Naturaleza AristeguiNaturaleza Aristegui

Emilio Rosenblueth, el ingeniero que predijo que los sismos en CDMX serían más destructivos

El matemático Carlos A. Coello Coello prepara un homenaje al autor de ‘Regla de Rosenblueth’. La cita es el miércoles 8 de abril, a las 18 horas, en El Colegio Nacional.

  • Redacción AN / MDS
05 Apr, 2026 01:28
Emilio Rosenblueth, el ingeniero que predijo que los sismos en CDMX serían más destructivos
Foto: El Colegio Nacional

Por Andrea Martínez / El Colegio Nacional*

El ingeniero mexicano Emilio Rosenblueth Deutsch advirtió, en 1985, que los sismos podrían ser cada vez más destructivos; además, señaló que, sobre todo en la Ciudad de México, existían variables que requerían un análisis más complejo: antiguos canales, calzadas y pesadas construcciones precolombinas.

En una entrevista con Enrique Krauze afirmó: “Una gran duración del movimiento, sobre todo en la zona blanda, trae consigo una mayor vulnerabilidad de ciertos elementos estructurales y tipos de estructura”. El sismo del 19 de septiembre de 2017 le dio la razón.

Rosenblueth Deutsch sabía de lo que hablaba. Para 1985, el ingeniero ya había propuesto normas de seguridad para la construcción, el uso de cascarones cilíndricos para transmitir la carga de los edificios al suelo, así como pilotes de sección variable para mejorar la cimentación en suelos altamente compresibles, como los de la Ciudad de México.

Además, a principios de la década de 1970 desarrolló la “distribución de Rosenblueth”, un instrumento que permite crear modelos matemáticos para agrupar y analizar la interacción de variables como la intensidad de un sismo, la fragilidad del suelo o el peso de la estructura. Al comprender la relación entre estos factores, los ingenieros pueden estimar la probabilidad de un siniestro y tomar decisiones más seguras, incluso cuando deben trabajar con información incompleta o incierta.

También, en 1975 perfeccionó el Método de Estimación por Puntos, conocido mundialmente como la “Regla de Rosenblueth”. Esta técnica se convirtió en un estándar internacional para evaluar la incertidumbre en ingeniería, especialmente cuando los datos de entrada —como la intensidad de un sismo— son aleatorios.

Gracias a este método, es posible calcular con mayor precisión el nivel de seguridad de una construcción, asumiendo que la naturaleza es impredecible. Aunque la regla se formalizó a mediados de la década de 1970, su origen se remonta a la visión que Rosenblueth planteó en su tesis doctoral en la Universidad de Illinois.

Asimismo, hace 50 años publicó el libro Fundamentos de ingeniería sísmica (1976), en coautoría con Nathan M. Newmark.

Derivado de sus investigaciones, recibió múltiples reconocimientos, entre ellos el Premio de Ciencias de la Academia de la Investigación Científica (1963) y, un año después, el nombramiento como profesor honoris causa por la Universidad Nacional de Ingeniería de Lima, Perú. Diez años más tarde obtuvo el Premio Luis Elizondo 1973, del Instituto Tecnológico de Monterrey, y al año siguiente, el Premio Nacional de Ciencias y Artes en el área de Físico-Matemáticas.

Posteriormente, recibió el Premio Universidad Nacional 1986 en el área de Investigación en Ciencias Exactas, así como el Premio Newmark 1987 de la Sociedad Americana de Ingenieros Civiles. En 1985 fue galardonado con el Premio Príncipe de Asturias —hoy Princesa de Asturias— y, finalmente, con el Premio Nacional de Ingeniería 1992.

El 20 de julio de 1972 ingresó a El Colegio Nacional. El 2 de octubre de ese año impartió su conferencia inaugural: “La ética en el contexto de la teoría de decisiones y de la ingeniería”.

Mudar la Ciudad de México

En aquella entrevista, Rosenblueth Deutsch sugirió que el sismo de 1985 abría la posibilidad de trasladar la capital del país a otro estado. La razón, explicó, era económica: “Es más caro reconstruir aquí que construir fuera. Lo es a corto, mediano y largo plazo. Reconstruir un edificio gubernamental implica mayores costos de cimentación y de superestructura, tanto por la deformabilidad de la arcilla como por la necesidad de resistir temblores muy intensos y prolongados”.

