‘Un problema de la actualidad es que todo es rating y dinero’: Leonardo da Jandra
El escritor y filósofo publica su libro ‘Aforismos’.
(Redacción AN/Avispero).

“Se perfectamente hacia dónde voy; lo que desconozco es en qué grado de liberación me vaya a quedar”, escribe Leonardo da Jandra (Chiapas, 1951), en Aforismos (Avispero), su nuevo libro.

Pensador radical, da Jandra ha pasado de la ciudad a la selva, y de la selva a Oaxaca, donde radica actualmente. Antes que ser un autor preocupado por la estética, el filósofo se asume como un hombre interesado en promover el conocimiento, de ahí que encontrara en Twitter un espacio digno para los aforismos, estas breves pero lúcidas formas de expresión.

¿Cómo entiende el aforismo?

El aforismo es como un balazo disparado a la parte más inteligente de la conciencia. Guillermo Fadanelli y Heriberto Yépez me han dicho que mi pensamiento es aforístico, y que incluso mis obras son una especie de fractalidad. Hace unos años Andrés Ramírez me invitó a hacer un libro de este tipo, pero me dio flojera, sin embargo cuando salí de la selva y me tuve que adaptar a los nuevos medios, descubrí que Twitter es un medio aforístico.

¿Por qué no hay una gran tradición aforística en México?

Por lo mismo que no tenemos una tradición filosófica o de pensamiento. Nuestros grandes aforistas han estado más cerca de la poética que de la filosofía. A mí me gusta usarlo como un medio de transmisión del conocimiento, sobre todo en una época como la actual donde no hay tiempo para leer. Por eso es algo tan propositivo, de hecho ya tengo otro libro.

Su próximo libro será también con respaldo filosófico.

Es ineludible, he sido metodólogo y creo que la estructura básica de la racionalidad humana es metódica. Tendemos a darle orden a las cosas y cuando lo rompemos es por una cuestión de voluntad. Ya tengo demasiada edad como para arrepentirme de mi espíritu crítico, pero hay dos libros excepcionales relacionados con los aforismos, el primero es Voces de Antonio Portia, es más poético; y el otro es para mí la obra cumbre de la aforística en lengua castellana, Escolios a un texto implícito, de Nicolás Gómez un personaje de ultraderecha. No comparto su ideología, pero son más de mil y pico páginas, toda su vida escribiendo aforismos. Hay que valorar el talento por encima de las perversiones ideológicas. Fuera de ambos casos el resto son fragmentos, esbozos casi siempre marcados por la poética, no por el pensamiento. No existe la búsqueda de un pensamiento luminoso o propositivo, lo que buscan nuestros aforistas es la belleza de la idea.

¿El aforismo como usted lo entiende, ayuda a superar la brecha creada entre la filosofía y los lectores?

Creo que este es uno de los puntos más perversos de la caída en que estamos inmersos. Es increíble que con el énfasis entre lo genital y lo oral, no nos demos cuenta de que estamos condenando a las nuevas generaciones al matadero. La academia se ha convertido en una entelequia ononástica, porque escriben de ellos para ellos. ¿Quién le va a dar ideas a la sociedad? ¿Los empresarios que la han jodido? ¿Los políticos que nos tienen a un paso del abismo? ¿Quién si no los intelectuales que cobran para pensar? ¿No deberíamos estar leyendo a Sartori o Bauman? El problema es que todo es rating y dinero. El aparato comercial ha cooptado todo. La inmundicia que vivimos en parte es por la debilidad de los pseudo intelectuales que tenemos hoy en día, que cedieron a la debilidad del dinero.

Dedica algunos de sus aforismos a la independencia intelectual. ¿Cómo serlo dentro de un sistema de becas y estímulos?

Se puede hacer. El gobierno tiró mi casa, mi proyecto. Yo estaba en la radicalidad de no optar por ninguna beca, pero me dijeron que concursara por la beca del Sistema Nacional de Creadores porque era una de las pocas maneras en que el gobierno me podía resarcir el daño. Gracias a eso construí mi nueva casa e hice una más para becar a jóvenes talentos. Nadie me ha puesto más condición que cumplir con mi trabajo. No han cooptado mi pensamiento libre. No es lo mismo vender tu fuerza de trabajo que tu trabajo. Necesito vender el libro para publicar los siguientes, pero no vendo mis ideas. Los principios dependen de la voluntad y la ética. Ya renuncié a ir a comer con políticos de los que nadie se acordará en dos años o con empresarios que son esclavos de las cadenas que construyen. No me toca decir cuál es el camino ideal, que cada quien haga lo que quiera. Yo escogí mi camino.

¿En qué momento cambió la figura del intelectual mexicano?

El intelectual en el sentido gramsciano, vivía en la adversidad, ahí es donde se forma la grandeza. Si entras en la dinámica del mundo del espectáculo es normal que te sometas a sus normas. No veo mal que se celebre al ‘Chicharito’ o a Gael García, pero de eso a preguntarles o darle demasiado valor a su opinión sobre el país, es otra cosa porque no saben de sociología o política. No se trata de que todos sean intelectuales, sería ridículo, pero hay que respetar la tarea de los demás. Vivimos una época patética, y esta es la característica de la decadencia. Grecia, Roma y ahora Estados Unidos. En México los políticos se rodeaban de gente inteligente. Echeverría jaló a Carlos Fuentes, Fernando Benitez o Ricardo Garibay. ¿Quién anda hoy con Peña Nieto? Un político inteligente conoce sus límites y busca a la inteligencia crítica. Hoy la mente crítica se deja seducir por la inmundicia. Pero no nos alarmemos, esto tocará fondo. Se joderán tres o cuatro generaciones, ¿qué importa a nivel cósmico? Después vendrán jóvenes que ya sabrán seleccionar, como buscamos en los sesenta.

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