Trump amenaza con impuesto de 35% a empresas que salgan de EU
Sus tácticas han atraído críticas tanto de la derecha como la izquierda, con una variedad de expertos que coinciden en que sus métodos serían, en el mejor de los casos, ineficaces, y en el peor, de capitalismo amiguista o de gobierno autocrático.
(The New York Times)

Luego de que Donald Trump  se atribuyó el mérito de haber persuadido a Carrier a mantener mil empleos en Indiana, el pasado domingo a través de Twitter amenazó a otras empresas sobre las retribuciones que les esperan si mudan su producción al extranjero, como por ejemplo una penalidad.

La pregunta es si esta postura adoptada por el mandatario electo representa una política económica sensata.

“El chantaje es implícito con esta postura, y es peligroso”, afirmó Tyler Cowen, economista conservador orientado al libre mercado quien también es docente de la Universidad George Mason. “Es mucho teatro político, pero esa no es siquiera la crítica más fuerte. Trump está negociando con empresas individuales fuera de la ley de los procedimientos burocráticos.”

El pasado viernes, Trump atacó Rexnord, otra manufacturera con planta en Indianapolis que anunció planes en octubre de mudarse a México. “¡No más!” exclamó en Twitter, lo que contribuyó a bajar 8 por ciento las acciones de Rexnord.

De acuerdo con Trump, la penalidad con la que ha amenazado a las empresas que contemplan mudar su producción al extranjero sería una tarifa de 35 por ciento sobre bienes que las empresas envíen de regreso a los Estados Unidos tras su producción. Es dudoso si Trump tendría la autoridad legal para sancionar compañías individuales sin la participación del Congreso. Sin embargo, también ha prometido una más amplia revisión en materia de impuestos corporativos y la eliminación de una serie de regulaciones que él considera asfixian a las empresas estadounidenses, además de paquetes individuales para incentivo como la que recibió Carrier, que consistió en $7 millones de dólares.

Mike Konczal, un economista del Instituto Roosevelt, opinó que la posición de Trump está condenada al fracaso, especialmente si mantiene su promesa de campaña de reducir los impuestos de corporaciones e inversionistas.

“Reducir los impuestos de los accionistas destruirá más fábricas que las que podría salvar”, afirma Konzal. Y los incentivos como el que recibió Carrier solamente anticipan el cambio inevitable de gigantes multinacionales a sitios de bajo costo como México y Asia. “Simplemente se irán después de embolsarse un poco de dinero”, señala Konczal.

Negociar con empresas tan grandes podría representar un reto mucho mayor de lo que Trump está dispuesto a admitir. Después de todo, con todo y los $7 millones que tuvo que pagar a Carrier, la compañía sólo le dio a Trump la mitad de lo que quería, con mil empleos de Indiana que se irán a México.

Además, Trump se ha echado para atrás ante fuerzas tectónicas económicas que no han dado muestras de debilitamiento. Más allá de la pérdida de empleos debido a la automatización, Carrier no es el único en mudar estos empleos obreros a lugares como México mientras conserva las funciones de cuello blanco como aquellas relacionadas con ventas, investigación y desarrollo en Indiana.

Steven Rattner, un financiero veterano y demócrata que dirigió el esfuerzo exitoso de Obama de rescatar la industria del auto en 2009, señala que “es irónico que no hay una sólo elemento de la plataforma de la campaña de Trump que puede ayudar a las personas que han sido perjudicadas por estas tendencias”.

Sin embargo, sean sensatas estas estrategias o no, es claro que Trump planea seguir con despliegues tipo Carrier cuando se mude a la Casa Blanca el 20 de enero.

“Esta no es una excepción”, dijo en entrevista con The New York Times tras una visita a la planta de Carrier en Indianapolis el pasado jueves. “Esa es una de las razones por las que estoy aquí y no en mi lobby en Manhattan“.

En lugar de exenciones tributarias en base a un estudio caso por caso, quizá el mejor argumento de las tácticas de Trump es que podrían provocar un replanteamiento de la responsabilidad corporativa entre ejecutivos, dijo Justin Wolfers, un economista y contribuyente del New York Times quien también es docente de la Universidad de Michigan.

“La pregunta es, ¿cuál es el juego?”, pondera Wolfers. “Si se trata de cambiar las normas y afirmar que el enriquecimiento privado a expensas de un bien público más amplio ya no es socialmente aceptable, eso es importante”.

De hecho, imponer tarifas es mucho más difícil que publicar en Twitter – o negociar acuerdos con empresas individuales como Carrier y su empresa matríz, United Technologies.

A pesar de que el presidente tiene poderes de amplio espectro para imponer sanciones comerciales sobre países a los que se les descubra manipulen sus divisas o exportando bienes por menos de lo que cuesta producirlos, Trump se está aventurando a territorio desconocido con tarifas dirigidas a empresas estadounidenses individuales.

“No tengo conocimiento de que esto se haya intentado antes o sobre que autoridad estaría dependiendo la administración de Trump, afirmó Miriam Sapiro, quien se desempeñó como Representante Comercial Adjunta de los Estados Unidos de 2009 a 2014.

“Luego está la pregunta sobre qué tipo de represalias podrían causar estas tarifas, lo que dañaría tanto a los trabajadores estadounidenses como a los consumidores y a las empresas”, señaló Sapiro.

La naturaleza improvisada de los exabruptos de Trump podría explicar parcialmente la razón por la que los economistas están tan horrorizados por los métodos de Trump para mantener los empleos en casa. Sin embargo, algunos expertos opinan que es excesivo.

“Francamente, estoy atónito ante la oposición de la izquierda”, dijo Alan Tonelson, un economista que perteneció al Consejo estadounidense de Negocios e Industria. “No han tenido problemas con imponer tarifas para auxiliar a Detroit y a la industria acerera”.

En cuanto a críticas conservadoras y libertarias, Tonelson especula que pueden tener que ver con el apoyo corporativo hacia los centros de estudios a los que cada uno se afilia que a un fervor ideológico genuino.

La sensatez económica de las tácticas de Trump puede estar a discusión, pero claramente se ofrecen premios políticos, sobre todo en los estados del “Rust Belt”, donde los costos del libre comercio son mucho más aparentes que sus beneficios.

“Las estadísticas no están funcionando para contrarrestar a Trump”, dijo Timothy A. Duy, profesor de economía de la Universidad de Oregon. “La suma de las ganancias son irrelevantes para alguien que sufre una pérdida personal. Los críticos necesitan encontrar una respuesta efectiva a Trump. Creo que todavía no la tenemos”.

Mientras que los costos del libre comercio tienden a concentrarse, beneficios como precios bajos sobre bienes importados se extienden de forma muy amplia, haciéndolos menos obvios. En entrevista con Fox News el pasado domingo, el republicano Newt Gingrich cuestionó la efectividad de esa compensación.

En algunos casos, señaló, los estadounidenses “deben estar preparados para pagar un poco más por productos importados” con tal de mantener empleos en casa. (Con información de The New York Times)






Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.

Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a [email protected]