‘El INAH en riesgo de perder al 20% de su personal contratado’: Bolfy Cottom
‘El Tren Maya, una prueba de fuego para institución’, advierte el investigador.
(INAH).

Con el objetivo de realizar labores de investigación antropológica, histórica y arqueológica, en febrero de 1939 se creó el Instituto Nacional de Antropología e Historia. El decreto firmado por el entonces presidente, Lázaro Cárdenas establecía que la dependencia sería un brazo de la Secretaría de Educación Pública.

Para el historiador e investigador de la Dirección de Estudios Históricos del INAH, Bolfy Cottom, el organismo es de vital importancia para el país dado que realiza una tarea inmensa vinculada con la vida privada de la gente.

En entrevista, el autor de los libros INAH: Antecedentes, organización, funcionamiento y servicios; Nación, Patrimonio Cultural y Legislación; y Legislación cultural. Temas y tendencias, advierte que el INAH está en riesgo de perder el veinte por ciento de su personal contratado.

¿Cómo llega el INAH a sus ochenta años? ¿Cuáles son sus fortalezas y cuáles sus debilidades?

El instituto es resultado de un proceso que viene del siglo XVIII, del interés de Sigüenza y Góngora, de los jesuitas por construir una idea de la nación mexicana a partir de su geografía y botánica. Todo eso lo hereda el Museo Nacional creado en 1825, cuyas atribuciones eran dos: hacer una recolección de lo que constituía el nuevo país y al mismo tiempo, de enseñarlo y transmitirlo. Estas atribuciones con el paso del tiempo detonan la fundación del INAH en 1939, es una tarea inmensa que incluso tiene que ver con la vida privada de la gente y dada la magnitud de su materia de trabajo, es sino la única, de las pocas instituciones que tienen presencia en todo el país. Su estructura es poderosa, pero al mismo tiempo endeble porque no está distribuida equitativamente. La cantidad de investigadores o custodios en Baja California es poquísima, en comparación a lo que sucede en la zona maya. Hace bastante tiempo que no hay nuevas plazas para académicos, profesores, técnicos o administrativos. Cada sexenio la materia de trabajo del INAH aumenta y el personal disminuye.

¿Por qué no se abren nuevas plazas?

Es una política del gobierno federal y el sistema imperante. La tendencia es terminar con los contratos colectivos y contratar más por outsourcing, es decir trabajadores eventuales. En ese sentido el instituto echa mano de jóvenes recién egresados y contratados de manera eventual. Más allá de la acción sindical y de la autoridad, somos víctimas de las políticas laborales del sistema en que estamos inmersos.

¿El INAH está rebasado entonces?

A partir de 1972, el maestro Guillermo Bonfil tuvo la visión de descentralizar el INAH y se hicieron experimentos en Jalisco y Puebla, donde se crearon institutos de antropología.  Al final, fracasaron porque no hubo recursos para mantenerlos. Después se crearon centros regionales, pero eran insuficientes para atender la problemática. La naturaleza del INAH y el INBAL, son similares en sus funciones fundamentales: son autoridades, centros de investigación y centros de educación superior. Es decir, no solo el instituto está rebasado, el Estado está rebasado. No hay dinero que alcance, pero esto no exclusivo de México, solo que en nuestro caso es muy complicado: en todo el país se habla de 200 mil sitios arqueológicos.

Una de las críticas recurrentes en términos de política cultural, argumenta que la mayoría del presupuesto para las instituciones se va en pagar sueldos.

Del monto presupuestal que se le asigna al instituto, el setenta por ciento se va para pagar salarios, pero señalarlo de esta manera es ambiguo porque el pago de nómina incluye a académicos, técnicos, administrativos y trabajadores manuales. La labor de este personal impacta en todas las tareas del instituto. Sería ideal que contar con dinero para obra pública o para nuevos proyectos de investigación y conservación, en este rubro la cantidad de personal es mínima y básica para desempeñar las funciones. Los docentes de las tres escuelas del instituto: Escuela Nacional de Antropología e Historia; Escuela Nacional de Conservación y Restauración Museográfica; y Escuela de Antropología e Historia el Norte de México, viven en la miseria y a pesar de eso hacen un trabajo de investigación importantísimo reconocido incluso en América Latina y México. Por supuesto no se puede descartar, como todo vicio de la administración pública que haya crecido la contratación para la parte administrativa, esa siempre ha sido la queja y de lo que se trata es de mantener el equilibrio.

