‘En España llevamos poco más de semanas de aislamiento y seguimos en shock’: Nuria Barrios
La escritora madrileña publica ‘Todo arde’, un thriller que sin proponérselo nos dice algo sobre el momento que vivimos.
(Daniel Mordzinski/Alfaguara).

Por Héctor González

No corren buenos tiempos en España, bueno de hecho en el mundo. En medio de la pandemia llega a México, Todo arde (Alfaguara), la nueva novela de la madrileña, Nuria Barrios (1962). ¿Hasta dónde llegará Lolo para ayudar a Lena, su hermana? Cada uno carga con sus propios infiernos y fantasmas, sin embargo, para salir se requiere carácter.

Hay un eco en el libro de la Barrios que parece querer decirnos algo en estos tiempos en encierro, por supuesto no es algo premeditado, es algo que va más allá y propio de la buena literatura, aquella que siempre cae de pie en el presente. Pero ahora, la novela apenas aparece en la entrevista. “Vivimos un momento tremendo. No sabemos dónde está la luz al final del túnel. No hay vacuna ni medicación, no nos queda más que apelar a la santa paciencia”, advierte la escritora.

¿Se puede leer y escribir en una situación como ésta?

Cuando se consigue normalizar lo anormal estableces una rutina y retomas tus hábitos. En España apenas han pasado dos semanas y media de aislamiento y todavía estamos en estado de shock. Intentamos asumir lo que será un cambio radical no sólo en nuestras vidas, sino en la sociedad en su conjunto. La pandemia nos afecta emocional, económica y políticamente. Se avecina un tiempo muy turbulento.

¿Estamos en momento donde todo arde, así como el título de tu novela?

Ojalá fuera como mi novela. Me gustaría sentir el calor real del fuego y el olor de la leña. Ahora mismo el único fuego es el de las pantallas y la computadora, algo virtual y frío, pero al menos sirve como ventana al exterior. Ahora mismo el contacto con lo natural es a través de los vidrios. Oímos cantar a los pájaros y los árboles están verdes, pero todo es como un espejismo. No podemos salir ni tocar, es una situación muy extraña.

Lolo, uno de los personajes de tu novela se dedica a indagar las razones de los problemas, en una situación como ésta, ¿por dónde empezaría?

Las crisis económicas previas adelgazaron el sistema sanitario y al Estado de bienestar. Pilares como la educación y la sanidad se han visto afectados más allá de lo deseable. Si nos hemos tenido que recluir en casa es porque nuestro sistema de salud se ha visto rebasado, realmente por eso estamos encerramos. No hay camas, equipo y material suficiente, de tenerlo podríamos salir a la calle con más normalidad. Si algo nos ha quedado claro, es que los gobiernos necesitan apostar por la atención médica y la investigación. No se puede vivir únicamente de la producción de dinero. Como decía John Donne, nadie es una isla, sobrevivimos porque somos una comunidad, pero requerimos de un sistema de salud sólido y hoy no lo tenemos.

En la saturación de números, noticias, información, ¿hay espacio para la literatura?

La literatura siempre ha sido una puerta para escapar de realidades opresivas y pensamientos rutinarios. El placer de escuchar historias y entrar en otro espacio-tiempo, hace de la literatura una tabla de salvación.

¿Incluso cuando se baje al inframundo como en Todo arde?

El inframundo nos respira en el cogote. Solemos verlo como algo muy lejano, pero en realidad está pegado en nuestra piel. Basta un pequeño paso y podemos explorarlo. Con esta novela quería coger de la mano al lector y llevarlo a ritmo de thriller por un descenso a los infiernos.

En esta circunstancia tú novela adquiere otra dimensión que tal vez ni tú imaginaste: a veces hay que descender hasta el infierno y tocar fondo para reconstruirse.

Elena nos da esa visión, tienes razón. Después Lolo, se topa con lo desconocido que en este caso podría ser la pandemia para ubicarse en un escenario totalmente inesperado y que a la postre se convierte en el origen del conocimiento. A veces hay que cuestionarse todo lo sabido para volver a aprender.

Hoy nos cuestionamos si privilegiar la economía o la salud.

Todos los gobiernos han intentado empatarlas, pero es verdad que ahora no se puede y estamos ante una disyuntiva complicada. Es muy interesante porque elegir la economía sería un suicidio. Sin salud no hay economía. Al final la sociedad es un cuerpo vivo y cuando una parte enferma, ni hablar, hay que parar la economía. Veremos cómo salimos de ésta.

¿Aprenderemos algo de este momento?

Creo que el aprendizaje será individual. Me temo que cuando salgamos de la pandemia, la estructura empresarial y el tejido económico requerirán que las cosas se pongan en marcha como si no hubiera pasado nada. Incluso tal vez con mayor intensidad y crudeza. No tengo ninguna confianza en nuestro sistema capitalista.

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