‘En sociedades injustas un político debería ser un filántropo’: Guillermo Fadanelli
El escritor mexicano publica el ensayo ‘Meditaciones desde el subsuelo’.
(Almadía/guillermofadanelliblogspot).

“Si tuviera que expresar de forma sucinta ¿por qué escribí el libro?, la respuesta sería para construir la pregunta ¿tiene algún sentido o sirve para algo la literatura? ¿Escribir y publicar libros tiene algún sentido en una época en que los lectores han disminuido para decantarse por el campo visual?”, se cuestiona Guillermo Fadanelli. La respuesta, si es que la hay, se encuentra Meditaciones desde el subsuelo (Almadía), un ensayo libre, inmerso en la tradición de Montaigne, y desde el cual desenfunda un sentido crítico ante el cual es difícil salir ileso.

“Escribir es una manera de que los otros me dejen en paz”, dice en su nuevo libro, dadas las entrevistas está claro que ni así.

En el último año publiqué un par de títulos y renuncié a dar entrevistas, salvo pocas excepciones. El escritor es una mancha en el libro; una añadidura a veces impostada e innecesaria. Un libro no debe requerir explicación a no ser que contenga un mensaje que deba ser descifrado. Creo en el lector como alguien entusiasta, acucioso y curioso, alguien que puede entrar a la obra sin conocer las opiniones del escritor.

Habla desde una posición idealista. A veces se buscan sólo las opiniones del autor y se prescinde del libro.

Lo sé. Me gustaría vivir en una comunidad que lograra organizarse, más justa y con más bienestar general para de esa manera pasar inadvertido. Es difícil establecer conversaciones civilizadas o prudentes con el resto de los ciudadanos. Suelo llevarme bien con mis vecinos, no los conozco a fondo pero los respeto, porque ese respeto implica mi propia seguridad. Nunca te enemistes con los vecinos. Algo similar sucede con la sociedad. El concepto de Richard Rorthy de ver a la sociedad como familia ampliada es muy adecuado. Mientras consideres que los otros son tu familia y les tengas respeto, consideración y afecto civil, te tomarán como uno de los suyos. Si la lectura fortalece nuestro sentido crítico y la posibilidad de la conversación con el otro, podremos alcanzar del alejamiento y la tranquilidad.

Pero no muchos autores buscan el alejamiento. ¿Un escritor debería opinar de cualquier cosa?

Una definición de escritor podría ser: ‘es aquel sujeto que se mete donde no lo llaman y que a lo largo del tiempo se convierte en un metiche profesional’. No hay que permitir que los especialistas tomen la rienda de la sociedad. Todas las personas tienen el derecho de opinar sobre lo que deseen. Y si lo hace con autoridad y conocimiento, mejor. Ante la especialización y el predominio de la era de los expertos, el escritor todavía representa a un ser mundano más que a un académico. No creo en el escritor como líder de opinión, por el contrario cada vez son menos aquellos que marcan camino. No son los tiempos de Paz, Fuentes, Monsiváis y Ricardo Garibay, cuando eran escuchados y leídos. Hoy, el mercado nos entrega escritores enlatados o productos literarios y nos somete a una práctica de compraventa. La voz del escritor es singular y puede matizar la opinión del especialista.

Una de sus críticas más certeras es a los hombres que tienen convicciones firmes.

Un hombre de convicciones firmes es ridículo. Las convicciones son importantes porque uno debe construir una moral para sobrevivir, pero si eres inteligente siempre deberías someterlas al fuego, saber escuchar y estar preparado para que el otro tenga razón. Ese tipo de relativismo es la que me interesa.

Precisamente de esto carecen los políticos…

Les haces un gran favor al decir que tienen convicciones. Lo que no cambia en ellos es su ambición, su vocación por la corrupción y desinterés por bien social; el culto a su personalidad y la práctica de una retórica plagada de promesas y carente de fundamentos, actos y convicciones. En sociedades tan injustas como la nuestra un político tendría que ser un filántropo. Hoy la palabra del político está disminuida.

