opinión*
“La caída de Peña … y del PRI”, artículo de Araceli Damián
por Araceli Damián
Foto: Diego Simón Sánchez/C uartoscuro

Recientemente el periódico Reforma publicó su doceava encuesta de Evaluación de la gestión de Enrique Peña Nieto, la cual recoge la opinión de adultos y de líderes de opinión en México. La encuesta fue levantada entre el 23 y 29 de noviembre pasado y muestra que es generalizada la opinión de que todo el gabinete, incluyendo Peña Nieto, está reprobado.

En una escala de cero a diez, los líderes dan una calificación a los miembros del gabinete que oscila entre 2.7 (para Luis Miranda, Secretario de Desarrollo Social, lo cual no sorprende) y 5.8 (para Vidal Francisco Soberón, Secretario de Marina); mientras que Peña Nieto obtiene una vergonzosa calificación de 3, muy cerca de su compadre Miranda.

En la serie de estas encuestas, que cubre lo que va del sexenio, la percepción de la gestión de Peña ha sufrido caídas drásticas, sobre todo cuando ocurren eventos que indignan a la población, como la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa o la revelación de la existencia de la “casa blanca”, frente a los cuales el ejecutivo federal ha dado respuestas insatisfactorias, torpes y cínicas.

A los pocos meses de iniciada su gestión (abril de 2013) la percepción sobre la gestión de Peña era “aprobatoria”, pero con calificaciones bastante bajas (de 6.3 entre ciudadanos y de 7.1 entre líderes). Esto revela una falta de legitimidad de la gestión del ejecutivo desde un inicio, sobre todo entre la ciudadanía.

No sorprenden estas calificaciones si consideramos que el triunfo electoral de Peña en 2012 fue apuntalado mediante una mañosa e ilegal campaña publicitaria, comandada por la ahora decadente empresa Televisa. Esta empresa se encargó de envolver a un sector importante de la población, sobre todo a las mujeres (aunque también a muchos jóvenes), en un cuento de hadas o una telenovela rosa.

También jugaron un papel relevante ciertas encuestadoras, como Mitofsky que, con resultados de sondeos altamente cuestionables, convencieron a un electorado poco crítico que Peña sería el ganador indiscutible. Según sus erradas (o intencionalmente sesgadas) encuestas, el entonces candidato obtendría un rotundo triunfo, con alrededor de 20 puntos porcentuales por encima de su más cercano contendiente, Andrés Manuel López Obrador. Recordemos que, según datos oficiales, esta supuesta ventaja fue de sólo 6.5 puntos porcentuales.

No hay que olvidar tampoco que Peña llegó al poder con una descarada compra de votos, a través del otorgamiento de las tarjetas Monex y Soriana, así como de otros actos de delincuencia electoral, que fueron archivados en los cajones del olvido del INE y demás “autoridades” electorales, que defraudaron a la ciudadanía y se convirtieron en cómplices de estos delitos electorales.

La influencia que tuvo la compra de voto fue detectada en la encuesta del Observatorio Universitario Electoral (conformado por un grupo plural de académicos de la Universidad Autónoma Metropolitana, Universidad Nacional Autónoma de México y El Colegio de México), levantada por Berumen en abril de 2012. La encuesta reveló que 7.8% de los probables electores darían su voto al partido que siempre les regalaba cosas (cemento, despensas, vales para tiendas); porcentaje que aumentaba a 10.8%, cuando la intención del voto era a favor del PRI. Es absolutamente innegable que una proporción de tal magnitud definió la elección.

Tampoco podemos dejar de lado el hecho de que un porcentaje importante del electorado manifestó que votaría por un partido distinto al PAN, porque desaprobaba la gestión de Calderón. Además, la guerra sucia en contra de López Obrador favoreció a Peña. Así pues, más que por la confianza que la gente podía tener en Peña, el PRI llegó al poder por razones de mercadotecnia, compra de voto y desaprobación del belicoso y fallido gobierno panista.

Los líderes de opinión (muestreados por Reforma) se tragaron la idea de que llegaba al poder un PRI renovado, o bien fueron cómplices de la construcción de la falsa imagen de Peña, ya que, en abril de 2013, 78% de ellos aprobaba la gestión del gobierno federal. Al parecer, la ciudadanía estaba más consciente de las limitaciones de Peña, ya que sólo 50% tenía una postura favorable.

La luna de miel con los líderes de opinión duró poco. En diciembre de 2013, su aprobación a la gestión de Peña había bajado a 40%, y en la actualidad es de sólo 16%. Los ciudadanos, que nunca tuvieron verdaderamente una buena imagen de Peña, se muestran hoy un poco más benévolos, pero, aun así, sólo 24% aprueba su gestión.

Temas torales presentes este año han hecho crecer la desaprobación hacia el gobierno federal, tanto de líderes como de la ciudadanía. Por ejemplo, la percepción de que la corrupción ha aumentado creció entre líderes del 67% al 71%. Además, una aplastante mayoría tiene una opinión desfavorable en todos los rubros sobre los que indaga la encuesta. En lo que respecta a empleo, pobreza y economía, 64%, 72% y 74% de la ciudadanía, respectivamente, considera desfavorable la forma como el ejecutivo trata estos temas; en combate a la corrupción y el crimen organizado, y en seguridad pública los porcentajes de quienes tienen una opinión desfavorable alcanzan 80%, 76% y 71%, respectivamente. Cabe destacar que los porcentajes en sentido negativo son más elevados entre los líderes, en casi todos los casos.

Resultados tan lamentables a menos de dos años de la elección presidencial de 2018 deben ser sin duda preocupantes para el PRI, ya que es poco probable que gane de nuevo la presidencia, como lo muestra la encuesta de Reforma del día de ayer (4/diciembre/2016), en la que los punteros como posibles candidatos a la presidencia son Andrés Manuel López Obrador y Margarita Zavala, esposa de Felipe Calderón.

Lo que aún no está claro es si la ciudadanía tendrá la capacidad de reflexionar y decidir con base, no sólo en los pésimos resultados de la gestión del PRI, sino también en la incapacidad que mostraron los gobiernos panistas para enfrentar los problemas más graves de la Nación. No olvidamos su sangrienta y fallida lucha contra el narcotráfico, y la falta de capacidad para lograr un crecimiento económico, lo que mantuvo, y sigue manteniendo a la mayoría de la población, en la pobreza. La moneda está en el aire.

Araceli Damián

Es Diputada Federal por Morena y preside la Comisión de Seguridad en la Cámara de Diputados. Es Profesora-Investigadora con licencia del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Es Doctora en economía urbana por la Universidad de Londres, Inglaterra.


*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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