‘La soledad, un monstruito que anda por ahí’: Bibiana Camacho
La escritora mexicana publica su libro de cuentos ‘Jaulas vacías’.
(Redacción AN).

Por Héctor González

La literatura de Bibiana Camacho (Ciudad de México, 1974) se desenvuelve en los pliegues más oscuros del ser humano. Con particular interés por hurgar en la soledad y sus efectos, la narradora publica Jaulas vacías (Almadía), título donde reúne una serie de inquietantes relatos dentro de los cuales se filtran los miedos, traumas y pulsiones de individuos condicionados por sí mismos y por su entorno.

¿En qué momento nace un personaje que tiene un elefante rosa y bebedor como mascota?

En un momento de mucha soledad. Cuando necesitas hablar con alguien que no está. Así es como creas un personaje que te acompaña, entiende y además, te necesita.

Varios de tus cuentos tienen la atmósfera de la soledad.

El hilo conductor de los cuentos es la soledad. Me parece un estado donde se crean monstruos o fantasmas que pueden salir de tu cabeza y terminar convertidos en otras cosas ya sean elefantes, ruidos o murciélagos. Este tipo de personajes sirven para sacar miedos, soledades y frustraciones, incluso para interactuar con ellos.

Quizá deberíamos pensar más en la soledad, ¿no?

A pesar de la cantidad de gente que habitamos el país y planeta, no necesariamente estamos más acompañados. Hay tanta información, imágenes y estímulos externos que difícilmente nos concentramos en algo particular. Dicen que la soledad es el mal del siglo XXI y no lo dudo porque tampoco hacemos nada para aminorarlo. Vas a una reunión en una cantina y en lugar de convivir, la gente está ensimismada con su celular.

Aunque paradójicamente es muy fácil expresar la opinión en redes sociales.

Las redes sociales pueden ser una fábrica de imbéciles, como decía Umberto Eco. Publicar en Twitter o Facebook no te hace más o menos inteligente, ni tampoco te da argumentos para discutir o analizar.

¿Los cuentos nacieron de este tipo de reflexiones?

Tal vez. Hace poco, en mi reporte semanal, el teléfono me indicó que mi promedio diario ante el celular era de dos horas. La cantidad de tiempo me escandalizó conmigo misma. Reaccioné aventando el teléfono y me propuse bajarle. No puede ser. Además es un tiempo de soledad absoluta, pues estás recluido con tu aparato. En realidad, la soledad es algo que me acompaña desde pequeña. A veces la disfruto, pero en ocasiones puede ser apabullante. Tengo mis periodos de insomnio, de mucha actividad y de mucha flojera. Podría decir que la soledad es un monstruito que siempre anda por ahí.

¿Por qué un monstruo? ¿Eso no es satanizarla?

A pesar de que por momentos tiendo a estar sola, sí me gusta interactuar de manera no superficial con dos o tres personas. Las redes sociales han hecho más complejas las relaciones. Ahora es muy fácil engañar por esta vía. Aparentemente mucha gente puede pensar como tú, pero cuando observas su comportamiento en sociedad descubres que es una mentira. Cuando irrumpió el #MeToo varios hombres se manifestaron por la defensa de las mujeres a pesar de que en su vida privada hacen todo lo contrario. Cuando hablo del monstruito de la soledad me refiero a la falta de interés legítimo por vivir en sociedad.

Curioso porque los escritores se autodefinen como solitarios…

Sí, porque puede ser disfrutable. Me gusta descubrir una idea por medio de una lectura y compartirlo con mi pareja, pero hay una soledad atávica que no tiene que ver con estar con alguien, sino con un cuestionamiento de todo.

¿Usas la soledad para hablar de lo colectivo?

Al menos trato. Somos una sociedad individualista. En el libro incluyo un cuento sobre unas hermanas que se pelean por una herencia. Cuantas historias de este tipo no hemos escuchado y son protagonizadas por gente que ante la sociedad da una cara amable.

Uno de los cuentos más abiertamente sociales es ‘Jaulas vacías’.

Me conmovió mucho ver cómo separaban a los niños de sus padres en las fronteras. Me pregunto si esta gente que recibe órdenes y un sueldo, no siente compasión o tristeza al tratar así a los niños.

La banalidad del mal diría Hannah Arendt…

Sí, es una justificación espantosa. El problema es que la violencia se enquista de manera tan sutil que de pronto puede llegar a extremos terribles.

‘Jaulas vacías’ es interesante también porque se ubica en la perspectiva de alguien que simpatiza con Trump.

Hay mucha gente así. A mí me parece increíble que la gente sea empática con él, pero ponerme en su posición me permite comprenderlos.

Otro cuento inquietante es ‘¿Qué estás soñando?’, donde hablas del vacío que deja la desaparición de alguien querido.

Desde hace tiempo me obsesiona el boom de los “desaparecidos” en México. Entiendo que los hay de muchos tipos, pero yo siempre pienso en el vacío que les queda a quienes se quedan. ¿Cómo lidian con eso? Espero nunca tener una experiencia similar, pero me parece que esto genera un trauma de índole social.  Todavía no dimensionamos las consecuencias que genera ser un país con miles de desaparecidos.

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