opinión*
La mujer del siglo XXI
por Araceli Damián
Foto: José Hernández/ Cuartoscuro

En 1928 a la afamada escritora británica Virginia Woolf le fue negada la entrada a la biblioteca de la Universidad de Cambridge, Inglaterra, por no ir acompañada de un profesor ni contar con autorización por escrito de un Dean para que se le permitiera el paso. Fue hasta 1947 que a las mujeres les fue permitido obtener un grado académico en esa prestigiada universidad.

En su libro, Un cuarto propio, Woolf habla de los mismos problemas que hoy en día vivimos las mujeres: desigualdad en diversas áreas de la vida, necesidad de que nos liberen de la carga doméstica, de nuestro derecho de contar con un ingreso y un “cuarto propio” para desarrollar nuestras capacidades humanas, en las mismas condiciones que los hombres.

Las transformaciones socioeconómicas ocurridas en el siglo pasado permitieron que, en muchos países, las mujeres mejoraran enormemente algunos indicadores del bienestar y que participaran cada día más en la vida pública, incluyendo la política. No obstante, la equidad en el acceso a un satisfactor tan básico como la educación apenas se hizo posible, en algunos países desarrollados, durante el presente siglo. Por ejemplo, en Estados Unidos por primera vez, en 2008-2009, las mujeres obtuvieron un doctorado en igual número que los hombres y, para 2011, los superaron. No obstante, sus salarios siguieron siendo en promedio 25% más bajos, debido, en parte, a que las mujeres continúan haciendo frente a la carga de trabajo doméstico y de cuidados de menores y otras personas, por lo que trabajan en mayor proporción en empleos de medio tiempo y se encuentran menos representadas en los puestos de decisión.

En nuestro país los avances a favor de las mujeres han sido también importantes, sobre todo para las más jóvenes, quienes han superado a los hombres en algunos indicadores, como en el del número de años estudiados. Así, en 2014 las mujeres de 15 a 24 años de edad habían aprobado, en promedio, 10.3 grados académicos, mientras que el de los hombres es 10.1. Esto significa que más mujeres que hombres jóvenes completaron la secundaria y continuaron estudiando (véase cuadro anexo).

En cambio, entre la población de mayor edad se sigue observando un mayor rezago educativo en las mujeres. De esta forma, las de 25 a 59 años tienen, en promedio, 9.1 años estudiados, mientras el de los hombres es 9.5. La situación más grave, para ambos sexos, pero sobre todo para las mujeres, la tenemos en las personas de 60 años y más, cuyos promedios de años aprobados es de 4.6 para las mujeres y de 5.6 para los hombres.

La sociedad mexicana del siglo XXI continúa sin atender el enorme rezago educativo en el medio rural. Toda la población en estas áreas se encuentra en peor situación que la del medio urbano pero, además, son los adultos mayores los dejados completamente atrás. Así, las mujeres de 60 años y más del medio rural sólo aprobaron dos años de primaria, en promedio, mientras que los hombres alcanzaron tan sólo dos años y medio. Los que tienen entre 25 y 59 años de edad apenas alcanzaron la primaria completa. Los jóvenes en el medio rural continúan rezagados frente a sus pares urbanos, aunque en menor proporción que en los otros grupos de población, y son también las mujeres las que tienen mejores niveles educativos (9 años de estudio en promedio, frente a 8.8 de los hombres).

Otro de los avances que se han observado a partir del siglo pasado es la reducción en la brecha del ingreso laboral de las mujeres, que, según datos de la CEPAL, en 2002, representaba 63% del de los hombres y, para 2014, aumentó a 73.7%. Cabe destacar que parte de la reducción en la brecha se debe a la caída de los ingresos masculinos, sobre todo después de 2008, cuando estalló la crisis provocada por la burbuja financiera. Por tanto, este “logro” es relativo y nos habla de una mayor precarización en las condiciones laborales de los hombres en América Latina.

Mucho se ha hablado de la feminización de la pobreza como otro de los grandes retos que enfrentan las mujeres. No obstante, tanto en América Latina, como en México la tendencia es a que este flagelo afecte a hombres y mujeres por igual, y en una mayor proporción a los hogares con jefatura masculina. Así, de acuerdo con la CEPAL, en 2014, 26.8% de los hogares encabezados por mujeres y 27.8% de los encabezados por hombres eran pobres, lo que nos habla de una “masculinización” de la pobreza, aspecto que señalé a inicios de los 2000 (1).

Para mostrar lo que sucede en México utilizo los datos estimados con el Método de Medición Integrada de la Pobreza (MMIP) (elaborados por Julio Boltvinik y quien escribe), en el que los umbrales de satisfacción de las necesidades humanas se establecen en niveles óptimos, es decir, para tener una vida digna, y no como en el método de la CEPAL, que además de ser obsoleto, es unidimensional y sólo busca identificar la pobreza extrema.

De esta manera, en 2014, la pobreza por el MMIP afectaba a 83% de la población y la padecían en la misma proporción hombres y mujeres. No obstante, en lo que respecta al tipo de jefatura, también se observa una ligera “masculinización”, ya que 84% de la población viviendo en hogares con jefatura masculina era pobre, comparado con 82% en los encabezados por mujeres.
Nuestra estimación de pobreza parece elevada en comparación con la del CONEVAL (Consejo Nacional de Evaluación de la Política Social), que sólo reconoce a 46.2% de la población como pobre en 2014. No obstante, el organismo excluye de su dato de pobreza a 33.4% de la población que denomina “vulnerable”, por no presentar, además de un ingreso por debajo de la línea de pobreza, alguna carencia en los indicadores sociales (educación, salud, vivienda, etc.). Si CONEVAL reconociera como pobres a los “vulnerables”, el total de pobres en nuestro país ascendería oficialmente a 79.6% de la población. Cabe destacar que, con los datos del organismo, la pobreza afecta en igual proporción a hombres y mujeres.

Es indudable que en México se requiere hacer un mayor esfuerzo por eliminar las prácticas que discriminan a las mujeres en distintos ámbitos de la vida económica y social, pero también la mujer del siglo XXI debe reconocer que la falta de equidad tiene su raíz en el sistema capitalista de explotación, que en un contexto como el mexicano, lleva a constantes feminicidios y masculinicidios (asesinato sin justificación de presuntos delincuentes), a un enorme problema de trata, explotación sexual y esclavitud, tanto de mujeres como de hombres, frente a una actitud tolerante y, a veces, con la complicidad de autoridades federales y locales.

México, años estudiados por sexo y grupos de edad, en ámbito urbano y rural, 2014

Hombres Mujeres Total
Nacional
15 a 24 10.1 10.3 10.2
25 a 59 9.5 9.1 9.3
60 y más 5.6 4.6 5.1
Total 9.1 8.7 8.9
Urbano
15 a 24 10.4 10.6 10.5
25 a 59 10.3 9.9 10.0
60 y más 6.7 5.3 5.9
Total 9.9 9.4 9.6
Rural
15 a 24 8.8 9.0 8.9
25 a 59 6.7 6.4 6.5
60 y más 2.5 2.0 2.2
Total 6.5 6.3 6.4

Fuente: estimaciones propias con base en la ENIGH (Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares), INEGI. 

  1. Araceli Damián, “Tendencias recientes de la pobreza y desigualdades por género en América Latina, Papeles de Población, Nueva Época, Año 9 núm. 38, octubre-diciembre, UAEM, pp. 27-76, 2003.

Araceli Damián

Profesora-Investigadora de El Colegio de México, con licencia. Directora General del Consejo de Evaluación del Desarrollo Social de la Ciudad de México.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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