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“Tengo casi setenta años y cuando veo un juego futbol me convierto en un niño de cinco”: Juan Villoro

En entrevista, el cronista habla de su nuevo libro 'Los héroes numerados', al mismo tiempo que analiza el momento que atraviesa, a unas semanas del Mundial, la relación entre la selección mexicana y la afición.

  • Redacción AN / HG
05 Apr, 2026 07:03
“Tengo casi setenta años y cuando veo un juego futbol me convierto en un niño de cinco”: Juan Villoro

Por Héctor González

“Me sorprende que a mis casi setenta años me sigo deprimiendo con un gol de último minuto contra mi equipo y me sigo entusiasmando con un gol inesperado en favor de mi equipo”, reconoce Juan Villoro (Ciudad de México, 1956).

En un año mundialista, no es extraño que el cronista publique un nuevo libro dedicado al futbol. Los héroes numerados (Seix Barral) confirma su estrecha relación con este deporte, relación que se subraya con la reedición de otro par de títulos –Dios es redondo y Balón dividido-, publicados por el mismo sello.

Hábil en el manejo del lenguaje, Villoro asume que su lugar dentro de la cancha de la crónica deportiva es el de un seis, “me dedico a rescatar historias ajenas y a circularlas a otras personas”, dice, quien dicho sea paso no avizora grandes cosas para la selección mexicana en el campeonato mundial.

Ya ha quedado superado el prejuicio que separaba a los intelectuales de temas como el futbol, ¿no?

Quizá el diez por ciento de lo que he escrito ha sido sobre este tema y para mí sorpresa le interesa a algunas personas. En México hay muchos escritores que incursionan en el futbol. De haber sido un tabú por ser visto como algo del populacho que no debía ser abordado por los poetas sublimes e intelectuales profundos, se convirtió en un tema muy socorrido. Hoy hay también exfutbolistas que escriben muy bien como Jorge Valdano, Roberto Gómez Junco, Miguel Pardeza, Félix Fernández, entre muchos otros.

Precisamente, le dedicas el libro a Roberto Gómez Junco…

Roberto Gómez Junco representa muchas cosas positivas en un ambiente que tiene mucho de negativo. Fue un futbolista importante en Chivas, Atlético Español y Toluca, fue seleccionado nacional, pero se ha significado sobre todo por ser un comentarista independiente que no se deja influir por televisoras o equipos. Por otra parte, es un buen escritor, tiene un ingenio especial que cristaliza en las calaveras que escribe el 2 de noviembre, es un gran columnista; tiene lecturas y ha publicado novelas y libros de poemas. Hemos establecido una gran amistad y esa dedicatoria es muestra del afecto y admiración que le tengo.

¿Qué tipo de libertades y juegos te permites cuando escribes de futbol y no cuando creas novelas o ensayos?

Me emociono mucho con el futbol. Me sorprende que a mis casi setenta años me sigo deprimiendo con un gol de último minuto contra mi equipo y me sigo entusiasmando con un gol inesperado en favor de mi equipo. Seguramente al escribir del juego transmito estas pasiones primarias. Me interesa mucho conocer a la gente a través de sus aficiones y eso se expresa también en la literatura. Ernest Hemingway era un gran aficionado a la pesca y escribió algunos cuentos, además de su novela corta El viejo y el mar, relacionados con esa gran pasión. Entendió que su afición era una especie de sistema del mundo que le permitía entender a las personas. Lo mismo sucede con el jazz y Julio Cortázar, o Haruki Murakami y las carreras de larga distancia. Las pasiones revelan mucho de la gente, tanto de tus personajes como de ti mismo. En el futbol doy rienda suelta a mis pasiones ocultas. Las aficiones son una forma de la indiscreción Interior.

Hace poco comentaste que se estaba resquebrajando el romance entre la afición y la selección mexicana. ¿En qué momento se encuentra esa relación?

La reinauguración del Estadio Azteca también reinauguró el pacto social entre la selección y su público. Durante mucho tiempo el público mexicano ha sido resignado, abnegado y entusiasta. En diferentes ocasiones he dicho que existiera un mundial de aficiones podríamos llegar a la final por el esfuerzo que hemos hecho en las tribunas, que ha sido muy superior al de los jugadores. Pero hoy en día, la acumulación de agravios que ha recibido el aficionado empieza a transformar la fiesta en abucheo, lo que no significa que deje de ser una fiesta. Por el momento tampoco indica que se haya roto totalmente el romance. La gente sigue llenando el estadio, grita “México” y paga cantidades fuertes, es decir, manifiesta pasión y esperanza. Al mismo tiempo, al no ver un buen resultado en el campo y sentir la pulsión acumulada de tantas cosas que ha recibido en contra, se manifiesta con abucheos y una ceremonia celebratoria se transforma en linchamiento. Sin romperse, el romance está en la fase de muchas parejas que ya no se aguantan, pero tampoco se pueden separar.

