5 voces contra la violencia de género
A unos días de la marcha del pasado 16 de agosto, cinco escritoras jóvenes reclaman la importancia de atender de manera urgente la violencia contra las mujeres.

Según cifras oficiales en México tres mujeres son asesinadas al día y 49 son abusadas sexualmente a diario. A fin de manifestar su rabia contra el gris panorama, un grupo de activistas y feministas decidieron tomar las calles el pasado 16 de agosto. La manifestación puso a la movilización en la mira a un movimiento que hizo del espacio público su territorio.

A continuación, cinco escritoras y activistas dan su testimonio sobre lo ocurrido aquel viernes, pero sobre todo reivindican su demanda de seguridad e igualdad.

#TenemosQueHablarDeViolación

 Irasema Fernández (Escritora, ilustradora y activista feminista).

Las mujeres nacimos en una guerra en contra de nosotras por el simplísimo hecho de ser mujeres y nada más: y esta guerra se castiga con el acoso, el abuso, la violación, la desaparición, el feminicidio, la burla, el silencio y la indiferencia. El 70% de los abusos sexuales suceden dentro de la casa: son los tíos, padres, hermanos, primos y abuelos quienes abusan a las integrantes de una familia u otra.

Se nos hace pensar que la violación y el abuso nos sucede de manera individual. Y crecemos solas, con un secreto que nos pidieron callar y que callamos por vergüenza. El abuso daña la autoestima y todos los niveles afectivos de nuestra vida. Falsamente creemos que lo que nos ha sucedido no le pasará a nuestras sobrinas, a nuestras hijas o nuestras nietas, pero no es verdad. Todas las mujeres somos abusadas en el espacio público y privado más de una vez en nuestras vidas. ¿Por qué no compartimos de generación en generación con las mujeres más jóvenes de nuestra casa, lo que es el abuso, cómo detectarlo, rechazarlo y pedir ayuda? Porque se nos obliga el silencio.

Se tiene que hablar de la violación en el espacio público sin revictimizar, sino como un problema social que se encuentra en la médula de la cultura y las tradiciones. Tenemos que crear lazos y organización entre las mujeres, para defendernos y cuidarnos.. La violencia contra nosotras se ha recrudecido como nunca antes. Uniremos fuerzas y nuestra lucha crecerá en número, saldremos a la calle para que no exista ni una menos, tomaremos el espacio público y quemaremos lo que tengamos que quemar hasta que logremos el ejercicio pleno de nuestros derechos humanos.

Fuimos todas

Ytzel Maya (Escritora y activista).

Primero llegaron los flashes, las decenas de entrevistas, luego mis amigas y las mujeres que apenas conocía y que también, en ese mismo momento, se convirtieron en una amalgama de confianza y cariño, un solo grito, un solo rostro cubierto con un pañuelo verde y antifaz de diamantina rosa. Empezamos a avanzar hacia la concentración y todo fue sólo el justo tiempo para gritar, para romper, para incendiar.

Vi cómo se rompían los cristales y cómo las llamas fueron abarcándolo todo. Agarré la mano de mi novia mientras sosteníamos también las de otro ciento en una valla que nos separaba del resto del mundo. En ese contingente éramos nosotras contra todo. Éramos nosotras las mismas a las que no hace mucho violaron, golpearon y mataron. Éramos nosotras y la hermana de mi amiga a la que violaron afuera del metro y unos policías no quisieron ayudar; éramos nosotras y la exnovia de Sofía que fue revictimizada después de denunciar una violación; éramos nosotras y mi cuerpo encerrado en un baño pidiendo que José me dejara ir de su departamento después de intentar violarme. Todas quebramos los cristales. Fuimos todas porque a todas alguna vez también nos quebraron.

Estamos viviendo La Historia, una resignificación de los monumentos a través de los movimientos sociales que nos acontecen, que nos atraviesan el cuerpo, todo esto conjugado en un solo grito: Mi cuerpo es mío, tengo autonomía, yo soy mía.

Violación

Cristina Salmerón (Escritora).

El imaginario de lo que es una violación no debería estar tan limitado a un pasaje de ficción. Se piensa que los violadores son esos hombres que salen de un callejón oscuro cuando una mujer pasa sola por la calle y entonces se aprovechan de ella.

