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Betelgeuse ya no estaría sola: la estrella que podría cambiar nuestra visión de los gigantes del Universo

Astrónomos presentan la evidencia más sólida de que Betelgeuse podría formar parte de un sistema binario. De confirmarse, ayudaría a explicar las variaciones de brillo de la supergigante y a comprender mejor la evolución de las estrellas masivas.

  • Redacción AN / MDS
02 Aug, 2026 09:01
Betelgeuse ya no estaría sola: la estrella que podría cambiar nuestra visión de los gigantes del Universo
Imagen artística de Betelgeuse y su hipotética estrella compañera. Imagen: NASA.

Por Julio García G. / Periodista de Ciencia

Desde hace algunos años se especula que la estrella Betelgeuse, una de las más famosas porque se encuentra en la constelación de Orión (un poderoso cazador gigante, de acuerdo con la mitología griega, y famoso porque en el hemisferio norte se aprecia en los meses de otoño e invierno) podría estar acompañada por otra estrella. 

Betelgeuse es cientos de veces más grande que el Sol (de hecho, es una gigante roja) y ha presentado cambios evidentes e inexplicables en su luminosidad a lo largo de la historia. 

De hecho, las primeras variaciones lumínicas fueron observadas de manera sistemática en el siglo XIX por el astrónomo de origen británico Alexander Herschel, nieto del famoso astrónomo William Herschel. Este último, por cierto, descubrió el planeta Urano. 

El anuncio sobre la evidencia más sólida de que este astro tiene una compañera se ha producido en un estudio publicado recientemente, luego de que un equipo internacional de astrónomos ha dado a conocer que, en realidad, Betelgeuse forma parte de un sistema binario, es decir, está formado por dos estrellas. 

Betelgeuse y su posible estrella compañera fotografiada recientemente por el telescopio VLT situado en Chile. Imagen: ESO. 

Y lograron llegar a esta conclusión gracias a observaciones realizadas con el Very Large Telescope (VLT) del Observatorio Austral situado en Chile.

Además, obtuvieron la imagen más nítida jamás registrada de la que probablemente sea su esquiva hermana estelar, denominada provisionalmente Betelgeuse B. 

Ahora bien, ¿cómo comenzaron los astrónomos a especular que Betelgeuse –una estrella que se encuentra a unos 650 años luz de la Tierra– podría tener una compañera?

Esto se debe a que, durante siglos, la estrella ha presentado peculiares variaciones de brillo; tan es así que se llegó a especular, sobre todo entre 2019 y 2021, que podía explotar dado que por esos años cambió considerablemente su luminosidad. 

También se atribuyeron estas variaciones a pulsaciones internas y a enormes nubes de polvo expulsadas desde su interior. 

La constelación de Orión. Imagen: Starregistration.net

Dado que Betelgeuse es extremadamente grande comparada con otra clase de estrellas, su inmensa luminosidad y enorme tamaño hacían extremadamente difícil detectar un objeto mucho más tenue orbitando tan cerca de ella. 

La clave para resolver este enigma llegó gracias al instrumento SPHERE, instalado en el VLT. Este sistema, diseñado originalmente para buscar exoplanetas, incorpora un instrumento al que los científicos denominan cronógrafo. 

El cronógrafo tiene la peculiaridad de que es capaz de bloquear gran parte de la intensa luz de la estrella principal y permite observar objetos mucho más débiles situado en sus inmediaciones. 

También, los investigadores aprovecharon el momento en que los modelos orbitales predecían que la compañera estaría más separada de Betelgeuse desde nuestra perspectiva, lo cual facilitó su detección. 

Y lo más sorprendente de todo es que las observaciones revelan que Betelgeuse B es bastante más grande de lo que se pensaba ya que los cálculos indican que posee entre 2.6 y 3.1 veces la masa del Sol. Esto hace suponer que no se trata de una estrella pequeña, sino de un objeto joven y caliente de la secuencia principal. 