Varios analistas han culpado al aficionado de esto…

Hay muchos factores que han jugado en contra del aficionado: el hecho de que tengamos transmisiones de partidos en donde la imagen se interrumpe para un comercial; las casas de apuestas influyen en la vida de los aficionados y de los propios jugadores, hay gente que ha perdido su dinero con las casas de apuestas que al mismo tiempo son patrocinadoras de la liga. Los precios del Mundial son para personas que pertenecen al club Epstein, al crimen organizado y para los jeques de Arabia Saudita. Además, tenemos las decepciones acumuladas que ha dejado la selección; hoy en día no hay mucho material humano, entre otras cosas porque tenemos una liga en donde los equipos pueden jugar con siete extranjeros en campo y dos en la banca. Todo esto ha influido.

¿Ves igual el futbol ahora que cuando eras más joven?

Desde el punto de vista del aficionado sí. Me sigue sorprendiendo mi capacidad para dejarme afectar por los partidos. No veo los partidos donde juega el odioso Real Madrid porque es muy posible que gane y no lo soporto. Tengo casi setenta años y cuando veo un juego futbol me convierto en un niño de cinco.

El último texto del libro es un testimonio de tu vida sentimental…

Sí, el futbol tiene cosas muy positivas y la más transformadora de los últimos años es el futbol de mujeres, que es más honesto, sin trampa, se finge poco, hay menos berrinches, y no hay tantos intereses económicos. He tenido la suerte durante los últimos casi diez años, de tener una pareja que también es futbolista y aquí hablo en clave personal de lo que significó para mí que Sofía me diera un aventón del Centro de la Ciudad de México al sur donde ambos vivíamos. No la conocía de nada y me encontré con un balón en el asiento del copiloto. Le pregunté de quien era y sorprendentemente me dijo que era de ella, desde entonces hasta la fecha no hemos parado de hablar de futbol.

¿Por qué reciclaste el texto ‘Los once de la tribu’?

Ese para mí es un texto emblema y yo mismo me hice esa pregunta. Fue el primer texto que escribí para tratar de dejar constancia de lo que significaba el futbol. Iba en camino al Mundial de Italia, el primero que tuve oportunidad de cubrir, de manera muy parcial porque no tenía acreditación. Me dieron boletos para dos sedes, tenía un amigo en Roma que me dio hospedaje. Fui en condiciones medio precarias. Escribía mis artículos en una máquina Olivetti portátil y los mandaba por télex. Antes de llegar ahí, me pidieron en el suplemento cultural del periódico El Nacional, un balance de lo que significaba el futbol y la afición por el juego. Ahí traté de hacer mi credo. Más tarde, el texto se publicó en un libro llamado Los once de la tribu, y releyéndolo sentí que debía ser actualizado porque si bien de 1990 hasta ahora han cambiado muchas cosas, mi pasión sigue igual. Me parecía necesario hacerle alguna modificación que sirviera de introducción para el resto de los textos incluidos en Los héroes numerados.

¿No te costó trabajo encontrar el tono de entonces?

Antes era más exagerado y tenía una gran pasión por las metáforas locas. Era como el futbolista que siempre hace un recorte de más. Tenía el gusto del lucimiento que tiene todo escritor. Ahora, he intentado distanciarme de eso y ceñirme al testimonio que puedo rendir de los demás. En la crónica que hago del partido más loco del Estadio Azteca que fue interrumpido por paracaidistas y terminó en una bronca monumental, entrevisto a uno de los paracaidistas, Miguel Nieto, y a uno de los jugadores, que es Roberto Gómez Junco. Intento lo mismo en el perfil de Marion Reimers. Sin embargo, cuando escribo las estampas de los jugadores me dejo llevar por mis pasiones.

¿Cómo escritor con qué tipo de jugador te identificas?

Con un seis, que es un recuperador de balones. Creo que me dedico a rescatar historias ajenas y a circularlas a otras personas, esa es mi función en la crónica futbolista.

¿Algún jugador en mente?

Guardiola, era un cuatro nominalmente, pero jugaba de seis.

Mejor entrenador que jugador…

Cuando Guardiola era jugador, Valdano que siempre ha tenido intuiciones formidables dijo “Guardiola es un entrenador con el balón en los pies”, porque tenía un sentido táctico impresionante. Fue campeón de la Champions y Olímpico, que no es poca cosa. Pero es verdad, que como entrenador ha sido la mayor fuerza cultural que ha tenido el futbol dentro de la cancha. Le dedico todo un episodio en Balón dividido, mi pasión por él es enorme, aunque reconozco que a veces se equivoca. Incluso los genios pueden fallar.

¿Qué esperas de la selección mexicana en el Mundial?

La selección ha sido bien conjuntada por Javier Aguirre, es un equipo esforzado. Trata de no cometer errores en la parte baja y es poco propositivo tácticamente. No hay material humano para otra cosa. Con lo que existe tendrá un rendimiento que no será notable. Lo que puede cambiar las cosas, es que nos toque una Sudáfrica inspirada y perdamos el primer partido entonces sí habrá una crítica radical. Ahora estamos en ese punto, en que dentro de los romances, tu pareja te dice no lo vuelvas a hacer, y lo vuelves a hacer y no te queda más que pagar las consecuencias.

¿Cuáles son tus favoritos para el Mundial?

La mejor selección es Francia, segundo lugar España, tercero Argentina y cuarto, Brasil, con grandes individualidades y un gran entrenador, pero no sabemos si se conjugan. Pero recordemos que los pronósticos están hechos para ser derrotados.

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