T-MEC y el discurso de soberanía | Artículo por David Ordaz
El comercio con Estados Unidos representa más del 80% de las exportaciones mexicanas. Perder o debilitar el T-MEC sería un golpe estructural para la economía nacional.
- David Ordaz

Por David Ordaz
Originalmente el 1 de julio se cumpliría el plazo para la Revisión Conjunta del Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), sin embargo, hace unos días una delegación estadounidense viajó a nuestro país para la primera ronda de negociaciones y ahí se determinó celebrar una segunda ronda en Washington, D.C., los días 16 y 17 de junio, y una tercera ronda en la Ciudad de México durante la semana del 20 de julio.
Por parte de México, las negociaciones serán encabezadas por el secretario de Economía, Marcelo Ebrard, mientras que la USTR informó que “las negociaciones se centrarán en garantizar que el T-MEC beneficie a los fabricantes, agricultores, ganaderos, trabajadores y proveedores de servicios estadounidenses, así como a las empresas de todos los tamaños, incluidas nuestras pequeñas y medianas empresas”.
Si bien es cierto que el próximo 1 de julio el T-MEC cumplirá seis años de vigencia, plazo que está marcado en el artículo 34 del acuerdo como fecha de su primera revisión, se abre la oportunidad de prorrogarlo por seis años más (hasta el 2042), aunque no representa una fecha fatal. Incluso, de no acordarse la extensión este año, las partes pueden postergarla cada año siempre que no se exceda el plazo del 2036, que marca la caducidad inicial.
Al respecto, la prestigiosa revista Foreign Policy publicó un diagnóstico demoledor donde asegura que las relaciones bilaterales han llegado a un punto de quiebre en el peor momento posible y llamándolo “el año más difícil en décadas”, advirtiendo que el quiebre se aceleró con el caso del gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya y otros nueve funcionarios de trabajar con el Cártel de Sinaloa para distribuir fentanilo, heroína, cocaína y metanfetaminas hacia Estados Unidos.
El comercio con Estados Unidos representa más del 80% de las exportaciones mexicanas. Perder o debilitar el T-MEC sería un golpe estructural para la economía nacional.
Uno de los rubros que más atrajo reflectores en las negociaciones fue el automotriz, debido a que, en 2016, durante su campaña presidencial, Trump se comprometió a reactivar el rust belt y a obligar tanto a Chrysler como a otras ensambladoras a retornar a ese cinturón industrial después que éstas se trasladaran al sur de la frontera en vista de que un trabajador allá cobraba hasta nueve veces menos.
Otro punto a considerar es el de empresas farmacéuticas y dispositivos médicos, pues ahora reciben mucho mayor protección ya que en antaño las patentes duraban de cinco a ocho años y después las fórmulas se liberaban. Ahora dicho lapso se extiende por una década, haciendo que el consumidor final tenga que pagar más por sus medicamentos.
Ayer, al presentar un informe de rendición de cuentas para conmemorar dos años de su triunfo electoral, Claudia Sheinbaum destacó varios elementos económicos que más que avances y resultados parecen un anuncio de venta narrativa que lo único que demuestra es la realidad alterna en la que viven en Palacio Nacional.
Decir que la economía mexicana permanece estable y avanzando, con récord en Inversión Extranjera Directa y colocándonos en los primeros tres países con menos desempleo del mundo es negar que la mayoría de la cifra de IED se debe a la reinversión de utilidades sin mencionar que la inversión extranjera solo representa el 9% de la inversión del país o que en materia de empleo el dato que más aumentó es el de la subocupación y el trabajo informal.
Decir que la inflación va a la baja y las tasas de interés también y por ello se ha mantenido el precio de la gasolina y la canasta básica es tan falso como la explicación que dio la presidenta cuando invitó al secretario de Hacienda a ir a un mercado a conocer el precio del jitomate.
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Más allá de todas estas cifras tan debatibles, Claudia Sheinbaum utilizó su discurso patriotero para seguirse envolviendo en la bandera nacional y en una falsa defensa de la soberanía dejó en claro que seguirá encubriendo a los políticos de Morena señalados por Estados Unidos de tener nexos con los cárteles del narcotráfico.
“Desde hace algunos meses hemos sido objeto de una ofensiva mediática y de campañas millonarias en redes sociales. No es casualidad. Detrás de ellas están los sectores conservadores nacionales e internacionales que nunca aceptaron que México recuperara su dignidad y decidiera ejercer plenamente su independencia (…) una oficina del Departamento de Justicia de los Estados Unidos solicitó, con carácter de urgente, la detención con fines de extradición a 10 ciudadanos mexicanos, entre ellos, un gobernador, un alcalde y un senador en funciones sin presentar públicamente pruebas que sustentaran esa solicitud. Un hecho de esa magnitud no tiene precedentes en la historia de nuestra relación bilateral”.
Este discurso narrativo e ideologizado, esencia del lopezobradorismo y defensor de la impunidad de la 4T ha abierto un periodo de enorme complejidad en la próxima revisión del T-MEC.
Hoy por hoy, México puede afianzar su posición como principal proveedor del mercado estadounidense y acreditar a su manufactura exportadora como el motor más importante de la economía nacional, que de hecho lo es.
Si el gobierno y la iniciativa privada son buenos negociadores se podrían consolidar ventajas competitivas que le den al país una plataforma envidiable para crecer en los años siguientes.








