'¿Cómo puede servir a los estadounidenses la masacre de niños inocentes?', pregunta presidente de Irán al pueblo de EE.UU.
El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, publicó una carta dirigida "al pueblo de Estados Unidos de América" en la que acusa a Trump de estar "manipulado" por Israel
- Redacción AN / JOF

El presidente de Irán, Masoud Pezeshkian, publicó este miércoles 1 de abril, una carta dirigida “al pueblo de Estados Unidos de América” en la que acusa al Gobierno de Donald Trump de actuar “influenciado y manipulado” por Israel, en lugar de defender los intereses del pueblo estadounidense.
En su cuenta de X, Pezeshkian denunció una campaña de desinformación en contra de su país y pidió a los estadounidenses que se pregunten si Trump está priorizando al pueblo estadounidense:
“Es ‘América First’ realmente una de las prioridades del Gobierno de Estados Unidos hoy?”
Tras asegurar que Irán nunca inició una guerra, que buscó un acuerdo y cumplió sus compromisos antes de ser atacados por Estados Unidos e Israel, el presidente iraní negó que el país persa represente una amenaza para el mundo o sus vecinos.
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“¿No es evidente que Israel pretende ahora combatir a Irán hasta el último soldado estadounidense y el último dólar del contribuyente estadounidense —trasladando el costo de sus ilusiones a Irán, a la región y al propio Estados Unidos en busca de intereses ilegítimos?”, cuestionó Pezeshkian.
Irán no es una amenaza, es un invento para la dominación: Pezeshkian
“Presentar a Irán como una amenaza -afirma- solo es producto “de los caprichos políticos y económicos de los poderosos, de la necesidad de fabricar un enemigo para justificar la presión, mantener la dominación militar, sostener la industria armamentística y controlar mercados estratégicos”.
“En un entorno así, si una amenaza no existe, se inventa”, dice el presidente iraní, que asegura que si el país ha intentado mejorar sus capacidades defensivas ha sido en “legítima defensa” ante la concentración de fuerzas y bases por parte de Estados Unidos alrededor de Irán.
En la carta, el dirigente de la república islámica insiste en que el pueblo iraní “no alberga enemistad hacia otras naciones, incluyendo al pueblo de Estados Unidos, Europa o los países vecinos”.
Se muestra especialmente crítico con Israel al que acusa de intentar desviar la atención de sus crímenes contra los palestinos y de usar “hasta el último soldado estadounidense y el último dolar del contribuyente estadounidense para sus intereses ilegítimos”.
Pezeshkian se pregunta cómo puede servir a los intereses de los estadounidenses el bombardeo de instalaciones civiles y la masacre de niños inocentes; así como la destrucción de farmacéuticas que fabrican medicamentos contra el cáncer:
La masacre de niños inocentes, la destrucción de instalaciones farmacéuticas para el tratamiento del cáncer, o jactarse de bombardear a un país ‘hasta la edad de piedra’, ¿sirve a algún propósito más que dañar aún más la posición global de Estados Unidos?
Señala que el mundo se encuentra ante una encrucijada y advierte que seguir el camino de la confrontación “es más costoso e inútil que nunca”.
En cualquier caso, destaca que: “A lo largo de milenios de orgullosa historia, Irán ha sobrevivido a muchos agresores. Todo lo que queda de ellos son nombres empañados en la historia, mientras Irán perdura resilente, digno y orgulloso”.
A continuación el texto íntegro traducido por la Embajada de Irán en México:
Carta del Presidente de la República Islámica de Irán al pueblo de los Estados Unidos de América
En el nombre de Dios, el Compasivo, el Misericordioso
Al pueblo de los Estados Unidos de América, y a todos aquellos que, en medio de una avalancha de distorsiones y narrativas fabricadas, continúan buscando la verdad y aspirando a una vida mejor:
Irán —por este mismo nombre, carácter e identidad— es una de las civilizaciones continuas más antiguas de la historia humana. A pesar de sus ventajas históricas y geográficas en distintos momentos, Irán nunca, en su historia moderna, ha elegido el camino de la agresión, la expansión, el colonialismo o la dominación. Incluso después de soportar ocupaciones, invasiones y presiones sostenidas de potencias globales —y a pesar de poseer superioridad militar sobre muchos de sus vecinos— Irán nunca ha iniciado una guerra. Sin embargo, ha repelido con firmeza y valentía a quienes lo han atacado.
El pueblo iraní no alberga enemistad hacia otras naciones, incluidos los pueblos de América, Europa o los países vecinos. Incluso frente a repetidas intervenciones y presiones extranjeras a lo largo de su orgullosa historia, los iraníes han distinguido consistentemente entre los gobiernos y los pueblos que estos gobiernan. Este es un principio profundamente arraigado en la cultura iraní y en la conciencia colectiva, no una postura política temporal.
Por esta razón, presentar a Irán como una amenaza no es coherente ni con la realidad histórica ni con los hechos observables del presente. Tal percepción es producto de los caprichos políticos y económicos de los poderosos: la necesidad de fabricar un enemigo para justificar presiones, mantener la dominación militar, sostener la industria armamentística y controlar mercados estratégicos. En ese contexto, si no existe una amenaza, se la inventa.
