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“Me considero un hombre de tendencia socialista y de ánimo anarquista”: Guillermo Fadanelli

El escritor mexicano publica su nueva novela ‘Fango’.

  • Redacción AN / HG
01 Feb, 2026 05:40
“Me considero un hombre de tendencia socialista y de ánimo anarquista”: Guillermo Fadanelli

Por Héctor González

Vuelve Benito Torrentera, aquel memorable personaje que hizo de Lodo, una de las ficciones más reconocidas de Guillermo Fadanelli.

Fue a partir de la curiosidad que el escritor decidió retomarlo 24 años para lo que ahora es Fango (Penguin Random House), una nueva novela que encuentra en su protagonista a una especie de antihéroe capaz de hacer hasta lo imposible por lo que considera justo, a pesar de que ya sabe lo que es pisar la cárcel.

“Torrentera y yo como autor, tenemos mucho en común, pero esto no quiere decir que yo sea él”, advierte Fadanelli, durante una entrevista donde también hace un recuento de batallas ganadas y perdidas.

Le dedicas Fango a Arnoldo Kraus, ¿por qué?

Era un filósofo de la bioética, un escritor de ficciones y ensayista, pero sobre todo era un gran amigo. Además, era basquetbolista como yo lo fui durante quince o veinte años. Nos unió una extraña amistad. Nos veíamos poco, pero siempre fue generoso conmigo. Nunca me cobraba las consultas. Lo único malo de ir a su consultorio es que como era un gran conversador, charlaba 55 minutos y los últimos cinco se dedicaba a revisarme. También éramos presentadores de nuestros respectivos libros.

¿En literatura eran afines?

No, él siempre estuvo muy atento a la tragedia que vivió su madre y su familia judía en los tiempos del fascismo alemán y rememoraba a menudo el Holocausto. Escribía ficciones un tanto biográficas, tenía colaboración cercana con Vicente Rojo, con quien hizo varios libros. En su casa conocí a Manuel Felguérez y Carlos Payán, entre otras personalidades de la cultura.

Quizá los unía una reflexión ética sobre el presente.

Siempre estuvimos de acuerdo en el horizonte ético que cada uno construyó desde sus trincheras. Él era más belicoso a la hora de cuestionar al personaje público, yo soy más furioso en cuestión de las ideas morales que lastiman a la sociedad.

Algo de eso hay en esta novela, el protagonista de Fango es un antihéroe fiel a su ética.

Sí, Benito continúa siendo un nihilista y pesimista en cuanto a lo social. Sin embargo, no cesa de mantener una moral o una ética, es un efímero héroe urbano. Creo que el pesimista es el optimista real porque parte de la tragedia y de la posibilidad del mal para construir mecanismos de sobrevivencia, de lo contrario sería ingenuo. Por eso en Fango, toma la figura de Santos Degollado como emblema de su propia tragedia, recordemos que a este general le llamaban el “general derrotas” porque perdió más batallas de las que ganó durante la Reforma. Sin embargo, a Benito Torrentera, que sale de la cárcel más amargo y con un mayor conocimiento de la malicia, le atrae este personaje histórico y trágico.

¿En qué momento decides que es momento de que salga de la cárcel Benito Torrentera?

A partir de una curiosidad sobre cómo sería la vida de Torrentera quien todavía no es viejo. ¿Cuál sería su final o derrotero una vez siendo liberado del penal de Morelia?, pero también quise poner a prueba mi oficio literario, ¿podría yo continuar el humor, el sarcasmo o la idea de que la razón no domina las pasiones? Por fortuna, me resultó muy sencillo, de inmediato encontré de nuevo la voz y me sentí privilegiado de poder darle vida a un personaje creado más de veinte años.

¿A qué le atribuyes que te fuera tan fácil retomar la voz del personaje?

En el sentido más estricto de la honestidad, Torrentera y yo como autor, tenemos mucho en común, pero esto no quiere decir que yo sea él. El uso de la primera persona en la narración se debe a que me parece una herramienta más enigmática. Por otro lado, no negaré que la ética y el temperamento del personaje es similar al mío.

Al final Benito busca a su manera, la justicia.

Santos Degollado fue desacreditado por Benito Juárez porque buscaba que cesaran las guerras y hubiera más paz y justicia, como también lo hizo Ignacio Comonfort, ambos del siglo XIX. Por supuesto que Benito busca la justicia, pero no porque crea en que el Hombre es bueno por naturaleza, sino porque esa justicia nos llevará a vivir con tranquilidad y nos dará más libertad. Se acerca bastante a la filosofía de Armatya Sen, quien plantea que para acercanos a la justicia y plantearnos ideas acertadas sobre la ética solo habría que preguntarnos que anda mal y qué podemos hacer para resolverlo. Es decir, la eficacia política, de los gobiernos y los funcionarios públicos, donde la honradez es fundamental para construir horizonte ético hacia el cual transitar. En lo personal, ya no lo veo, me imagino que en unos cincuenta o cien años quizás se logren construir instituciones fuertes, autónomas y que fortalezcan nuestra idea de justicia y tranquilidad social. Las sociedades cambian lentamente, no puedes transformarlas de la noche a la mañana. Al final, la política es conversación y solo tiene sentido como una ética, no como una forma o manera de ejercer el poder de manera frontal.

