‘La política sucia llegó al territorio de las redes sociales’: Rossana Reguillo
La autora del libro ‘Paisajes insurrectos’, defiende la importancia del uso crítico de las redes sociales.
(Ned).

Por Héctor González

Con las nuevas tecnologías los jóvenes descubrieron otras formas de agruparse. Ahora no necesitan más de unos cuantos minutos para convocar a una manifestación o para posicionar una causa en el terreno digital.

La académica Rossana Reguillo (Guadalajara, 1995), lleva poco más de treinta años siguiendo las movilizaciones juveniles. A partir de su experiencia e investigaciones, publica el libro Pasajes insurrectos (Ned), título donde analiza el desarrollo de #YoSoy132, #15M, #OccupyWallStreet y #NosFaltan43. La profesora emérita por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Occidente señala que vivimos un momento clave y advierte que hoy los adolescentes necesitan estar más preparados que nunca.

En el libro planteas el concepto “Insurrección 2.0”, ¿cómo lo defines?

Sigo el tema desde 2011 y mientras estaba en una estancia en Nueva York surgió el estallido #OccuppyWallStreet. Para mí fue un movimiento revelador. Vi a jóvenes trabajar interconectados con las máquinas y pude detectar cambios sustantivos en sus formas de movilización. Con el concepto Insurrección 2.0 no me refiero a que los motivos de la protesta hayan cambiado. Se mantiene la criminalización de los jóvenes, la falta de oportunidades y la exclusión. El cambio radical está en la forma en que se articulan y en las herramientas con que cuentan para construir sus narrativas. Aquí el desarrollo tecnológico sí juega un papel fundamental.

¿En términos de mentalidad y democratización qué define a estos movimientos?

La prolongación de la experiencia con el otro. Antes, cuando yo participaba en manifestaciones, terminaba el mitin y cada quien se iba a su casa. Ahora los jóvenes prolongan la discusión: suben las fotos a redes sociales y siguen conversando a través de sus dispositivos. Un segundo nivel consiste en la construcción de repertorios colectivos universales como son el meme, el micrófono humano o los hashtags. El conjunto de estas herramientas refleja que los jóvenes aprenden de sus propios pares. Un tercer elemento es la velocidad. Hoy son capaces de autoconvocarse en cinco minutos y eso les da un poder enorme.

Algunos analistas cuestionan características como el anonimato dentro de las movilizaciones en redes. No hace mucho lo vimos con el #MeToo

Es importante establecer una tipología para no caer en la generalización. Las movilizaciones que analizo tienen que ver con la búsqueda de una intervención sobre la agenta pública: colocar temas claves para la transformación social. El #MeToo es uno de los casos más difíciles a los que me he enfrentado. No es sencillo entender de qué está hecho. Las redes acrecientan la emocionalidad y esto puede ser tan constructivo como destructivo. Asistimos a fenómenos emergentes que aún no toman forma. Por eso es importante promover la reflexión serena e invitar al uso crítico de las redes para no caer en excesos.

¿Qué clase de cuidados debe tener la Insurrección 2.0 para no caer en los excesos?

Es difícil responder en tanto que son parte de una disputa por la narrativa predominante. Durante el auge de #YoSoy32 surgió un portal falso que se hacía pasar por el original del movimiento. Su objetivo era político. El glorioso #YaMeCanse – el hashtag más importante a nivel nacional-, en su momento fue derribado varias veces. No hace mucho incluso, quisieron revivirlo para cuestiones bastante banales. Para cómo están las cosas no me sorprendería que en breve surgiera una oleada fuerte de movilizaciones por el medio ambiente, en contra de la violencia o la falta de oportunidades.

¿Los mecanismos usados por este tipo de movilizaciones son más o menos los mismos o están regionalizados?

Hay una cuestión universalista, pero desde luego que el contexto político local juega un rol importante. En Argentina las mujeres jóvenes irrumpieron en la escena sumándose a las demandas de reivindicación de género, pero incorporando sus demandas al alzar la voz sobre la defensa del aborto.

¿Cómo conviven este tipo de manifestaciones y la política?

Cuando comencé a escribir el libro estaba del lado luminoso y la construcción. Hoy tiendo a ser pesimista porque la política más turbia y sucia se sumó al territorio de las redes sociales. En el caso mexicano vemos la polarización entre los simpatizantes y los adversarios del presidente. En Estados Unidos la derecha alternativa está ocupando los espacios digitales. En las campañas electorales de Argentina abundan los troles y bots. Me parece triste y amenazante este tipo de uso, por eso es importante detectar estas contranarrativas tecnodigitales.

Los activistas digitales tienen que estar muy atentos a este tipo de cuestiones.

Claro y una cuestión central es observar los elementos disruptivos de la inteligencia artificial. Hay programas y códigos para crearte una fotografía falsa y subirla en tu perfil; programas para construir fake news creíbles. Estamos en momento muy crítico.

¿Vamos hacia una eventual regulación de las redes?

Considero que la tecnología y las redes tienden a la autorregulación. Tenemos esfuerzos serios de parte de Twitter para controlar el uso de contenido automatizado o el uso no correcto de ciertas cuentas. Facebook en cambio, tiene una política cada vez más oscura. Aun así, creo que un Estado regulador puede ser peligroso. En Turquía, Erdogan cierra internet cada que se siente amenazado. Lo importante es tender a la educación y desde pequeños aprender a relacionarnos con las redes sociales. Necesitamos enseñar ética a los niños para que entiendan las posibilidades positivas y adviertan los riesgos negativos de internet.

libros



Temas relacionados:
Cultura
Libros





Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.