Dentro de este mismo marco, Estados Unidos ha concentrado el mayor número de sus fuerzas, bases y capacidades militares alrededor de Irán —un país que, al menos desde la fundación de Estados Unidos, nunca ha iniciado una guerra. Las recientes agresiones estadounidenses lanzadas desde estas mismas bases han demostrado cuán amenazante resulta tal presencia militar. Naturalmente, ningún país enfrentado a tales condiciones renunciaría a fortalecer sus capacidades defensivas. Lo que Irán ha hecho —y continúa haciendo— es una respuesta medida basada en la legítima defensa, y en ningún caso el inicio de una guerra o agresión.
Las relaciones entre Irán y Estados Unidos no fueron originalmente hostiles, y las primeras interacciones entre los pueblos iraní y estadounidense no estuvieron marcadas por tensión o enemistad. El punto de inflexión, sin embargo, fue el golpe de Estado de 1953 —una intervención ilegal estadounidense destinada a impedir la nacionalización de los propios recursos de Irán. Ese golpe interrumpió el proceso democrático iraní, reinstauró la dictadura y sembró una profunda desconfianza entre los iraníes hacia las políticas de Estados Unidos. Esta desconfianza se profundizó aún más con el apoyo de Estados Unidos al régimen del Shah, su respaldo a Saddam Hussein durante la guerra impuesta de los años 80, la imposición de las sanciones más largas y completas de la historia moderna, y finalmente, la agresión militar no provocada —en dos ocasiones, en medio de negociaciones— contra Irán.
Sin embargo, todas estas presiones no han logrado debilitar a Irán. Por el contrario, el país se ha fortalecido en muchos ámbitos: las tasas de alfabetización se han triplicado —de aproximadamente el 30% antes de la Revolución Islámica a más del 90% en la actualidad; la educación superior se ha expandido de manera notable; se han logrado avances significativos en tecnología moderna; los servicios de salud han mejorado; y la infraestructura se ha desarrollado a un ritmo y escala incomparables con el pasado. Estas son realidades medibles y observables que existen independientemente de narrativas fabricadas.
Al mismo tiempo, no debe subestimarse el impacto destructivo e inhumano de las sanciones, la guerra y la agresión sobre la vida del resistente pueblo iraní. La continuación de la agresión militar y los recientes bombardeos afectan profundamente la vida, las actitudes y las perspectivas de las personas. Esto refleja una verdad humana fundamental: cuando la guerra inflige daños irreparables a vidas, hogares, ciudades y futuros, las personas no permanecen indiferentes hacia los responsables.
Esto plantea una pregunta fundamental: ¿exactamente qué intereses del pueblo estadounidense se están sirviendo realmente con esta guerra? ¿Existía alguna amenaza objetiva por parte de Irán que justificara tal comportamiento? ¿La masacre de niños inocentes, la destrucción de instalaciones farmacéuticas para el tratamiento del cáncer, o jactarse de bombardear a un país “hasta la edad de piedra” sirve a algún propósito más que dañar aún más la posición global de Estados Unidos?
Irán buscó negociaciones, alcanzó un acuerdo y cumplió todos sus compromisos. La decisión de retirarse de ese acuerdo, escalar hacia la confrontación y lanzar dos actos de agresión en medio de negociaciones fueron decisiones destructivas tomadas por el gobierno estadounidense —decisiones que sirvieron a las ilusiones de un agresor extranjero.
Atacar la infraestructura vital de Irán —incluidas las instalaciones energéticas e industriales— afecta directamente al pueblo iraní. Más allá de constituir un crimen de guerra, tales acciones tienen consecuencias que se extienden mucho más allá de las fronteras de Irán. Generan inestabilidad, aumentan los costos humanos y económicos, y perpetúan ciclos de tensión, sembrando semillas de resentimiento que perdurarán durante años. Esto no es una demostración de fuerza; es una señal de desconcierto estratégico y de incapacidad para lograr una solución sostenible.
¿No es también el caso que Estados Unidos ha entrado en esta agresión como un actor indirecto en nombre de Israel, influenciado y manipulado por ese régimen? ¿No es cierto que Israel, al fabricar una amenaza iraní, busca desviar la atención global de sus crímenes contra los palestinos? ¿No es evidente que Israel pretende ahora combatir a Irán hasta el último soldado estadounidense y el último dólar del contribuyente estadounidense —trasladando el costo de sus ilusiones a Irán, a la región y al propio Estados Unidos en busca de intereses ilegítimos?
¿Está realmente “America First” entre las prioridades del gobierno estadounidense hoy?
Les invito a mirar más allá de la maquinaria de desinformación —parte integral de esta agresión— y, en su lugar, hablar con quienes han visitado Irán. Observen a los numerosos inmigrantes iraníes exitosos —formados en Irán— que hoy enseñan e investigan en las universidades más prestigiosas del mundo, o que contribuyen a las empresas tecnológicas más avanzadas de Occidente. ¿Coinciden estas realidades con las distorsiones que se les presentan sobre Irán y su pueblo?
Hoy, el mundo se encuentra en una encrucijada. Continuar por el camino de la confrontación es más costoso e inútil que nunca. La elección entre confrontación y compromiso es real y trascendental; su resultado moldeará el futuro de las generaciones venideras. A lo largo de milenios de orgullosa historia, Irán ha sobrevivido a numerosos agresores. De ellos solo quedan nombres manchados en la historia, mientras Irán perdura —resiliente, digno y orgulloso.
(Con información de EFE)












