EE.UU. pagó más de 50 mdd para comprar a generales venezolanos que traicionaron a Maduro: exanalista de la CIA
Ron Aledo, exanalista contratista senior de la CIA y la DIA, aseguró en 'Aristegui en Vivo' que Estados Unidos invirtió grandes sumas para obtener la cooperación de militares venezolanos durante la operación contra Maduro, mientras que los agentes cubanos permanecieron leales y protegieron al mandatario hasta el final.
- Redacción AN / MDS

Ron Aledo, exanalista contratista senior de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la Agencia de Inteligencia de la Defensa (DIA), así como exoficial de Operaciones del Estado Mayor Conjunto en el Pentágono, afirmó que la operación militar estadounidense en Venezuela que derivó en la captura de Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, fue preparada durante un periodo prolongado y ejecutada bajo un estricto esquema de secreto operativo.
Durante una entrevista con Aristegui en Vivo, señaló que, si bien el momento exacto de la intervención se mantuvo clasificado, el contexto general no resultó completamente inesperado para ciertos círculos de inteligencia.
Explicó que existía la expectativa de que la operación ocurriera después de la publicación de los documentos relacionados con el pederasta Jeffrey Epstein, para que el presidente Donald Trump desviara la atención mediática del caso.
Desde el punto de vista operativo, el exfuncionario estadounidense describió la acción como una intervención de alta complejidad ejecutada en dos planos. En el nivel táctico-operacional, sostuvo que Estados Unidos desplegó de manera integral sus capacidades militares y de inteligencia. Afirmó que la CIA habría trabajado durante meses o incluso años en la preparación del terreno, incluyendo la infiltración del entorno cercano al mandatario venezolano.
La agencia “estuvo ahí durante meses o posiblemente durante años preparando el terreno, comprando a generales venezolanos, comprando a personas allegadas en el círculo íntimo de Maduro”, dijo.
El exanalista detalló que la operación incluyó la neutralización de defensas aéreas y la facilitación del ingreso de helicópteros, lo que permitió una extracción rápida. El operativo se completó en cuestión de horas y tuvo como resultado la muerte de personal cubano que fungía como escolta del mandatario venezolano.
En el plano estratégico, Aledo atribuyó la decisión de Washington a una motivación geopolítica más amplia. Indicó que, a su juicio, el objetivo central de la administración Trump no se limitó a Venezuela, sino a la preservación del papel del dólar en el comercio energético global.
“La verdadera estrategia de Trump y el objetivo aquí me parece que era simplemente proteger el petrodólar”, afirmó, al considerar que los intentos de China y Rusia por impulsar otras monedas en las transacciones petroleras representan una amenaza directa al dominio económico estadounidense.
Cuba: la “guardia pretoriana” de Maduro
Sobre la participación cubana, explicó que la presencia de personal de inteligencia de la isla en Venezuela responde a una alianza consolidada desde la llegada de Hugo Chávez al poder. Recordó que Cuba aportó sus servicios de inteligencia a cambio de petróleo, energía y recursos financieros. Según indicó, esos agentes se convirtieron en la “guardia pretoriana” del liderazgo venezolano, primero de Chávez y posteriormente de Maduro, encargados de su protección más cercana.
El exanalista subrayó que los servicios de inteligencia cubanos poseen una larga trayectoria y un alto nivel de profesionalismo, lo que, a su juicio, los diferencia de sus contrapartes venezolanas. Señaló que, mientras los cubanos están fuertemente adoctrinados y son difíciles de reclutar por agencias extranjeras, los funcionarios venezolanos han sido históricamente más vulnerables a los sobornos. “Los generales venezolanos, los oficiales de inteligencia venezolanos, siempre han sido famosos por ser corrompibles”, afirmó.
En ese contexto, Aledo consideró que la lealtad de los agentes cubanos explica el número de bajas confirmadas por el gobierno de La Habana. Desde su perspectiva, ellos constituyeron la última línea de defensa del mandatario venezolano y permanecieron en su puesto “hasta la muerte”, a diferencia de sectores de las fuerzas armadas venezolanas que habrían colaborado con la operación estadounidense.