La realidad es que los violadores tienen rostros no anónimos: son los sacerdotes, son los padrastros, los policías, los hermanos, los primos, los padres, las parejas, los profesores, los amigos, los colegas del trabajo, los jefes, los machos, los que no tienen respeto por nuestro ser, nuestro cuerpo y nos rompen de muchas formas.

Las cifras de la ONU-Mujeres indican que cada 18 segundos una mujer es violada. Nos llamaron violentas por pedir seguridad, por exigir justicia contra los agresores sexuales, por ser empáticas con las víctimas, por aventar diamantina y rayar muros históricos. Lo material se restaura, la vida de una persona puede que no se restaure jamás.

Hablar de violación, por desgracia, es hablar de la vida misma de muchas mujeres. Cuando una habla, enciende una chispa, otra mujer toma valor y dice “yo también” y se crea una llama que comienza a desvelar esa cifra negra, a incendiarlo todo. Es una reacción en cadena de dolor que se vuelve necesaria. Hablar es terminar con el tabú, con el silencio y poner el tema a la vista de todo. Sí estamos hartas y no vamos a pedir perdón por estar furiosas.

Hartazgo

Xóchitl Rodríguez (Comunicóloga).

Dicen que “violencia no se combate con violencia” y que las movilizaciones para exigir seguir con vida en la Ciudad de México son provocaciones; dicen que somos unas locas, que el Ángel no tenía la culpa, que fuimos grupos de choque queriendo desestabilizar el gobierno de Claudia Sheinbaum, la misma que solo quiere abrir el diálogo a las “buenas feministas”.

Pero nosotras ya no nos compramos ese discurso que quiere enemistarnos, el hartazgo entre tantas violencias y el entusiasmo por sabernos juntas está construyendo más; con las pintas, las caras cubiertas y la diamantina rosa sabemos que tenemos nuestras espaldas cubiertas.

No necesitamos la aprobación de Beatriz Gutiérrez Müller, porque nuestros lazos y organizaciones van más allá de unas cuantas miradas oficiales; porque sabemos que no somos perfectas, que los problemas son estructurales y no tienen una solución sencilla, pero lo que sí entendemos es que nos queremos sin miedo y no vamos a detenernos hasta que sea una realidad vivir seguras.

¿Por qué marchamos con diamantina?

 Sujaila Miranda (Escritora).

El pasado 16 de agosto las mujeres marchamos TODAS JUNTAS –porque de eso se trata– hacia el Ángel – al cual mejor hay que decirle Victoria alada o la hermosa Niké, porque hasta a los monumentos los masculinizan en esta sociedad falocéntrica–.

En el camino se nos atravesó una estación de metrobús y una estación de policías. Ambos lugares fueron destruidos. Las chicas hiper fuertes –e hiper indignadas con tres toneladas de coraje en el alma por un país feminicida que ha acumulado la cifra de 9 mujeres asesinadas al día– lograron romper los cristales de la puerta de la estación de policía de la calle de Florencia. ¡Todas aplaudimos! Y gritamos: “¡Fuimos todas!”

Con la puerta quebrada, varias pudieron entrar y comenzaron a prender fuego adentro del edificio. Fue un maravilloso performance revolucionario, lleno de glitter, fuego, inspiración y fuerza, hecho para demostrar nuestro punto: queremos prenderle fuego y que se haga cenizas esta cotidianidad que nos asesina sistemáticamente, que no nos deja ni asomarnos a las calles sin miedo, que tiene un cuerpo de policías que no nos cuida sino que nos viola, que no nos permite pedir un Uber sin dudarlo y darle mil vueltas al asunto porque “qué tal que me secuestra y me desaparece” ¡Basta! ¡Ni una más!

Ahora, un monumento está lleno de pintas, y la gente se escandaliza, se indigna. Pero el monumento fue intervenido y resignificado para ahora tener mucho más relevancia social, histórica y simbólica; en su centro se lee “México feminicida”.

¿Por qué destruimos la estación de metrobús? ¿Por qué prendimos fuego a la estación de policías? ¿Por qué reímos, brincamos y gritamos en las calles? ¿Por qué marchamos con diamantina? Porque todo eso brilla y entre tanta oscuridad en la que nos han sumergido prendemos una antorcha de esperanza para que se ilumine nuestra realidad: las feministas somos luz.

libros



Temas relacionados:
Cultura
Feminicidios
Libros
Sociedad





Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.