opinión*
Elecciones fraudulentas y pérdida de la esperanza
por Araceli Damián
Foto: Cuartoscuro

Es difícil hablar de la esperanza cuando de manera cotidiana recibimos noticias de numerosos homicidios cometidos contra ciudadanos, defensores de derechos humanos, periodistas, etc., de ejecuciones extrajudiciales, así como de inundaciones provocadas, no sólo por el periodo de lluvias, sino por el cambio climático.

En nuestra sociedad, mientras la autoridad pregona que es a través del diálogo y la democracia como se resuelven los conflictos, prevalece la violencia, la corrupción, el abuso de autoridad, la concentración del poder y la riqueza, las propias autoridades cometen todo tipo de fraudes, incluyendo el electoral. Entonces ¿cómo hablar de esperanza?, ¿cómo construir nuestra utopía, cuando vivimos inmersos en una distopía?

El fraude electoral más reciente fue perpetrado en el Estado de México. Fue un fraude porque, como lo define el Diccionario de la Real Academia Española (DRAE), es una “acción contraria a la verdad y a la rectitud, que perjudica a la persona contra quien se comete”. El uso de los recursos públicos a favor de Del Mazo, la compra de voto realizada por el PRI y la alteración de actas son actos contrarios a la rectitud y perjudicaron a la ciudadanía mexiquense.

Para poder hablar de la esperanza debemos considerar que, aun con este fraude, la izquierda avanzó de manera contundente en los votos reconocidos. Comparemos los resultados de esta elección con la de gobernador en 2011, cuando Alejandro Encinas fue candidato de la Coalición por el Bien de Todos (Conformada por el PRD, PT y Convergencia), con lo que obtuvo Delfina Gómez de Morena y el PRD, cuyas bases son fundamentalmente de izquierda.

En 2011, Encinas obtuvo un millón 31 mil votos, mientras que Eruviel Ávila, entonces candidato por la Coalición Unidos por Ti, conformada por el PRI, Verde y PANAL, obtuvo tres millones 46 mil votos. En este año el PRI y sus aliados cayeron estrepitosamente: Alfredo Del Mazo “obtuvo” 2 millones 48 mil votos, un millón menos que en 2011.

La caída del PRI fue capitalizada por Delfina Gómez quien obtuvo casi dos millones de votos, más un millón de votos adicionales del PRD. En términos de porcentajes, las preferencias por el PRI bajaron de 64.93% en 2011 a 33.69% en 2017, mientras que la izquierda avanzó de 21.98% con Encinas a 30.91% obtenido sólo por Morena, más 17.89% del PRD. Es claro el predominio de las posturas de izquierda rumbo al 2018.

Alejandro Encinas escribió un libro en el describe la serie de trampas y corruptelas realizadas por el gobierno del Estado de México, encabezado en ese entonces por Enrique Peña Nieto, para ganar de manera fraudulenta la elección de 2011. Su título resume lo que se vivió en ese entonces, lo que padeció ahora Delfina Gómez, candidata de Morena, y lo que seguramente padecerá la izquierda en 2018: Dinero, simulación e impunidad. Memoria de la elección de gobernador en el Estado de México, 2011 (Funlocal, 2011).

Encinas narra que Enrique Peña Nieto, entonces gobernador del Estado de México, designó a los secretarios de su gabinete como responsables de los distritos electorales de la entidad, a fin de garantizar resultados favorables en la elección. Así fue posible utilizar recursos y programas sociales del estado para inducir la votación a favor del PRI. En Ecatepec, por ejemplo, fue designado David Korenfeld, quien era encargado del sistema de aguas en el Estado de México (pp.24-25).

En la elección, de 2017, Enrique Peña Nieto y el PRI hicieron lo mismo. En esta ocasión, el acto fraudulento fue de mayor envergadura y magnitud, porque se utilizó no sólo la estructura del estado sino también la federal. De acuerdo con Reforma, fuentes de la dirigencia del PRI corroboraron que la encargada estatal de la elección fue Rosario Robles, Secretaria de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano, mientras que otros funcionarios federales contaban con asignaciones territoriales concretas, donde debían tener presencia y operar programas (https://goo.gl/zV7Wsq). Por ejemplo, el Secretario de Salud, José Narro fue designado a Ecatepec; el Secretario de Desarrollo Social, José Luis Miranda a Tultitlán (aunque tuvo que dejar de ir por presiones de los diputados federales de oposición, pero mandó a un subsecretario en su lugar), etc.

El uso faccioso del presupuesto y de los programas sociales no fue sancionado por los árbitros electorales y hay suficiente evidencia para que el supuesto triunfo de Del Mazo sea anulado, pero las autoridades electorales fallarán a su favor, como hizo el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPEJF) en 2006 al dar el “triunfo” de manera fraudulenta a Calderón.

Al respecto, Julio Boltvinik en un artículo publicado en La Jornada en 2008 reseña el libro de José Antonio Crespo, elaborado con base en un análisis minucioso de la mitad de las actas digitalizadas de la elección presidencial 2006. De acuerdo con Boltvinik, Crespo “argumenta con fuerza a lo largo de la obra (mostrando los errores e inconsistencias del TEPEJF) que, puesto que no sabemos quién ganó, la elección debió ser anulada”(1). Nos explica que mientras el TEPJF interpretó en una primera sentencia (5 de agosto de 2006) que el IFE debió haber abierto y recontado de oficio –es decir, aunque nadie lo solicitara– todos los paquetes electorales con alguna inconsistencia aritmética, 82% de los paquetes que por ley debían ser abiertos y recontados quedaron sin ser revisados. Así, mientras que los votos irregulares injustificados fueron 633 mil, la diferencia de votos a favor de Calderón fue de apenas 234 mil.

Con estas experiencias es difícil hablar de la esperanza en 2018. Debemos mirar con perspectiva lo ocurrido en el Estado de México. El PRI apenas pudo hacerse de manera fraudulenta del gobierno del estado. En 2006 el PAN también se hizo del triunfo de manera fraudulenta, pero hoy estamos más conscientes de sus mañas y de nuestros derechos. No podemos claudicar, mientras más participemos más difícil será que nos vuelvan a robar la presidencia. Sin credibilidad no hay democracia y pelearemos porque se respeten nuestros derechos políticos, así tengamos que ir a tribunales internacionales.

(1) La Jornada

Araceli Damián

Es Diputada Federal por Morena y preside la Comisión de Seguridad en la Cámara de Diputados. Es Profesora-Investigadora con licencia del Centro de Estudios Demográficos, Urbanos y Ambientales de El Colegio de México. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores. Es Doctora en economía urbana por la Universidad de Londres, Inglaterra.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.




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