Sostuvo que la cooperación interna fue un elemento determinante para el éxito del operativo. Indicó que el incremento de la recompensa ofrecida por Estados Unidos por Maduro -hasta elevarla a 50 millones de dólares- fue una señal clara de la disposición de Washington a invertir recursos significativos para asegurar apoyos dentro del aparato estatal venezolano.
“Estoy seguro de que Estados Unidos ha gastado muchísimo más de 50 millones de dólares ya en pagas a estos generales venezolanos”, señaló. Esta colaboración previsiblemente incluyó la desactivación de las defensas aéreas, la emisión de órdenes para evitar enfrentamientos y el suministro de información en tiempo real sobre la ubicación del presidente venezolano.
“Y obviamente también, estoy seguro que la CIA muy probablemente tenía fuentes humanas dentro de la casa de Maduro, que les decían en tiempo real, con inteligencia real, en tiempo real, dónde estaba Maduro, quién estaba allí, dónde estaban las defensas, etc. O sea que hubo una completa cooperación desde dentro”, dijo.
Dos caminos para el futuro de Venezuela
El experto en inteligencia y contrainteligencia planteó la existencia de dos rutas posibles para el poder en Venezuela. La primera, que calificó como la más ordenada y menos conflictiva, consistiría en mantener a Delcy Rodríguez al frente del Ejecutivo bajo un esquema de subordinación a Washington, condicionada al cumplimiento estricto de las directrices de Donald Trump, incluidos cambios en el gabinete y la emisión de decretos que favorezcan los intereses de Estados Unidos y faciliten el control de empresas estadounidenses sobre el sector petrolero.
Como alternativa, señaló un segundo escenario que incluiría el apoyo a mandos militares venezolanos alineados con Washington para ejecutar un golpe de Estado, derrocar a Rodríguez e instaurar un gobierno militar, ya sea temporal o de transición, en caso de que no acate dichas instrucciones.
Al ser cuestionado sobre el futuro de Cuba tras la caída de Nicolás Maduro y un eventual control del gobierno de Donald Trump en Venezuela, Aledo afirmó que la pretensión del secretario de Estado, Marco Rubio -de origen cubano-, es que caiga el régimen de Miguel Díaz-Canel.
El especialista explicó que la motivación de Rubio está ligada a su proyección política: “Él quiere ser el candidato a vicepresidente para el 2028, en las elecciones generales del 2028 aquí en Estados Unidos, y posiblemente hasta presidente […] es una ambición personal de Marco Rubio, y es una cosa muy pero que muy importante para Marco Rubio esta operación”.
Sostuvo que Washington no estaría considerando una intervención militar directa en Cuba, debido a la fortaleza de las Fuerzas Armadas cubanas y a la lealtad y eficacia de sus aparatos de inteligencia, lo que haría inviable replicar un escenario similar al venezolano.
Bloqueo y colapso: la estrategia contra La Habana
En ese sentido, la estrategia apuntaría al desgaste económico: la expectativa de Donald Trump y Marco Rubio sería provocar un colapso profundo de la economía cubana en un plazo aproximado de uno a un año y medio, hasta generar una situación social tan crítica que obligue al presidente Miguel Díaz-Canel a entablar negociaciones con Estados Unidos para acordar una salida política y una eventual transición.
“Sin electricidad, sin dinero, sin manera de pagar a los funcionarios del gobierno, con enorme escasez de productos básicos para la población, desde medicinas hasta posiblemente comida, gasolina, etc. Me parece que el aislamiento y el bloqueo, por decirlo así, de la economía cubana, va a ser tan profundo y tan grande”, apuntó.
Aledo consideró que la intervención de Rusia o China para sostener al régimen cubano sería complicada, dado que ninguno de estos países mantiene el nivel de vínculo cercano que tiene Venezuela con La Habana. Además, destacó que ambos actores evitan excederse en sus acciones, respetando lo que consideran áreas de influencia propias, y procurando no generar conflictos que puedan justificar una mayor presencia militar de Estados Unidos en sus respectivas regiones.