Escribe además que ‘En México la crítica profunda está exiliada’.

Sí, incluso cito a Octavio Paz cuando afirmaba que en México había faltado un siglo XVIII, es decir un siglo crítico. La literatura mexicana, con excepciones, carece de un sentido crítico que incite a la rebeldía y ponga en entredicho a las instituciones; que forje caminos conceptuales para caminar a un bienestar público.

Al hablar de la función de la literatura recupera a Iris Murdoch y la importancia que daba a la imaginación.

La imaginación y la sospecha de mundos alternativos hacen que nuestro horizonte crezca. La imaginación es el reconocimiento de la diferencia, nos hace más humanos. No hay comunidad sin individuos; y el individuo es aquel que piensa por sí mismo. No un ser amansado, ni un zombi de las comunicaciones. Un individuo se forja a partir de las preguntas que se hace sobre su existencia y entorno. Una suma de este tipo de individuos haría comunidad, de lo contrario sólo tenemos una reunión de seres, rebaños o piaras. Por lo tanto hago énfasis, sin demasiada convicción, en que es importante para un individuo forjarse a sí mismo a través de la crítica, la observación, la reflexión y el conocimiento del otro. Por eso me remonto a Pico della Mirandola, quien pensaba en el ser humano como alguien que se autoedificaba y esculpía. Quizá poseo una visión demasiado idealista, pero sí creo que sin individuos que ejerzan la crítica no hay comunidad.

El coreano Byung-Chul Han plantea que estamos homologados, leemos los mismos libros, vemos las mismas series o películas, y que eso anestesia la conciencia crítica.

Estoy de acuerdo en que siempre formamos parte de un redil que consume los mismos objetos. Sin embargo, la hermenéutica nos dice que cada quien desde su singularidad, puede comprender de una forma inédita una obra que otros leen de otra manera. Es posible salvarnos del mundo homologado a partir de un mundo personal. No todos vemos la misma película aunque estemos sentados en la misma sala. Ahí es donde el individuo todavía tiene sentido, incluso en un mundo amansado como diría Peter Sloterjdik en Normas para un parque humano.

A partir de la reacción ciudadana tras los sismos de septiembre, ¿ve un atisbo de optimismo?

Toda catástrofe nos enseña algo. Es una opinión trillada, pero así es. Esta ciudad es una malformación de la imaginación, una ciudad carente de parques, ríos, con tráfico inimaginable. Dice Morris Berman: ‘Si estás en el tráfico, tú eres el tráfico’. A ciudades cuya aglomeración obscena les impide el libre movimiento, les corresponden grandes tragedias. Sin embargo, volvimos a ser testigo de cómo las personas y los jóvenes en su mayoría, demostraron solidaridad y preocupación por el otro. Era una metáfora de la convivencia y deseo de tener un país y sociedad. Creo que es una buena señal, generosa y aplaudible. ¿Pero es posible partir de ahí para hacer la crítica de las instituciones y rebelarnos a gobiernos inútiles e incapaces de proveer seguridad en todos los aspectos? Yo creo que no. Soy pesimista aunque advertí señales generosas de humanidad.

Que para un humanista desencantado como usted, es bastante…

Es demasiado, es posible que ya esté chocheando.

Quizá la cita que mejor condensa el sentido de su libro es la de Guy Davenport. ‘Rescaten sus vidas, son suyas’.

Davenport es un hombre extremadamente crítico. Su llamada a rescatar la vida del individuo tiene lugar cuando parece que la democracia se ha o ha fallado sustancialmente. Rescata tu vida porque te pertenece y vale la pena vivirla, siempre que se ejerza el pensamiento. En mi caso no, soy muy cioranesco y creo que haber nacido ha sido un inconveniente, algo que pudo detenerse.

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