Álvarez Fuentes advierte un escenario de 'guerra en toda forma' en Medio Oriente
El embajador de carrera advirtió que la escalada en Medio Oriente podría afectar la guerra en Ucrania, los mercados internacionales y la política interna de Estados Unidos e Israel.
- Redacción AN / MDS

El embajador de carrera Jorge Álvarez Fuentes, miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales y profesor de la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP), afirmó que la actual escalada militar en Medio Oriente configura un escenario regional altamente complejo, con implicaciones que trascienden el ámbito militar y alcanzan la estabilidad global.
Durante una entrevista con Aristegui en Vivo, señaló que la situación ya no puede interpretarse como una acción limitada, sino como un conflicto abierto con múltiples frentes activos, al referirse tanto a la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán como a las respuestas militares desplegadas en distintos puntos de la región.
El académico describió una cadena de acontecimientos simultáneos que incluyen la reacción de Hezbolá, ataques israelíes en Líbano y la intensificación de operaciones en zonas estratégicas como el estrecho de Ormuz. Según indicó, Washington busca “nulificar la capacidad naval de Irán para cerrar el estrecho de Ormuz”, mientras Teherán ha respondido con ataques contra bases estadounidenses en países árabes como Kuwait, Bahréin, Qatar y Emiratos Árabes Unidos.
“Ahora estamos en un escenario en donde, por encima de lo que dispone el vapuleado derecho internacional, estamos viendo una guerra en toda forma en la región del Medio Oriente”, afirmó.
Implicaciones globales: energía y geopolítica
Indicó que Irán no es un actor menor en el sistema internacional y que la crisis tiene repercusiones globales en términos de estabilidad política y energética. El embajador destacó que el peso energético de Irán constituye un elemento central del conflicto. Recordó que el país es uno de los principales exportadores de petróleo del mundo y mantiene suministros relevantes hacia China, lo que vincula la crisis regional con la rivalidad estratégica entre Washington y Pekín, por lo que está en juego “la caída de un tablero geopolítico”.
Aunque la posibilidad de retomar negociaciones permanece sobre la mesa, consideró que el contexto actual dificulta cualquier acercamiento diplomático. “Para negociar hay que tener algunas bases de confianza”, afirmó, al tiempo que señaló la amplitud de los ataques y las bajas registradas como factores que complican una desescalada inmediata.
Señaló que el momento actual rebasa cualquier comparación reciente, en parte, porque aunque Washington y Tel Aviv comparten objetivos, estos no son idénticos. Desde la perspectiva del actual gobierno israelí, explicó, “Irán constituye una amenaza existencial”, lo que lleva a Israel a actuar con determinación. Consideró incluso que pudo existir presión hacia la administración de Donald Trump para intervenir, en un contexto que calificó como “otro nivel, mucho más grave” respecto al escenario de junio de 2025, cuando tuvo lugar la llamada “guerra de los 12 días”.
Sobre los objetivos de Estados Unidos, Álvarez Fuentes puntualizó que la eventual caída del régimen iraní no implicaría necesariamente un cambio de régimen automático. Entre los posibles propósitos mencionó debilitar el peso regional que Irán ha mantenido durante 47 años, desde la instauración del régimen de los ayatolas, cuya visión incluye el combate a lo que denominan la “entidad sionista”, en referencia al Estado de Israel.
El diplomático situó la escalada dentro de un conflicto regional más amplio que, recordó, comenzó el 7 de octubre de 2023 con el ataque de Hamás contra territorio israelí. Desde entonces, sostuvo, el enfrentamiento se ha extendido a múltiples frentes: Gaza, Cisjordania, Líbano, Siria y Yemen. En esta nueva fase, explicó, no se trata únicamente de una campaña militar que pueda durar días, dado que “hay objetivos políticos en juego que se quieren conseguir”.
Respecto a Irán, consideró que uno de sus objetivos inmediatos es resistir, al tiempo que destacó que se trata de un país con estructuras consolidadas, como la Guardia Revolucionaria.
Álvarez Fuentes subrayó además las implicaciones globales del conflicto. Mencionó que una eventual interrupción en el suministro de drones iraníes a Rusia impactaría la guerra en Ucrania, y que cualquier afectación en el Estrecho de Ormuz tendrá consecuencias severas en los mercados internacionales.
Añadió que la prolongación de las acciones militares también tiene costos políticos y económicos internos, particularmente en Estados Unidos, donde, dijo, encuestas muestran que “quizás solo el 27% de los estadounidenses respalda lo que está haciendo Trump”. En ese sentido, anticipó repercusiones tanto en los comicios legislativos estadounidenses de noviembre como en el calendario político israelí, donde el primer ministro podría adelantar elecciones.
Fase posterior del orden internacional
Sobre los ataques que derivaron en la muerte del ayatolá Alí Jameneí, consideró tienen un impacto “no sólo simbólico, sino político muy profundo”, al tratarse de una acción unilateral contra un jefe de Estado. Alertó que la “violación abierta, flagrante del derecho internacional” está facilitando acciones prohibidas por las normas internacionales, lo que contribuye a “socavar y a destruir de manera acelerada lo que quedaba del orden internacional basado en reglas y leyes”.
No obstante, destacó como señal positiva que Irán mantenga abierta la vía diplomática, pese a las tensiones. Advirtió que a nadie conviene un conflicto prolongado y lo distanció de la guerra de Irak en 2003, al señalar que no se trata de una invasión ni de un despliegue terrestre, escenario que consideró indeseable.
Sostuvo que aunque pensar en un combate terrestre estadounidense en Irán es “absolutamente descabellado”, la dinámica militar puede cambiar rápidamente, con riesgos de decisiones que después no puedan revertirse.
Consideró que la ofensiva militar estadounidense e israelí podría limitar la capacidad de lanzamiento de misiles de Irán y favorecer medidas de desescalamiento. Factores como el estrecho de Ormuz y la reacción de países árabes con peso geopolítico, como Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Qatar y Kuwait, también son determinantes.
“La guerra reclama, en ese sentido, no sólo de la diplomacia, sino requiere también del entendimiento, y requiere de resetear, si se vale la expresión, un alicaído y prácticamente desfalleciente orden internacional, para construir uno nuevo, construir algo que atienda las exigencias y las condiciones totalmente diferentes y cambiantes de un orden internacional que está atravesando un momento ya posterior”.

