‘El ombligo de Guie’dani’, una película que cuestiona el racismo y el statu quo
El realizador sostiene que en México tenemos muy asumidos los discursos discriminatorios.

Por Héctor González

Guie’dani, una niña indígena zapoteca, y su madre, trabajan para una familia acomodada de la Ciudad de México. En su vida diaria, ambas intentan mantener su identidad y no alienarse a los cánones de su rutina. La madre, más sutil, asume su condición sin claudicar, pero la joven en cambio sí decide plantar cara al que parece su destino. A fin de transgredir el discurso predominante, el cineasta mexicano, pero de origen catalán Xavi Sala, filmó El ombligo de Guie’dani.

¿Qué te lleva a filmar El ombligo de Guie’dani?

La película nace de mi identificación con el pueblo zapoteco. Lo conocí hace más de diez años. Edité unos documentales sobre su lengua y encontré algunos vasos comunicantes con la lucha identitaria de donde soy originario, los Países Catalanes. Ambos tienen un complejo de inferioridad y continuamente luchan por abrirse camino ante un imperio. Más adelante, el clasismo y el racismo, me interesaron como temas a desarrollar.

Al final la película plantea un tema de identidad.

Claro, de ahí viene todo. Tengo varios cortometrajes donde he hablado de la discriminación, la tolerancia y el racismo. Me parecía importante dejar que se hablara en zapoteco como una forma de respeto.

Y rebeldía, la protagonista se resiste a una realidad que parece determinada.

Para filmar una película necesito que el tema me toque y que además ofrezca algo novedoso. En el cine mexicano son pocas las películas que presentan a una mujer indígena que se rebela al status quo. Creo que El ombligo de Guie’dani es políticamente incorrecta porque rompe esquemas. A lo largo del rodaje me encontré con muchos jóvenes de como Guie’dani; jóvenes dispuestos a cambiar las cosas después de siglos de dominación consciente o inconsciente.

La película plantea en este sentido, la forma en que tenemos tan asimilado la discriminación y el racismo.

Muchos mexicanos no se dan cuenta de lo asumido que tienen estos discursos, tanto por parte de los discriminados como por los discriminadores. Es algo que viene desde quienes se han dedicado a promover estas narrativas desde los medios y desde el poder político. Que la historia la cuenten los vencedores no la hace verdadera.

Tu película se lee como la antítesis de Roma, de Cuarón…

Para mí Roma tiene muchas cosas interesantes, pero ante todo no me parece una película social. Me parece una estafa a los espectadores vender del discurso de que es una película que habla sobre la mujer indígena y la trabajadora del hogar.

Sí habla de eso, pero no desde la posición de rebeldía que tú propones. Me parece que legitima la narrativa del statu quo.

El propio Cuarón cambió el discurso. Al principio decía que era su visión de la infancia y que la protagonista era la colonia Roma. Después se subió al tren de la reinvocación. Lo grave es que muchos medios de comunicación y críticos compraron esa idea, quizá porque están interesados en seguir pensando que nuestras empleadas domésticas son felices y tienen una relación familiar con sus patrones. A mí me parece más importante darle la voz a la trabajadora del hogar y a las clases desfavorecidas, pero no como alguien sumiso, como lo plantea Roma. Tradicionalmente las clases acomodadas son las que cuentan este tipo de historias y a mí me interesaba darle la vuelta a ese discurso.

¿No hay algo de mesianismo en tu postura?

No quiero decir que Roma tendría que haber mostrado esta rebeldía, yo quise hacerlo porque es en lo que creo. Ni siquiera la mamá de Guie’dani lo acepta con sumisión, en la intimidad deja ver que no está contenta con su situación.

Y esta reivindicación se nota incluso desde la propuesta estética y fotográfica.

Quería llevar al punto de vista al extremo. Incluso sonoramente está contada desde su mirada. Quería verdaderamente, que el espectador se pusiera en los zapatos del otro. Es una película que por lo mismo puede incomodar.

 ¿Tenías por consigna filmar una película incómoda?

Quería confrontarme a mi mismo. Ortega y Gasset decía ‘si no soy capaz de predicar con mi tolerancia cómo voy a pedirla de los demás’. No es una película de buenos y malos, me puse en lugar de todos. No condeno a los personajes. Me identifico más con Guie’dani, pero intento comprenderlos a todos.

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