“Policías federales ¿infiltrados?”, texto de Raúl Tortolero
Para Reporte Indigo el periodista publicó un texto donde cuestiona a la dependencia federal y la falta de coordinación para tranquilizarlos. "No hubo un mando que les pidiera calma", dice.
(Foto: Miguel Tovar / Getty Images)

Raúl Tortolero, periodista de Reporte Índigo que presenció los enfrentamientos en las inmediaciones de San Lázaro del 1 de diciembre, aseguró a Noticias MVS  primera Emisión que personas vestidas de civil  se ubicaron detrás de las vallas del cerco de seguridad, para esperar órdenes  de los elementos policíacos.

Reiteró que es  falso que estas personas iban pasando por ahí  o que  eran ajenas a la situación. Aseveró “Yo los vi. Yo estuve ahí cinco horas”.

Además, manifestó que desde  los edificios multifamiliares de las cercanías de San Lázaro había   hombres, francotiradores, preparado para todo.

Aclaró que sí  existieron bombas molotov lanzadas por manifestantes y policías heridos,  pero expresó que eso no justifica  el uso de la fuerza contra chicos que se manifestaban pacíficamente.

Se reproduce su crónica íntegra publicada en Reporte Indigo el pasado 3 de diciembre del 2012.

Policías federales ¿infiltrados?
POR RAÚL TORTOLERO
@raultortolero1

Del lado interno de las vallas estaba la Policía Federal y San Lázaro. Afuera, los grupos de manifestantes. Agresiones hubo desde ambas trincheras, igual que heridos.

Pero los policías no fueron inocentes durante la toma de protesta Peña Nieto. Los policías federales –un día antes aún a las órdenes de Genaro García Luna- estaban ahora bajo el mando de Manuel Mondragón y Kalb. La batalla campal se alargó seis horas.

Los uniformados estaban con los escudos hacia arriba, en formación “espartana”. Pero pronto se vieron caer cócteles Molotov que contenían canicas, tuercas, tornillos y clavos.

Estas bombas ardieron la pierna de un policía y la espalda de otro. Además algunos manifestantes llevaban granadas de gas lacrimógeno, que afectaron a decenas de uniformados, así como a varios periodistas.

Los policías empezaron a vomitar, y a sentir los efectos del gas. Entonces las cosas se pusieron más serias. No hubo un mando que les pidiera calma.

Así que trajeron cubetas llenas de granadas de sus propios gases, se las colgaban en el pecho (hasta 10 o 12) y las arrojaban a manifestantes, hiriendo a muchos que iban en son de paz.

También arrimaron tanquetas de agua inofensivos. Lo que no fue inofensivo fue el uso de balas de goma, disparadas con armas largas especiales.

No sabían a quién disparaban porque las vallas impedían apuntar directo a alguien, por lo que las balas caían al azar. Balas de proyectiles que han sido prohibidos en protocolos de seguridad en otros países del mundo.

Además, la Policía Federal llevaba agentes no uniformados que recibían órdenes de los mandos presentes.

Vestían en mezclilla, playeras, como estudiantes, como civiles. Algunos se tapaban la cabeza con capuchas o la cara con paliacates. Eran claramente una fuerza de choque especial de la PF. Eran infiltrados.

La PF tendría, al menos, que brindar una explicación por el uso de balas de goma, de gas lacrimógeno y de estas “madrinas”. A lo largo de Eduardo Molina había decenas de camionetas de empresas “fachada” con este tipo de infiltrados de la PF. Algunos no actuaron y solo esperaban ahí.

Ir a la versión PDF de Reporte Indigo donde se publicó el texto.






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