¿Cómo impacta la política de adelgazamiento burocrático del gobierno federal en el INAH?

Impacta de manera letal. El INAH esté en riesgo de perder el veinte por ciento de su personal contratado. ¿Qué va a suceder con el personal de custodia, quienes vigilan los recintos a cargo del instituto? ¿Qué va a suceder con los proyectos de investigación en donde la mayoría de trabajadores contratados dependen de ese ingreso? Entiendo que el director general ha buscado maneras de no despedir a muchas personas, pero todo está incierto. Cada presidente quiere irse con gloria de abrir zonas arqueológicas y nuevos museos, la cuestión es que siempre lo quieren hacer con el menor costo y dinero.

La falta de recursos de inmediato impacta en el mantenimiento de las zonas arqueológicas.

Sí, y esto es peligroso porque expone estos lugares al saqueo. El Tren Maya será una prueba de fuego para el instituto porque tiene que ver con esto. Todo el sureste está plagado bienes arqueológicos por tanto se deberán hacer trabajos de salvamento, rescate, conservación y preservación. ¿Hasta qué punto la institución tendrá la capacidad de sugerir, proponer, recomendar e incluso de mantener una posición firme en caso de que la ruta del tren tenga que cambiar?

 ¿Ve sensibilidad por parte de las autoridades que promueven al Tren Maya en este sentido?

A estas alturas saber si habrá o no afectación, es muy aventurado. Todavía no empiezan los trabajos. Se necesita una buena coordinación, asesoría y acompañamiento de órganos colegiados del instituto, universidades y centros de investigación del sureste. El tema no es oponerse al desarrollo, sino que asumir que las instituciones tienen que cumplir con sus obligaciones y si al INAH le toca preservarlos, debe poner todo lo que está en sus manos para hacerlo.

El asunto del tráfico de bienes y saqueo es otro pendiente.

Guillermo Tovar y de Teresa sostenía que, a nivel arqueológico, el tráfico de bienes y el saqueo, habían sido los principales problemas hasta el siglo XIX, pero que a partir del XX, la gran amenaza eran los proyectos de desarrollo.  En lo personal, creo que el tráfico de bienes es permanente y, es más, ya está vinculado con el crimen organizado.

¿Qué tipo de política está viendo por parte de la Secretaría de Cultura en relación a las áreas del INAH?

La Secretaría de Cultura tiene el desafío de crear su propio marco normativo para sobrevivir. La nueva administración plantea una racionalidad del gasto y promete eliminar la duplicidad de funciones. Sin embargo, yo no lo he visto. El INAH es la institución con facultades en materia de monumentos históricos, no obstante, en la Secretaría de Cultura existe una Dirección de Sitios y Monumentos. Aquí tenemos un ejemplo evidente de la duplicidad de funciones. Por otro lado, reconozco que la Secretaría de Cultura ha ido entendiendo que su labor no debe ser obstaculizar el funcionamiento de las instituciones y menos del INAH, por mucho, la institución cultural más importante del país.

La duplicidad de funciones qué tanto se debe a que falta la ingeniería institucional en la Secretaría de Cultura.

No creo que sea por eso. El diseño de las instituciones tiene más de medio siglo y ha sido probado su funcionamiento. En el reglamento interno de la Secretaría de Cultura aparecen al menos dos subsecretarías; dieciséis unidades administrativas; y cinco órganos desconcentrados. Esta ya es una ingeniería que viene desde cuando se hablaba del subsector cultural dependiente de la SEP. La Secretaría de Cultura, se creó entre otras cosas para evitar duplicidad de funciones. Lo que veo, históricamente, es que la cultura nunca ha sido prioritaria para las políticas públicas. Aún es muy prematuro saber si para el actual gobierno será lo mismo, tendremos que esperar que presenten su Programa Nacional de Cultura, será el primer gobierno en hacerlo.

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