‘El gobierno estadounidense condiciona la interacción centroamericana’: director de El Faro
El medio digital salvadoreño recopila algunos de sus textos más representativos en ‘Crónicas desde la región más violenta’.
(Debate).

Por Héctor González

¿Cómo fue que Honduras se convirtió en territorio propio de las películas de John Wayne? ¿Qué clase de refugio migrante es el albergue de Tenosique, Tabasco? Según cifras del Instituto Nacional de Migración 460 mil centroamericanos han ingresado a territorio mexicano con miras a llegar a Estados Unidos o a quedarse en nuestro país. Según el organismo poco más de 99 mil se registraron ante el gobierno mexicano y poco más de 71 mil fueron deportados a su país de origen.

Las cifras por sí mismas son alarmantes, pero dicen poco de las causas del fenómeno. A cada uno de quienes alimentan la estadística corresponde una historia. Desde 2011, Sala Negra, el área de investigación sobre la violencia de El Faro se ha convertido en un proyecto que busca arrojar algo de luz por medio del rigor periodístico, acerca de una problemática que no parece tener fin.

A contracorriente de lo que mandan “las reglas” de los medios digitales, el diario salvadoreño dirigido por José Luis Sanz, publica crónicas y reportajes de largo aliento que no escatiman el espacio siempre que se justifique el contenido. Una muestra del músculo de su propuesta se recoge en Crónicas desde la región más violenta (Debate).

Con el fin de abonar a la comprensión de la violencia en Centroamérica, las historias se insertan dentro de una realidad muy compleja; una realidad que incluso alcanzan al barrio neoyorquino de Long Island, donde la Mara Salvatrucha replica los mecanismos de reclutamiento utilizados en Los Ángeles. “Aspiramos a que cada texto refleje verdades ocultas no sólo en los hechos, sino en los fenómenos que explican la violencia, en el entendido de que es algo ligado a la migración y a la desigualdad”, explica en entrevista José Luis Sanz.

Zona erosionada

La historia de Sabine Moreno es parecida a la de muchas de las familias salvadoreñas que tuvieron que dejar su barrio, ciudad y país, a causa de La Mara o de la pandilla Barrio 18. Su testimonio, contado por Daniel Valencia Caravantes hace eco en México, Guatemala u Honduras. “Al final estos episodios son expresiones de la cultura en la que crecemos, una cultura que anida violencia y por lo mismo la promueve”, precisa el director de El Faro.

Las crónicas muestran de primera mano la naturalidad con que Centroamérica convive con el despojo, la muerte y el éxodo humano. Sugiere que más allá de iniciativas regionales, lo conveniente es ir al origen de las crisis locales. “La migración no se detiene, es un fenómeno que se transforma, evoluciona y tiene diferentes componentes; es sangre que nutre la relación geográfica, cultural y económica, entre nuestros países”.

Sanz cuestiona las propuestas provenientes de la Casa Blanca y que ponderan recrudecer la vigilancia en las fronteras de Guatemala y México.  Sostiene que el trasfondo de este tipo de iniciativas es “establecer sistemas de selección de quien es bienvenido y quien no”.

Por desgracia añade, no existen las condiciones para pensar en un acuerdo regional. Las crisis en Guatemala, Nicaragua, Honduras y El Salvador, erosionan cualquier posibilidad de un proyecto a largo plazo y más aún de construir un espacio común. “Por ahora ni siquiera los acuerdos mínimos son posibles. El nivel de tolerancia de Centroamérica frente a la represión nicaragüense está siendo absoluto. Faltan pronunciamientos clave ante situaciones puntuales de Guatemala u Honduras”.

Ante la realidad de la región, México ha preferido dar la espalda, apunta el periodista y precisa que su diálogo está determinado por la coyuntura y la agenda que impone el gobierno de Donald Trump. Si bien reconoce el gobierno de Andrés Manuel López Obrador generó la expectativa de alcanzar otro tipo de acuerdos, lo cierto es que hasta ahora no ha sido así. “Me parece increíble que la administración estadounidense condicione interrelación entre nuestros países. Guatemala y si giro en términos de política migratoria es el ejemplo más reciente”.

Periodismo de largo aliento

Apenas este año, El Faro cumplió 21 años de vida. Su ejemplo invita a repensar la convivencia del periodismo serio y profundo con un modelo económico sostenible. Su titular, considera que hay una trampa detrás de la idea de que el contexto y el mercado imponen un tipo de periodismo. “Creo que esto esconde una renuncia a un esfuerzo intelectual comprometido”.

Gracias a apoyos de instancias internacionales, la impartición de cursos y el financiamiento de los lectores el medio ha conseguido mantenerse. Conscientes de que sus proyectos implican un esfuerzo económico importante, aseguran que el buen periodismo, aquel que investiga y promueve una calidad narrativa tarde o temprano se consolida. “No le veo sentido a tener una empresa de comunicaciones exitosa con pésimo periodismo. Gracias a nuestros libros damos más proyección y vida a un trabajo que parte de una idea: la gente merece saber lo que pasa y requiere de periodistas que les traduzcan la realidad”.

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