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Epidemiología mundialista: el sarampión en tiempo extra | Artículo de Samuel Ponce de León Rosales y Mauricio Rodríguez Álvarez

La Copa Mundial de Norteamérica está ocurriendo en un momento epidemiológico inusual. México, Estados Unidos y Canadá llegaron al torneo mientras enfrentaban sus peores epidemias nacionales de sarampión en varias décadas.

  • Articulista invitad@
04 Jul, 2026 14:30
Epidemiología mundialista: el sarampión en tiempo extra | Artículo de Samuel Ponce de León Rosales y Mauricio Rodríguez Álvarez

Por Samuel Ponce de León Rosales¹ y Mauricio Rodríguez Álvarez²

En el futbol, el tiempo de compensación es un limbo en el que puede no pasar nada o cambiar el resultado en cuestión de segundos. En epidemiología también existe un tiempo de compensación, pero comienza cuando el evento de riesgo termina. Es entonces cuando los contagios que pudieron ocurrir durante esos días empiezan a manifestarse clínicamente y los casos pueden aparecer donde menos se espera. Si la Copa Mundial dejó una huella epidemiológica, será durante los próximos días cuando comenzaremos a verla. Sabremos entonces si el torneo dejó nuevos contagios, reactivó brotes existentes o dio origen a nuevas cadenas de transmisión, particularmente de sarampión.

La Copa Mundial de Norteamérica está ocurriendo en un momento epidemiológico inusual. México, Estados Unidos y Canadá llegaron al torneo mientras enfrentaban sus peores epidemias nacionales de sarampión en varias décadas. Aunque la intensidad de la transmisión ha variado entre los tres países y entre sus distintas regiones, durante los últimos dieciocho meses el virus ha mantenido una circulación sostenida. Nunca un Mundial había coincidido con una situación semejante en tres países anfitriones.

En los tres países, el virus entró a través de comunidades explícitamente no vacunadas durante décadas por motivos religiosos, y a partir de ahí se produjeron contagios secundarios hacia grupos y comunidades con personas no vacunadas, sobre todo adultos jóvenes y menores de 10 años.

En México, dentro de ese escenario regional, Guadalajara merece una atención particular. Aunque el Mundial todavía no concluye, la ciudad ya terminó de recibir todos los partidos que le fueron asignados. Desde la perspectiva epidemiológica, eso significa que la fase de mayor exposición ya ocurrió y que ahora comienza el periodo en el que podrían hacerse visibles los primeros casos derivados de esos contactos.

No todas las sedes de México enfrentaban el mismo riesgo epidemiológico. Mientras Monterrey llegó al torneo con una actividad relativamente baja y la Ciudad de México mostraba una tendencia descendente, Guadalajara acababa de pasar por el peor momento del mayor brote de la epidemia nacional, concentraba el mayor número de casos activos del país y mantenía una intensa transmisión comunitaria en su zona metropolitana, particularmente en población infantil, adolescentes y adultos jóvenes. Esa diferencia convierte a Jalisco en el principal punto de observación epidemiológica para evaluar si un evento masivo internacional puede modificar la dinámica de una epidemia ya establecida.

El riesgo tampoco termina en las fronteras mexicanas. Guadalajara recibió durante varias semanas miles de visitantes procedentes, entre otros países, de España, Uruguay, Corea del Sur, Sudáfrica y la República Democrática del Congo. En ese sentido, la detección temprana dependerá en buena medida de que médicos y servicios de salud mantengan un alto índice de sospecha ante pacientes con fiebre y exantema que hayan viajado recientemente o tenido contacto con viajeros.

Entre febrero de 2025 y junio de 2026, en México se han registrado alrededor de 43,500 casos confirmados de sarampión y 43 defunciones por esta enfermedad. Los dos momentos más relevantes de la epidemia han sido el brote inicial en Chihuahua y el que comenzó en Jalisco al final de 2025, que alcanzó su máxima actividad en febrero en niveles no vistos previamente ni con el brote inicial del estado del norte.

Actualmente, en México hay 1,033 casos activos (con fecha de confirmación del diagnóstico en los últimos 40 días), distribuidos en 121 municipios de 26 estados. Para este análisis denominamos “casos activos” a aquellos confirmados en los últimos 40 días (al 23 de junio de 2026), un periodo que aproxima las cadenas de transmisión aún vigentes y permite identificar dónde continúa la circulación reciente del virus. Los únicos estados que no tenían casos activos a la fecha de este análisis eran Baja California Sur, Campeche, Colima, Guanajuato, Tamaulipas y Yucatán.

El estado que tiene más casos activos actualmente desde que comenzó este año ha sido Jalisco (366), seguido de Durango (200), Zacatecas (127), Ciudad de México (63), Coahuila (50), Chiapas (37), Estado de México (32) y Sonora (31).

