‘Lo mío es la foto periodística y ahí me voy a quedar’: Pedro Valtierra
A cuarenta años de la revolución sandinista el fotorreportero publica parte de su archivo en un libro.
(Archivo Pedro Valtierra).

Por Héctor González

Pedro Valtierra (Zacatecas, 1955) tenía 24 años cuando llegó a Nicaragua. Los días de la revolución sandinista fueron un parteaguas para un joven fotorreportero hambriento de experiencia.

Cuarenta años después, Valtierra recupera parte de su archivo de entonces y publica, Nicaragua, la revolución sandinista (Grijalbo), un libro que se erige como la crónica de un movimiento que con el tiempo devino en el cuestionado gobierno de su líder histórico Daniel Ortega.

Pese al desencanto, el fotógrafo mexicano reconoce que no ha dejado de creer en las revoluciones y defiende la paciencia como un valor dentro de la dinámica de la 4T.

¿Cómo te reencuentras con la revolución sandinista?

Algunas de las fotografías que aparecen en el libro son inéditas. Mi archivo sobre Nicaragua tiene cuarenta años. Desgraciadamente el movimiento no fue lo que esperábamos. La revolución sandinista rompió con la esperanza de muchos jóvenes de aquella época. Yo nunca fui militante, pero como periodista joven mantenía la esperanza de ver un mundo mejor.

¿En qué sentido la revolución sandinista representaba esperanza?

Representaba una alternativa en una época de dictaduras y golpes de Estado. Nos abría la posibilidad a un mundo diferente y cambio. En muchos partes del mundo representó la esperanza porque veníamos de un periodo de violencia militar en Argentina y Chile. Lamentablemente terminó como ya sabemos.

¿En qué momento llegó tu desencanto?

Casi desde los primeros años empecé a ver una enorme soberbia en la dirección del Frente Sandinista. Durante los discursos de su primer aniversario se veía que todos aspiraban a ser Fidel, ese es un problema de los líderes latinoamericanos. Fidel sólo hay uno.

Otro movimiento que cubriste bien fue el alzamiento del EZLN, ¿encuentras similitudes entre ambos?

Ambos tenían distintas características. Nicaragua era una nación independiente y más compleja. En la estructura social de Chiapas conviven muchos grupos sociales y originarios. No obstante, en los dos había condiciones de marginación y sometimiento a una explotación violenta. A lo largo de los años se puede ver que el levantamiento zapatista llevó beneficios a las comunidades indígenas, aunque todavía se tiene que trabajar muchísimo.

¿La edad te ha hecho más escéptico de este tipo de movimientos?

Puede ser aunque creo que no me he vuelto conservador. Me siguen entusiasmando los movimientos de participación popular. Me entusiasma ver a los jóvenes sumarse a los procesos de cambio. Desde luego no son las mismas condiciones ni los mismos objetivos. La tecnología ha cambiado la forma de rebeldía. No me da miedo el futuro porque lo veo con ojos del pasado, pero si me preocupa cómo se van a desarrollar las circunstancias. El mundo está cada vez más poblado y esto genera otro tipo de conflictos. Me inquieta más ver cómo se van a tomar las fotografías de estos nuevos movimientos.

Serán con celular…

Probablemente. Los celulares de hoy ya tienen todo. Vivimos en el mundo de las imágenes. Todo se retrata y no sé si eso es bueno. Finalmente así son las circunstancias y uno necesita confiar en que los jóvenes buscarán y encontrarán las formas de encausar su rebeldía.

En tus fotos de la revolución nicaragüense no sólo había un discurso social, también había una postura estética, eso es algo que se ha perdido en aras de la inmediatez, ¿no?

Los jóvenes necesitan no dejarse llevar sólo por la tecnología y procurar encuadrar aunque sea un celular. El hecho de trabajar con rollo exigía más concentración. Quienes estábamos en medios pobres e íbamos a la guerra no podíamos tirar a diestra y siniestra. Los materiales nos debían durar quince días. A mí siempre me enseñaron que no podía estar disparando todo el tiempo. Hoy el mundo está saturado de fotos, pero debemos confiar en que la calidad se va a imponer.

¿Crees en las revoluciones?

Sí, todavía. Creo en las revoluciones porque de lo contrario estaremos condenados a la muerte. Soy un viejo-joven.

¿Necio?

Un poco. La vida te vuelve necio y terco, si no lo eres te someten. Así es el medio y yo vengo del esfuerzo y el trabajo. Soy necio en la forma de hacer foto. No renuncio a mis temas. Me critican porque dicen que siempre hago lo mismo. Pues sí y así será hasta que me muera. Hay fotógrafos que empezaron en prensa y terminan en la publicidad, me parece bien, pero lo mío es la foto periodística y ahí me voy a quedar.

¿La 4T es revolucionaria?

Como fotógrafo me dedico a ver la vida. La 4T todavía no la veo. No soy un crítico y me parece que nos hace falta paciencia. Me dije a mi mismo que hasta el 1 de enero de 2020 daré mis opiniones sobre el tema. México viene de gobiernos muy corruptos y necesitamos ser prudentes. Todavía no es momento de calificar a Andrés Manuel López Obrador, puede ser que no guste el estilo, pero eso no significa demasiado.

Como hombre de medios…

Como hombre de medios hay que estar en la noticia, informado y observando de cerca. La percepción en la calle no es la misma que la de nuestro círculo. Soy cuidadoso, prefiero esperar. Venimos de una etapa de mucha corrupción y se tenía que hacer algo. Tengo confianza y espero no decepcionarme.

¿Qué piensas de la forma en que el presidente se relaciona con los medios?

No me gustan sus descalificaciones. La sociedad siempre ha desconfiado de la prensa y esto AMLO lo está llevando al nivel de la presidencia. Para mí es un error porque debería ser más respetuoso.

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