‘La realidad latinoamericana es propicia para la novela negra’: Sergio Ramírez
El ganador del Premio Cervantes 2017 publica ‘Ya nadie llora por mí’.
(Redacción AN/Alfaguara).

“Quiero seguir siendo el mismo”, dice Sergio Ramírez. El ganador del Premio Cervantes 2017 no se ve con dos secretarias filtrando las entrevistas, “esa persona no soy yo”.

El narrador nicaragüense no desborda efusividad al hablar del mayor reconocimiento del idioma español, en el mejor de los casos lo encuentra estimulante para tener un segundo aire acerca de su trabajo: escribir.

Prolífico, Ramírez se mueve con soltura por el cuento, el testimonial, el ensayo y la novela, género donde se inscribe Ya nadie llora por mí (Alfaguara), novela de corte policíaco protagonizada por el detective Dolores Morales, un personaje que ve como las causas políticas por las que luchó, se han desmoronado por la corrupción.

 ¿Ha cambiado mucho su rutina a partir del Premio Cervantes?

Temporalmente sí, me ha sacado de mi rutina. Ahora estoy volcado a las fanfarrias del premio, pero espero pronto volver a lo que hago todos los días que es escribir. Aceptar la realidad del reconocimiento implica un momento de reflexión, pero no es de ninguna manera el final de mi camino. Como escritor uno nunca se retira, no hay tercera edad en la escritura. Si acaso me da un segundo aire como a los corredores.

¿Escribe por necesidad u oficio?

Cada mañana siento la necesidad de escribir, de sentarme frente a la computadora a narrar y corregir, que es la otra parte del trabajo creativo. Escribir es una ocurrencia continua.

Ahora publica Ya nadie llora por mí, una novela negra, ¿se plantea una obra a partir del género?

Sin duda podemos clasificarla como novela negra, pero en realidad quería hablar de la realidad contemporánea de mi país; es una trama de policías y ladrones. La novela negra es un procedimiento para contar, hace unos días Juan Cruz decía que deberíamos borrar la etiqueta de “novela negra” y dejar simplemente “novela”; estoy de acuerdo con ello y más en América Latina donde ese género ha sido desbordado.

¿En Latinoamérica la novela negra es consustancial a la realidad?

Claro, es un procedimiento que se ha convertido en la piel de la realidad. ¿De qué otra manera se pueden contar países dominados por el narcotráfico, del tráfico de inmigrantes, de cárteles, policías corruptos? La realidad latinoamericana es propicia para la novela negra.

En la novela hay también un replanteamiento de los ideales revolucionarios.

Yo fui parte de un proceso revolucionario que se descompuso y ahora no me resta más que verlo con mirada crítica. Regresé a mi vida de escritor y veo la vida con ojos literarios. Nunca fui político en el sentido tradicional.

¿Pero después de ser vicepresidente de Nicaragua se puede desprender de la política?

Nunca me sentí preparado para el oficio político, por lo tanto, no me fue difícil regresar a la escritura. No tengo nostalgia por la política. Mi sentido crítico de la realidad proviene de la literatura. Un escritor cómplice de lo que sucede se cae y ofrecerá basura.

¿Cree en las revoluciones?

En las revoluciones armadas no, ya pasó su tiempo. En Nicaragua vi caer mucha gente, amigos, jóvenes, tanto en la guerra de liberación como en la guerra contra los Contras. Tanta sangre derramada no pagó el sacrificio.

En la novela también habla de sociedad fracturadas por los conflictos políticos.

La vida política en América Latina no es normal. Uno espera una sociedad donde las instituciones respetan y son respetadas; sociedades donde la gente sabe a que atenerse ante los tribunales de justicia. Nosotros carecemos de esa normalidad. Nos movemos en la corrupción y eso afecta las vidas privadas. El drama de un migrante que desaparece en el camino, la mujer viuda, los hijos desamparados, etcétera, es algo provocado por una situación política o de anormalidad social. Ahí es donde entra el novelista para examinar la vida de los individuos, no la vida social en general porque la novela no es abstracta, se ocupa de lo específico.

Y para eso se necesitan personajes fuertes, otro rasgo de sus libros…

Los personajes se construyen por capa. A veces comienzan con un nombre al que se le agregan atributos; otros inician en una línea y toman volumen y dimensión.

¿Dolores Morales cómo nació?

Nació de mi idea de un guerrillero que en 1990 está en la policía y queda huérfano cuando la revolución desaparece. Ve cómo sus ideales lucen anticuados cuando su país entra en la vorágine de la sociedad de mercado y consumo. Él decide mantenerse en la policía, pero con una atmósfera distinta. Mi personaje nace de lo que le sucedió a muchos mi generación, gente que con las armas combatió la dictadura. Dolores Morales es un hombre desconcertado por la situación que le toca vivir.

¿De alguna manera la figura del detective funciona como un vértice moral?

Sí, pero quien reflexiona no es el novelista. El escritor no debe ser visible, su trabajo es exponer, dejar correr los hechos y dejar hablar a los personajes, para que el lector arme el rompecabezas y saque sus conclusiones. El novelista que induce formas de pensar o de conductas éticas y políticas, pierde el tiempo; mejor debería dedicarse al ensayo o el discurso político.

 ¿Qué piensa de la novela de ideas?

Me parece aburrida. Una novela vive en sus personajes, son ellos quienes crean el interés del lector porque piensan de distinta manera, como sucede en la vida.

Pese a lo complicado de sus temas, tengo la impresión de que en todos sus libros prevalece el gozo por la vida.

Esa es una buena observación. El gozo de la escritura tiene que reflejarse en lo que se lee. Disfruto mucho crear situaciones humorísticas que me provocan risa a mí mismo, pero la escritura tiene pros y contras. El pro es imaginar divertirse y el contra es la corrección.

¿Por cuál de sus libros le gustaría ser recordado?

Es difícil porque veo mi obra como un todo orgánico que respira por distintas partes. Las novelas se interconectan entre sí por las obsesiones propias. Un conjunto narrativo es un universo. Quizá le tengo especial aprecio a Baile de máscaras, porque es un libro que trata de mi infancia y mi familia. Adiós, muchachos, es un libro muy entrañable porque es mi testimonio de la revolución.

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