opinión*
Ahora: romper el pacto de impunidad
Para la libertad por Alfredo Lecona
Foto: Isaac Esquivel/ Cuartoscuro

Por Alfredo Lecona

Se llama pacto de impunidad y lo hemos padecido por décadas. Es un contrato reeditado cada tres o seis años por quienes se van turnando las sillas, escaños y curules, con una cláusula que soporta su vigencia: mantener el desencanto general con la política.

Cada vez que escuchamos que un político pobre es un pobre político, que quien vive fuera del erario vive en el error y que hay que votar por el menos peor, es el pacto funcionando para normalizar lo inaceptable y alejar a quienes tenemos el poder de romperlo, de los cuartos y oficinas donde se negocia su renovación.

El pacto reduce la seguridad, felicidad y la vida de las personas, a monedas de cambio. Fuera del pacto, se resiste y se lucha en medio del miedo, la corrupción, la violencia y la miseria. Dentro del pacto se compran mansiones y se rentan aviones con el dinero que roban a las personas para su salud, educación, seguridad y vida digna. En el pacto, el cinismo. Fuera del pacto, la dignidad.
La brecha abierta por el pacto ha generado tal estruendo, que en estos momentos en los que se intenta renovar, la negociación se va revelando.

Enrique Peña Nieto, el apoderado en turno de los beneficiarios del pacto, ha mostrado lo diminuto que son todos sus suscriptores. Su corrupción y autoritarismo le ha abierto tantos frentes, que desde el desorden en la sala de negociación, se escuchan las voces de impresentables como Aureoles, Mancera, Graco, Margarita, Anaya, Moreno Valle, Osorio, Videgaray, Eruviel y el Bronco, cantando su interés de sucederlo, mientras quien alguna vez los señaló como mafiosos, hoy grita “amnistía”, queriendo decir “impunidad”. Peña y los beneficiarios de su sexenio de 6% (y a la baja) escucha con atención.

Con todas esas aspiraciones anotadas para 2018, el puntero hoy no puede presumir más allá de una preferencia electoral que no llega ni a 3 de cada 10 personas, superado por más del doble, por quienes estarían dispuestos a votar por una opción que no provenga de algún partido político. El descontento con la partidocracia es el mejor indicador del hartazgo general con el pacto de unos cuantos.

El miedo de la clase política a las candidaturas independientes, hizo que los partidos – fiduciarios del pacto- las convirtieran casi en una utopía, de paso golpeada por un falso emblema de estas, el gobernador de Nuevo León; pero con destellos de lo posible, como los que desde el distrito 10 de Jalisco, han reivindicado la idoneidad y efectividad de la independencia, cuando hay apego a la congruencia y a los valores democráticos.

Si bien es cierto que las candidaturas independientes pueden ser una opción para golpear el pacto de impunidad de la partidocracia, aquellas que surjan solo desde la popuaridad o del individualismo, desaprovecharían la oportunidad de enunciar todos los elementos del pacto, para romperlo definitivamente.

La crisis del pacto ha generado las condiciones para la irrupción social en dos dimensiones:

La primera, para construir, impulsar y promover mediante un movimiento amplio, común y colectivo, un proyecto de país para devolver el poder a la gente.

La segunda, para desafiar a los defensores y beneficiarios del pacto, disputándoles la representación política para recuperar las instituciones a través del proceso electoral de 2018.

En este contexto, el pasado domingo 26 de enero, en Tlatelolco, se presentó Ahora, una iniciativa ciudadana que se plantea varios desafíos rumbo al año electoral.

Ahora no se trata solo de una candidatura, aunque la necesidad mediática ponga de frente a Emilio Álvarez Icaza como contendiente y no como un referente de encuentro para muchas personas. Antes y después de cualquier candidatura, el reto es generar un movimiento con las personas que no encuentran representación en los partidos políticos, para sumar luchas por la dignidad y construir una relación basada en la libertad y no en la subordinación, ni en intereses oportunistas y mezquinos. Por eso, Ahora pretende construir colectivamente su propio programa de gobierno, mientras –en un ejercicio de congruencia y valoración de la realidad- se busca, el aval de 80 mil personas, que es poco menos del 10% de apoyos ciudadanos que se requieren para registrar una candidatura independiente. Si el proyecto consigue los avales en siete meses, habrá generado el eco y diálogo suficiente para dar el siguiente paso.

La forma de participar está planteada para que a través de círculos (grupos formados a partir de 5 personas) se desarrollen mecanismos de coordinación, deliberación y diálogo en torno a problemáticas y temas regionales, orientados a participar en la construcción del programa de gobierno del movimiento y la creación e impulso de agendas legislativas.
En ese ejercicio de empoderamiento y recuperación de la política, Ahora también busca impulsar candidaturas a diversos puestos de elección, solo de quienes cumplan y acepten los principios de financiamiento, éticos y organizativos y suscriban el programa del movimiento.

Desde la presentación del domingo 26, Ahora ha sido el centro de sanas críticas, pero también de ataques originados, principalmente, en la idea de que el movimiento está pensado para restarle votos a López Obrador y atomizar el voto de la izquierda. En realidad se trata de encontrar juntas y juntos, el camino al verdadero tránsito a la democracia, rompiendo el pacto de impunidad, no con banderas de pureza, ni entendiendo a los promotores iniciales como estandartes únicos de la dignidad nacional, pues el llamado es a construir con y para quienes en todo el país y desde hace muchos años, resisten el pacto. Es especialmente a quienes la partidocracia les ha marginado y robado la tranquilidad y la alegría. Es a irrumpir y terminar con un sistema creado para desaprender la política.

Si no hay irrupción, si no les robamos 2018 a los beneficiarios y cómplices del pacto, quienes lleguen heredarán un umbral de tolerancia de tal magnitud, que hoy permite que un presidente con popularidad de (o casi de) un dígito, arrastrando una cantidad inaceptable de agravios, se mantenga en el poder sin consecuencias (y sobre ese, también tendremos que construir mecanismos para que no se refugie en la impunidad).

Para la irrupción, Ahora es una propuesta.

Alfredo Lecona

Activista. Defensor de derechos humanos. Manifestante. Nació en la Ciudad de México en 1986. Apasionado de la libertad de expresión desde mayo de 2012, cuando jóvenes universitarios dieron una lección de dignidad al país. Ha promovido y acompañado procesos legislativos y políticos desde la sociedad civil y como asesor parlamentario, sin haber pertenecido nunca a partido político alguno. Apartidista. Consultor en temas de libertad de expresión, justicia, corrupción, transparencia y organizaciones de la sociedad civil.

*La opinión aquí vertida es responsabilidad de quien firma y no necesariamente representa la postura editorial de Aristegui Noticias.


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