La secuencia principal es una región (los seres humanos hemos logrado crear complejos diagramas con el fin de interpretar cómo evolucionan los astros) en la que las estrellas pasan la mayor parte de su existencia porque es cuando se encuentran consumiendo hidrógeno: el ingrediente fundamental para que puedan producirse las reacciones nucleares que dan lugar a elemento químicos más pesados los cuales pueden apreciarse en la tabla periódica de los elementos. 

El telescopio VLT que se encuentra en Chile y que resultó crucial para observar la hipotética estrella vecina de Betelgeuse. Imagen: Wikimedia Commons. 

Si Betelgeuse B se encuentra en la secuencia principal, significa que todavía es un objeto joven y caliente. Aun así, su brillo queda completamente eclipsado por Betelgeuse cuya luminosidad ronda las 100,000 veces la luminosidad del Sol. 

Con todo esto, la probable existencia de la compañera de Betelgeuse podría explicar una de las características más desconcertantes de la propia Betelgeuse: un ciclo de variación de brillo de aproximadamente seis años, que no podía justificarse únicamente mediante pulsaciones estelares. Además, la interacción gravitatoria entre ambas estrellas, así como la influencia de la compañera sobre el material expulsado por la supergigante, ofrecerían una explicación mucho más completa de este comportamiento. 

El hallazgo –que no es menor en términos de que representa un hito en la comprensión de objetos extremadamente lejanos de la Tierra– tiene implicaciones importantes para estudiar y entender la evolución futura de esta peculiar estrella. Por ejemplo, se encuentra ya en una etapa muy avanzada de su vida y, en algún momento, explotará como una supernova. 

Sin embargo, la presencia de una compañera modifica considerablemente los modelos evolutivos existentes porque las interacciones gravitatorias y el intercambio de materia entre ambas podrían alterar el momento de esa explosión, la cual podría ocurrir en un intervalo que va de los 10,000 a los 100,000 años. 

Betelgeuse captada por el telescopio ALMA en Chile. Imagen: Wikimedia Commons. 

El estudio de las estrellas masivas, que tienen miles de veces el tamaño del Sol es un tema profundamente interesante debido a que estas fabrican elementos químicos cada vez más más pesados a través de fusión nuclear. Más tarde, las estrellas masivas explotan en forma de supernovas que dispersan elementos tales como el carbono, el oxígeno, el silicio, el calcio y el hierro–entre otros– que terminan formando nuevas estrellas, planetas y seres vivos como nosotros. 

Además, son precursoras de algunos de los objetos más extremos e interesantes del Universo como estrellas de neutrones, pulsares y hasta agujeros negros de tipo estelar. 

Por si fuera poco, también moldean la evolución de las galaxias y regulan la formación de nuevas estrellas.

Por consiguiente, estudiar a Betelgeuse y a su estrella compañera (si es que termina de confirmarse su existencia) resulta un parteaguas para el estudio de muchos e interesantes fenómenos físicos y estelares que suceden en el Universo. De ahí que sea de suma importancia que los científicos continúen posando su mirada y la de los telescopios en este sistema estelar. 

El Cosmos nos sigue sorprendiendo porque, de pensarse primero que Betelgeuse era una estrella solitaria que estaba a punto de explotar, ahora surge con más fuerza la hipótesis de que tiene una compañera. Si realmente esta compañera existe (Betelgeuse B) los sistemas estelares binarios nos podrían ayudar a comprender mejor el proceso evolutivo no únicamente de los astros sino también de cómo se ha ido forjando el Universo que conocemos actualmente.  

En esta historia cabemos nosotros y otras especies que pueblan la Tierra, porque finalmente somos polvo de esas estrellas. Estas se forman y luego explotan en un ciclo que pareciera interminable y que quizá siga ocurriendo hasta el final de los días del Universo, cuando cesen las reacciones nucleares, se enfríe y finalmente todo se apague. 

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