opinión*
De muros y otras afrentas contra México (Artículo)
por Julio Moguel
Omar Martínez / Cuartoscuro / Archivo

Julio Moguel

I

La distancia señera que el presidente de México ha mantenido frente a los renovados embates de Donald Trump en torno a la construcción del muro fronterizo, más la definida posición no intervencionista de México frente a los desplantes guerreros de Estados Unidos y aliados contra Venezuela, pudieran ser, entre otros factores, las razones del tono y contenidos del más reciente mensaje del jefe de la Oficina Oval en su cuenta de Twitter (31 de enero): “Lamentablemente, los casos de homicidio en México aumentaron 33% en 2018, en comparación de 2017, y alcanzaron los 33,341. Esto es un gran contribuyente a la crisis humanitaria que tiene lugar en la frontera sur y se extiende a través de nuestro país. Aun peor que Afganistán. Mucho es causado por las drogas […]”.

Interesa constatar, en el contenido del mensaje, no sólo la estricta “precisión” de las cifras señaladas (lo dicho por Trump en su cuenta de Twitter suelen ser latigazos genéricos y fatuos), sino el lance de la transfiguración simbólica de un México que, en este punto preciso del embiste, es equiparado sin reserva con Afganistán, cuestión que a cualquiera de nosotros (los mexicanos de a pie, comunes y corrientes) nos tendría sin cuidado, si no fuera porque en el imaginario del Imperio este último es considerado como un país de tragedias y de guerra.

No se requiere demasiada inteligencia para entender la ecuación que el twittero magnate nos plantea. Haciendo, con estas líneas, lo que seguramente tenía ganas de hacer desde hace tiempo, a saber: marcar sus clara desconfianza y diferencias con un gobierno que, a sólo dos meses y días de haber empezado sus labores formales, parece estar hablando en serio cuando habla de la Cuarta Transformación de México.

II

La mencionada desconfianza de Trump frente a AMLO y a su gobierno tienen un antecedente que conviene mencionar. El 23 de marzo de 2018, a sólo tres meses y días de que se llevara a cabo la elección presidencial que dio el triunfo a López Obrador, el grupo financiero Goldman Sachs presentaba a la opinión pública mundial un documento titulado “Mexico: Facing 100 Days of Uncertainty and Potential Drama” (“México enfrentará 100 días de incertidumbre y un drama potencial”). El porqué de la presentación de un texto como éste por una “calificadora” estadounidense, en tal tiempo y condiciones, partía de la constatación simple, establecida en esos días por prácticamente todas las encuestas, de que el candidato de Morena ganaría sin mayores tumbos la elección.

A nadie puede escapar aquí la estricta concordancia del juicio lapidario de Goldman Sachs en marzo de 2018 (grupo financiero que presume de una asepsia técnica ejemplar en sus análisis) con el mencionado twitteo de Trump: el presidente estadounidense advierte –como lo hicieron los directivos de Sachs– que México enfrenta condiciones de incertidumbre y de un “drama potencial”, reflejado en un incremento catastrófico de homicidios que, como índice de un mal mucho mayor, “se extiende a través (sic]” de los Estados Unidos.

El Gran Muro que habrá que construir en la frontera es entonces, para el buen entendedor, necesario, en el (¿nuevo?) concepto de Trump, no para impedir que las recurrentes caravanas de centroamericanos –y de algunos contingentes de migrantes mexicanos– crucen ilegalmente la frontera, sino para establecer una sana y consistente barrera que libre a los estadounidenses de todos los males que emergen de nuestro (ya actual) “drama” nacional.

III

Como es nota conocida, el 29 de enero Fitch Ratings bajó dos puntos en la calificación de la deuda emitida por Petróleos Mexicanos, con el argumento de que las medidas adoptadas por el nuevo gobierno “no son suficientes para contrarrestar el deterioro” financiero de la empresa. Dicha penalización eleva el costo de financiamiento para Pemex, lo que somete a su economía, tanto como al proceso planeado para su reestructuración, en una situación significativamente difícil.

La asepsia técnica con la que presuntamente se llegó a ese resultado descalificador fue cuestionada inmediatamente por AMLO, acusando a la referida firma financiera de “hipócrita” y, en los implícitos o presupuestos de la crítica, de ser cómplices del saqueo brutal que las administraciones gubernamentales pasadas impusieron impunemente a la empresa paraestatal (y con ello al país).

Fue la misma Fitch Ratings la que mostró el cobre a través de una posterior declaración del director de la firma: el “castigo” implicado en la baja de dos puntos en la calificación de la deuda de la paraestatal no tenía que ver con “los cambios introducidos por la nueva administración en [su] gestión”, sino con el hecho de que el gobierno mexicano estuviera “extrayendo demasiado dinero de Pemex durante muchos años, generando deuda [y] no invirtiendo en la compañía”.

A diferencia de Fitch, con más cordura y sin demasiada rudeza, el 30 de enero la agencia calificadora de crédito Moody’s otorgó al gobierno mexicano, con respecto a la misma materia, “el beneficio de la duda”. Con la siguiente redonda consideración: “[…] porque este gobierno viene con un mandato muy fuerte en reducción de gastos, en costos y eso es justo lo que necesita la empresa […]”. Pero dicho “beneficio de la duda” tendrá sólo “seis meses de validez”.

Con guante blanco sin duda, a diferencia de Fitch, pero Moody’s mide y medirá después de esos meses “la solvencia” del gobierno de AMLO con idéntica vara: la que se tasa en términos de “liquidez” inmediata (Fitch argumentó, entre otras cosas, un deterioro en los flujos de efectivo) en el manejo de pago (de la abultada deuda petrolera, en primerísima instancia, de 106 mil millones de dólares, de los cuales 9 mil 500 tienen vencimiento de corto plazo), oponiéndose o confrontando en los hechos todo aquello que tiende o tienda a la transformación efectiva y profunda de la empresa paraestatal.

Trump, Goldman Sachs, Fitch o Moody’s confrontarán y “calificarán”, en consecuencia, todo lo que tienda a ubicarse en el plano ya perfilado de los cambios profundos que promete la Cuarta Transformación.

Julio Moguel

Economista de la UNAM, con estudios de doctorado en Toulouse, Francia. Colaboró, durante más de 15 años, como articulista y como coordinador de un suplemento especializado sobre el campo, en La Jornada. Fue profesor de economía y de sociología en la UNAM de 1972 a 1997. Traductor del francés y del inglés, destaca su versión de El cementerio marino de Paul Valéry (Juan Pablos Editor). Ha sido autor y coautor de varios libros de economía, sociología, historia y literatura, entre los que destacan, de la editorial Siglo XXI, Historia de la Cuestión Agraria Mexicana (tomos VII, VIII y IX) y Los nuevos sujetos sociales del desarrollo rural; Chiapas: la guerra de los signos, de ediciones La Jornada; y, de Juan Pablos Editor, Juan Rulfo: otras miradas. Ha dirigido diversas revistas, entre ellas: Economía Informa, Rojo-amate y la Revista de la Universidad Autónoma de Guerrero.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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