“La figura de El Quijote se utiliza por igual para exaltaciones progresistas que para retrocesos conservadores”: Armando González Torres
En su nuevo libro, ‘La tiranía de los quijotes’, el escritor revisa los usos políticos que se le ha dado al personaje de Miguel de Cervantes.
- Redacción AN / HG

Por Héctor González
El Quijote de la Mancha es un clásico de clásicos y como tal tiene una vida propia que rebasa los propósitos de su autor, Miguel de Cervantes. Sin embargo, esta vida propia lo ha llevado a perderse por los senderos de interpretaciones maniqueas y alejadas de su origen, como da cuenta el escritor mexicano Armando González Torres, en su nuevo libro La tiranía de los quijotes (Jus).
A través de un conjunto de ensayos, González Torres da cuenta de la forma en que el ingenioso hidalgo dejó de ser protagonista de una novela cómica y crítica de su época, para convertirse en emblema de la justica y de aspiraciones políticas que no siempre son benéficas para la sociedad.
Tengo la impresión de que a El Quijote se le cita más de lo que se lee, ¿no?
De acuerdo, es un personaje que ha evolucionado de manera independiente a su creación y a los propósitos de su creador, Miguel de Cervantes, esto es algo que pasa con los clásicos. Lo que me parece más interesante es su transfiguración de personaje cómico en una figura heroica, así como su influencia en actores relevantes de la vida cultural y política de todo el mundo, pero en particular de América Latina.
¿Cómo se ha dado esa mutación?
El Quijote, según los estudios filológicos más serios, fue concebido como una obra cómica. En su momento fue muy apreciado en ese aspecto, de hecho, se tradujo al francés y al inglés pensado así. Pero un par de siglos después, la crítica romántica lo convirtió en un símbolo del altruismo justiciero y la locura sublime. Se volvió representante de un espíritu idealista romántico que encabezaba las ansias de cambio social, la protesta y las ambiciones de una reforma espiritual. Es así como este personaje cómico cambia de funciones y se convierte en una aspiración política, esto ocurrió particularmente en América Latina. Simón Bolívar, por ejemplo, se identificó tanto con él, que encomendó muchas de sus hazañas a la figura quijotesca.
¿Podríamos decir que es en la izquierda donde ha encontrado asidero esta imagen?
Es interesante porque El Quijote no tiene un signo ideológico. Durante el franquismo fue un símbolo muy poderoso de la espiritualidad y la cultura española. Lo mismo se utiliza para las exaltaciones más progresistas que para retrocesos conservadores. Es fabulosa la plasticidad del personaje y de su lectura alegórica.
¿Esta plasticidad se de una manera parecida en Sancho Panza?
Uno de los elementos de gran sabiduría en la novela es el contraste entre este héroe delirante y el pragmatismo, producto de la necesidad, que implica a Sancho. La frecuente tensión entre idealismo y sentido común, entre heroicidad y la necesidad por salir adelante, es algo que da profundidad cómica y espiritual a la novela. Pero tengo la impresión de que los quijotes políticos extraen este contraste y se quedan con el voluntarismo del héroe loco. Y al hacer esto, los políticos se vuelven rígidos, grandilocuentes, ególatras e intolerantes.
¿Un caudillo?
Sí, el Quijote desprovisto de este contraste entre ficción y realidad, de su apelación al heroísmo, del entorno picaresco de necesidad, su idealismo y el sentido común de Sancho, se aproxima a un tirano que con la coartada del altruismo quiere convertir a todos los demás, aunque sea a la fuerza.
¿Qué dice de nuestra época la seriedad con que se toma a El Quijote y su cercanía a una visión más agria de su alma, como dice Fernando Savater?
Es un fenómeno de la lectura eferente, es decir, una lectura demasiado literal e ingenua de la obra literaria en la que esperamos una lección definitiva de vida. Este tipo de lectura es la que han hecho muchos políticos y puede ser nociva para la colectividad. Si bien, en el político quijotesco podemos ver una apelación al bien común y a la personificación del pueblo, también se muestra la intolerancia, el culto a la personalidad y la imposición de la voluntad del iluminado frente a las resistencias de los disidentes. Por lo mismo, puede tener efectos nocivos sobre la sociedad.
Pero es algo que trasciende a la política, en el derecho, como mencionas en el libro, se una como símbolo de justicia.
Así es, aunque la justicia del Quijote, si nos atenemos a la novela, es antijurídica. Es una justicia que desconfía de la ley escrita, bastante azarosa, arbitraria, acorde a los valores del Quijote e incluso a su humor.
¿Hay algún otro personaje de ficción comparable a esta variedad de interpretaciones?
El Quijote es uno de los personajes más celebres y con mayores transfiguraciones que podemos encontrar en la historia literaria. Es un personaje proteico y cuya influencia no se ha limitado al idioma español. Su figura ha influido en diversas latitudes, culturas, idiomas y tradiciones literarias. Los clásicos no se quedan en el reposo de las bibliotecas, salen a la calle y son depositarios de valores éticos, virtudes cívicas y de todo tipo de aspiraciones colectivas. En los clásicos hay una tensión permanente entre la filología y la alegoría, que siempre rebasa los significados que quiso aportar el autor. Así como es peligroso definir las coordenadas de una obra literaria, también lo es olvidarse del contexto y la obra en sí. Por eso, como propone el crítico Antoine Compagnon, es importante leer con un equilibrio entre filología y alegoría, entre literalidad e imaginación.
¿Qué tipo de personaje es para ti El Quijote?
Es un personaje entrañable. Siempre lo hermano a Sancho, pero también a Cervantes. Es el personaje más cercano a su autor. Hay una proyección entrañable y fraterna sobre la vejez, el fracaso, los contrastes entre el idealismo y la realidad que vivió en carne propia Cervantes.