La transmisión se concentró principalmente en la Zona Metropolitana de Guadalajara (particularmente en Zapopan, Tlajomulco, El Salto, Tlaquepaque y Guadalajara), mientras que fuera de Jalisco destacaban Mezquital y Durango (Durango), Fresnillo y Villa de Cos (Zacatecas) y Saltillo (Coahuila). La Ciudad de México, aunque sigue estando dentro de los estados con más casos, estos se encuentran dispersos y solo una alcaldía tiene un número epidemiológicamente relevante (Iztapalapa: 28). Cabe destacar que Nuevo León, otro de los estados sede del Mundial, es una entidad que ha tenido un bajo número de casos confirmados en todo lo que va de la epidemia (2 en 2025 y 84 en 2026).

Un elemento que también debe considerarse al interpretar el riesgo actual es la  amplia propuesta de vacunación desarrollada desde el inicio de la epidemia. A partir del brote detectado en Chihuahua en febrero de 2025, las autoridades sanitarias implementaron campañas de vacunación y bloqueo cada vez más amplias conforme la transmisión se extendía a nuevas entidades. A diferencia del esquema rutinario, la estrategia ha incluido personas de prácticamente todas las edades hasta los 49 años. Como consecuencia, hoy resulta mucho más difícil estimar cuántas personas susceptibles permanecen en la población. Paradójicamente, esa incertidumbre representa una buena noticia: millones de dosis aplicadas han modificado sustancialmente el escenario epidemiológico y probablemente evitaron una epidemia de dimensiones mucho mayores. En otras palabras, el Mundial ocurre sobre un terreno epidemiológico distinto al que existía cuando comenzó la epidemia.

Sin embargo, la persistencia de la transmisión también obliga a reconocer los desafíos que aún enfrenta la respuesta, a pesar de tratarse de una enfermedad bien conocida y para la cual existen, desde hace décadas, herramientas eficaces para su prevención, diagnóstico, atención clínica y control epidemiológico. El brote que comenzó en Chihuahua en febrero de 2025 todavía no puede considerarse concluido: más de un año después continúan registrándose casos activos en esa entidad. Más preocupante aún es que, pese a la amplia cobertura mediática del problema, las campañas extraordinarias de vacunación y la disponibilidad de biológicos en prácticamente todo el país, siguen apareciendo casos en niñas y niños que nunca recibieron la vacuna. Cada uno de esos casos recuerda que las brechas de vacunación no se explican únicamente por la disponibilidad de biológicos, sino también por la capacidad de las estrategias de vacunación para llegar oportunamente a todas las personas susceptibles.

Vale la pena recordar por qué el sarampión merece tanta atención. Es una de las enfermedades más contagiosas conocidas (un enfermo puede contagiar hasta a 18 personas susceptibles, principalmente no vacunadas). Su periodo de incubación suele ser de 7 a 21 días y una persona puede transmitir el virus incluso durante la fase catarral de la enfermedad, desde cuatro días antes y hasta cuatro días después del inicio de las manifestaciones clásicas de la piel (exantema). Aunque la mayoría de los casos se recupera, puede ocasionar neumonía, encefalitis y muerte. La buena noticia es que desde hace más de seis décadas existen vacunas altamente seguras y eficaces que, con dos dosis, previenen alrededor del 97% de los casos.

Los posibles contagios relacionados con el Mundial, si ocurrieron, ya sucedieron. Lo que hoy transcurre no es un torneo, sino el periodo de incubación. Durante los próximos días podrían comenzar a aparecer los primeros casos secundarios entre residentes de Jalisco, visitantes nacionales que regresaron a otros estados y viajeros internacionales que volvieron a sus países. Esa posibilidad no implica que vaya a producirse un rebrote importante, pero sí justifica reforzar la vigilancia epidemiológica precisamente ahora, cuando todavía es posible identificar oportunamente las primeras cadenas de transmisión y contenerlas antes de que se expandan.

En términos epidemiológicos, pocas veces es posible observar un fenómeno como éste: miles de personas procedentes de decenas de países conviviendo durante días en una ciudad con transmisión activa de una de las enfermedades más contagiosas conocidas. Independientemente de que se detecten o no casos asociados al Mundial, la experiencia dejará lecciones importantes sobre el comportamiento del sarampión en eventos masivos internacionales y sobre la capacidad de respuesta de los sistemas de vigilancia.

En el ámbito deportivo, el legado del Mundial serán partidos memorables, goles inolvidables y récords en los libros de historia. Desde la salud pública, la huella del torneo dependerá de la capacidad de los sistemas de vigilancia epidemiológica para detectar y contener oportunamente cualquier cadena de transmisión que haya podido surgir durante estas semanas. Porque el futbol termina con un silbatazo. La epidemiología, en cambio, necesita esperar unas semanas más para conocer el marcador definitivo.

Los autores:

  1. Samuel Ponce de León Rosales: Médico, especialista en medicina interna y enfermedades infecciosas. Profesor en la Facultad de Medicina y Coordinador del Programa Universitario de Investigación sobre Riesgos Epidemiológicos y Emergentes (PUIREE) de la UNAM.
  2. Mauricio Rodríguez Álvarez: Médico, doctor en ciencias bioquímicas. Profesor de Microbiología en la Facultad de Medicina y vocero del PUIREE de la UNAM.
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