 

 

Pero eso dista mucho de la realidad, últimamente estás muy activo en redes sociales opinando sobre la coyuntura.

Sí, en mi caso el hecho de ser un pesimista no detiene mi curiosidad respecto a la sociedad en la que vivo. Finalmente, más allá de la herramienta que es la Inteligencia Artificial, que solo es un instrumento que intenta imitar el pensar en el ser humano, la inteligencia es la capacidad del ser humano para situarse en una circunstancia. Es la capacidad de estar alerta y de conocernos a nosotros mismos y a quienes nos rodean, es decir, a los vecinos y a la comunidad. Por eso a veces en la madrugada lanzo algunos tuits con opiniones que no tendrán ninguna repercusión ni harán diferencia alguna, pero que obedecen a un impulso.

Ya hablamos de que en la novela hablas en las batallas ganadas por Sangos Degollado, pero ¿cuáles son tus batallas ganadas?

En la literatura me puedo dar por satisfecho, no por el recibimiento o la crítica de mis libros, sino por el placer de escribirlos. Todavía me da placer el escribir y este momento, unos de los de mayor nihilismo, siempre a la hora de escribir me transporto a otro espacio y me siento como diría Vargas Llosa, como pez en el agua. También está mi relación amorosa con Yolanda, con quien llevo viviendo más de treinta años; desde luego mi época de basquetbolista que me implicaba mucho esfuerzo. Jugué en la selección de la UNAM y luego en la Secretaría de Comunicaciones ya por dinero; la amistad que para mi es un bien, hay que cultivarla y a veces hay que sacrificarse y dar pasos para atrás para conservar a las amistades. Y por último el recuerdo del paso de la infancia a la adolescencia, era una época feliz, aunque la felicidad no pueda definirse.

Para ser un escritor que trabaja el tema del fracaso tienes bastantes batallas ganadas.

Sí, quizás una de las batallas más dolorosas que he perdido es la cuestión económica. Muerto mi padre y mi madre, muy jóvenes, apenas rebasaban los sesenta años, no logré tener una solvencia económica suficiente para cuidar de mi pareja. Yo rento un departamento, se que voy a trabajar toda mi vida. Creo que las becas no son una dádiva, sino un contrato donde desde mi punto de vista, es el Estado quien sale ganando. Humildemente soy uno de los pocos escritores mexicanos que solo viven de lo que escriben, es decir, mis columnas y mi beca. Y también está mi editorial Moho, pero no me da ganancias y solo consiste en dar a conocer escritores que considero interesantes, pese a que es un trabajo muy agotador no da ganancias. De pronto algunos amigos te ayudan o alguien con un puesto gubernamental tiene la posibilidad de echarte la mano. Lamento no haber podido darle a mi pareja o a mi familia, una vida más digna económicamente, esa es una derrota importante que equilibra las batallas ganadas.

Aunque en un país como México vivir de lo que te gusta es un lujo.

Lo sé y por eso, aunque no me gusta autodefinirme, me considero un hombre de tendencia socialista y de ánimo anarquista, entendido como alguien que desconfía de la autoridad o del poderoso, para mí el anarquismo es un estímulo para la libertad individual como decía Prokopkin. No tolero a los partidos políticos, desde que tengo uso de memoria nos gobiernan los peores. Sin embargo, no hay un individuo que pueda vivir solo, requiere de una buena relación con los demás, el Yo es el otro también. Una buena vecindad es necesaria para que sobreviva el individuo.

Al principio decías que el pesimista es un optimista, en este sentido, ¿cuál es el piso de tu optimismo?

Recuerdo la novela El jugador, de Dostoievsky, donde un ruso le dice a un francés: “ustedes los franceses no saben apostar porque juegan para ganar, en cambio los rusos jugamos para perder”. Para mí, que creo participar del alma rusa, el pesimismo me hace estar más tranquilo al momento de presenciar el derrumbe del optimismo. Creo que es en El hombre rebelde, donde Camus dice: “negar no es renunciar”, creo que es una buena definición acerca del optimismo.

En términos futboleros, hay seguidores del Atlas que dicen: le voy al Atlas, aunque ganen…

Exactamente, por supuesto no tengo ninguna esperanza al respecto de la resurrección o de la construcción de una sociedad justa o más equilibrada. Sin embargo, como apostador tu sabes que cualquier cosa puede pasar, incluso podemos ganar.

 

 

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