opinión*
Universitarios frente al cambio (Artículo)
por Redacción AN
(Foto: Archivo Cuartoscuro)

Julio Moguel

I
La recepción que los estudiantes del Instituto Tecnológico de Monterrey obsequiaron a Andrés Manuel López Obrador (AMLO), el pasado 27 de abril, fue más cálida y receptiva de lo que algunos analistas o políticos esperaban: los alumnos de una institución educativa privada, de reconocida trayectoria y con presencia directa en varias entidades del país (con sus siete u ocho campus en otros tantos estados), se entregaron a quien, pudiera decirse, es el menos “educado” y el que menor trayectoria académica tiene de los candidatos a la Presidencia, sin doctorados ni estudios en el extranjero que pudieran mostrar públicamente su “certificación profesional”.

Esas simpatías en torno a la figura del candidato presidencial de la coalición Juntos haremos historia entre los estudiantes universitarios pareciera ser significativamente sólida y extensa en el país. Una encuesta abierta y a la vista de todos, llevada a cabo durante todo un día (el pasado 2 de mayo; ver: https://youtu.be/5tsx-iMseCo) en la entrada principal de uno de los campus más concurridos de la Universidad Autónoma de Guerrero, en Chilpancingo, por el mecanismo simple de colocar durante toda la jornada unos papelógrafos cuadriculados por candidato en los que, quien quisiera del sector estudiantil, pudiera marcar con una simple cruz cuál era la opción de su preferencia, dio también resultados sorprendentes: de 381 opiniones emitidas, 351 fueron para AMLO, lo que representó el 92.3 por ciento de las crucecitas estampadas, con el añadido de que las opiniones de abstención (16) fueron más que la suma del registro en favor de los otros candidatos (5 para Anaya, 3 para Meade, 3 para Margarita Zavala, 3 para el Bronco).

II

Monterrey y Chilpancingo: espacios que difícilmente pudieran tocarse o asimilarse en cualquier imaginario de remodelación geográfica de México (una de las urbes con más alto Índice de Desarrollo Humano (IDH), frente a otra con el IDH más bajo del país). El Instituto Tecnológico de Monterrey: una institución de “gente bien” y con recursos, de clase media y alta y con aspiraciones viables de ascenso –o permanencia– en la escala social preestablecida por la asimétrica estructura de “la economía nacional”, frente a la Universidad Autónoma de Guerrero: una institución académica pública y gratuita en la que los jóvenes pobres y de clase media baja de la entidad y del Sur aún tienen posibilidades de tomar un barco hacia el futuro, sin temor al naufragio previsible en el mapa de ruta que les toca por desgracia a otros miles de jóvenes de México.

Ambas geografías y ambas realidades, tan disímbolas, se tocan ahora en el punto preciso de un anhelo: el de que cambien las cosas en el país; el de que la clase política tradicional se haga a un lado para dar nuevas –y acaso inesperadas, sorpresivas– posibilidades de presencia y de participación de los jóvenes en la vida social y cultural, en la vida política y económica de México.

III

El eje más o menos obvio de tales convergencias pudiera reducirse a una sola fórmula, expresada recientemente, con significativa sencillez, por el conocido personaje de origen español, Antonio Solá: “AMLO ganará porque capitaliza la ira social”. Agregaríamos aquí que, para los efectos o manifestaciones que hemos revisado en los casos de Chilpancingo y Monterrey, se trata de una ira contenida, en una especie de espera gandhiana que –todo parece indicar– se expresará con la energía suficiente el próximo 1 de julio.

Digámoslo de otra forma: no estamos frente al caso memorable del día en que, hace seis años, Enrique Peña Nieto tuvo que huir de la ira desbocada de los estudiantes de la Universidad Iberoamericana, cuando nació el Movimiento #Yo soy 132, sino ante una forma de protesta o de resistencia política más matizada y menos estridente que, acaso más generalizada que la de aquel entonces, dejará una marca fuerte y quizás definitiva en los resultados duros del actual proceso electoral.

Redacción AN

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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