Foto: El Colegio Nacional

También advirtió sobre la escasez de recursos como concreto, arena y grava, así como el encarecimiento del agua, cuyo costo —señaló— podría incrementarse significativamente debido a la necesidad de rehabilitar y mantener la red de abastecimiento.

Krauze planteó la posibilidad de que la corrupción hubiera sido otro factor en la tragedia de 1985, dado que muchos de los edificios dañados eran gubernamentales. Rosenblueth Deutsch rechazó esa conclusión. Explicó que, tras el sismo, brigadas del Instituto de Ingeniería, con apoyo de voluntarios, realizaron un levantamiento detallado de los daños y sus correlaciones con las características estructurales de los edificios.

Añadió que esta información se complementó con datos de las constructoras del Metro y de la Comisión Federal de Electricidad: “Existe un panorama claro y razonablemente completo de la distribución de daños. Si bien fue alto el porcentaje de edificios gubernamentales afectados, ello no permite concluir que hubo corrupción. Muchos eran inmuebles rentados o adquiridos a particulares”.

Asimismo, identificó tres factores que explican su vulnerabilidad: la ubicación en zonas de mayor daño, el tipo de edificaciones —generalmente entre 7 y 15 niveles, el rango más susceptible— y las cargas elevadas por archivos, que incrementan los esfuerzos estructurales.

Rosenblueth Deutsch también recordó que países como China y Japón realizaron intentos de predicción sísmica con resultados discutibles. No obstante, mencionó que algunos estudios sugieren que los animales pueden percibir señales previas, como microsismos o ruidos subterráneos, imperceptibles para los humanos.

A partir de informes previos al sismo de Haicheng (China, 1975), señaló indicios de este fenómeno: “Los patos volaron más lejos”, “unos puercos tiraron su abrevadero”.

Más adelante reflexionó que, aunque los sismos no pueden evitarse, algunas actividades humanas pueden inducirlos, como el llenado de presas o la inyección de desechos en el subsuelo.

Sin embargo, subrayó que sí está en manos del ser humano reducir sus efectos mediante estructuras mejor diseñadas y construidas, así como a través de la prevención. “Es mucho lo que puede hacerse en materia de organización y planeación para mitigar los efectos de un macrosismo y restablecer la normalidad”, afirmó.

Foto: Archivo Pixabay

Finalmente, explicó que previo al sismo de 1985 un grupo de ingenieros de la Universidad Nacional Autónoma de México, con apoyo de especialistas de otras disciplinas, desarrolló planes de prevención aplicables a eventos catastróficos. Estos trabajos derivaron, con el respaldo del entonces Departamento del Distrito Federal, en el diseño del Sistema de Protección y Restablecimiento (SIPROR).

No obstante, concluyó, el sismo del 19 de septiembre de 1985 ocurrió antes de que dicho sistema pudiera ser plenamente adoptado por las autoridades.

Homenaje en su centenario

A cien años del natalicio de Rosenblueth Deutsch, también cofundador del Instituto de Ingeniería de la UNAM, e investigador de la misma Universidad y del Sistema Nacional de Investigadores del ahora Conahcyt, el computólogo y colegiado Carlos A. Coello Coello convoca a especialistas para hablar sobre su legado.

El homenaje, en el que participan los ingenieros Luis Agustín Álvarez-Icaza, Antonio Alonso Concheiro y Francisco José Sánchez Sesma, así como el médico y colegiado Adolfo Martínez Palomo, se realizará el miércoles 8 de abril, a las 18 h, en El Colegio Nacional (Donceles 104, Centro Histórico, CDMX). 

 

____

* El Colegio Nacional, institución histórica dedicada a la divulgación de la cultura científica, artística y humanística, y Aristegui Noticias, medio de comunicación independiente y multiplataforma, colaboran para promover y difundir el quehacer intelectual de las y los colegiados, con el fin de acercarlo a nuevas audiencias.