duda generará incertidumbre para las empresas establecidas en Norteamérica y si bien es cierto que el acuerdo seguirá vigente por los próximos 10 años en tanto ningún país decida retirarse, dichas revisiones anuales, abrirán la puerta a años de negociaciones, generando posibles cambios en las cadenas de suministro que son vitales en los diferentes sectores y subsectores de la industria a nivel nacional y regional.


Tras conversar con sus pares estadounidense y canadiense, el secretario de Economía, Marcelo Ebrard explicó que México irá por el camino de la revisión anual hasta 2036 pero sin generar incertidumbre.

A pesar de que eso suena bien narrativamente, lo cierto es que las consecuencias podrían ser más graves pues generará un impacto inmediato y a largo plazo, en especial en la disminución en producción, por una disminución de la demanda, una baja de contratación y/o retención de empleos, la caída de inversión extranjera directa (IED) por reinversión de utilidades, la detención de proyectos de ampliación y relocalización empresarial, así como el detrimento en la integración de varios sectores, en especial la manufactura.

Además, esta medida anunciada por Estados Unidos representa un enorme riesgo, ya que desprotege miles de empleos, desequilibra las cadenas de suministro y genera incertidumbre ante el actual escenario de relocalización empresarial y los recientes anuncios de inversión.

Sin decirlo (y no lo hará nunca), la presidenta Claudia Sheinbaum refirió que parte de la estrategia del gobierno de México es esperar que Donald Trump deje la presidencia en 2029 y regresar a mesas de negociación con quien ocupe la Casa Blanca.

Es claro que el factor Trump es uno de los obstáculos principales para el escenario actual, pero tampoco podemos cerrar los ojos a lo mal que se están haciendo las cosas a nivel interno.

La vinculación de la 4T con los grupos del crimen organizado, las malas decisiones económicas tomadas por una ideología radicalizada y fanatizada y la falta de generación de oportunidades que en estos dos últimos gobiernos se han intercambiado por el uso de programas sociales como dádiva electoral, son elementos clave para generar certidumbre. Esto sin hacer a un lado el absoluto control de las “nuevas instituciones” creadas por Andrés Manuel López Obrador en su afán de perpetuarse en el poder gracias al rencoroso dilema de los buenos y los malos.

El gobierno de Claudia Sheinbaum tiene que mirar hacia adentro de la casa y ocuparse de aquello que si está en sus manos: productividad, talento, innovación y la forma de potencializar que México siga siendo el primer socio comercial a México por la próxima década.

El Plan México que anunció a inicios de su sexenio se definió en seis grandes pilares: elevar el contenido nacional y regional en sectores estratégicos; crear empleos bien remunerados en sectores de manufactura especializada, incrementar el valor agregado en la proveeduría local y cadenas globales, desarrollo de vocaciones regionales en los polos de bienestar y corredores industriales, definir prioridades de inversiones locales y extranjeras e impulsar la integración regional.

Entre las metas del Plan México está la captación de 100 mil millones de dólares anuales de inversión extranjera directa (IED), crear 1.5 millones de empleos en manufactura especializada, alcanzar más de 15% de contenido nacional en cadenas globales de valor, entre otros. Además, se plantea la publicación de un “Decreto Nearshoring”, que establece la depreciación para inversiones nacionales y extranjeras en activos fijos, redimensionar el programa para empresas, así como establecer nuevas reglas para el consumo energético propio.

También puede apoyarse en la iniciativa privada, quienes deberán mantener una estrategia de acercamiento y posicionamiento con sus pares estadounidenses, con reuniones bilaterales con todos los estados fronterizos con los que México tiene relación, ya que puede contribuir a detectar con mayor agilidad la demanda de insumos que pueden proveerse localmente, aumentar el valor agregado y en la cadena de suministro, así como ayudar en la mejor relocalización de proceso de producción de acuerdo a subsectores y proceso para la exportación.

El gobierno de México tiene armas para negociar y generar un renovado tratado comercial.

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