Dos artículos sobre Octavio Paz, a 100 años de su nacimiento
En el centenario del poeta y ensayista mexicano, Jesús Silva-Herzog Márquez y Juan Domingo Argüelles escriben sobre la importancia de Octavio Paz en la vida cultural de nuestro país y el legado que dejó.
Paz 1
(octaviopaz.mx)

Este lunes 31 de marzo se conmemora el centenario del nacimiento del escritor y poeta mexicano Octavio Paz. Presentamos fragmentos de un par de textos sobre la vida y obra del único Premio Nobel de Literatura mexicano, que dejó legado y es un referente de la cultura de nuestro país.

Los artículos que a continuación presentamos fueron escritos por Jesús Silva-Herzog Márquez y Juan Domingo Argüelles , el primero publicado en el periódico Reforma y el segundo en La Jornada Semanal.

“Paz contra Paz”

Por Jesús Silva-Herzog Márquez

Reforma, 31 de marzo

Octavio Paz nunca dejará de ofrecernos su mirada. Como el clásico que es, le hablará a las generaciones venideras y ayudará a perfilar identidades -sea por afinidad o por oposición. No desaparecerá del horizonte cultural de México, nunca nos será indiferente. Algunos sentirán el hechizo de su universo completo; la mayoría escogerá un trozo de Paz: unos su poesía, otros su crítica de arte, la biografía de Sor Juana, sus apuntes sobre el erotismo. Algunos preferirán al joven Paz, otros al maduro. Muchos afilarán cuchillos en su piedra. Pensarlo como contrincante será siempre atractivo. La crítica que él ejerció como una pasión vital llama a las dos relaciones: la admiración y el desapego; el elogio y el reparo.
Los homenajes oficiales del centenario amenazan con convertir en estatua al crítico. El incansable experimentador transformado en catálogo de frases para los discursos. Salones Octavio Paz; en letras de oro, Octavio Paz; en los billetes de lotería, Octavio Paz; en espectaculares y camiones, Octavio Paz. Paz musicalizado; Paz fosilizado. Cruel ironía, el hombre que denunció al dinero como la araña que convertía en moscas a los hombres, transformado en moneda acuñada por el Banco de México. El hombre que quemaba billetes, prestando cara al dinero. La celebración de Paz, meritoria por muchas razones, deslumbrante por su convocatoria y organización, resulta también irritante por hegemónica: el poder político y el poder económico, los medios y los partidos, las universidades y los diarios en afanosa competencia de elogios. No me he ahorrado los míos: más que convencerme, Octavio Paz me conmueve. Me maravillan la limpieza y la hondura de su razón sensible. Por eso mismo me incomoda la aplanadora de los aplausos. El poeta se erige en Autoridad Inapelable por decreto del poder y los negocios, negación absoluta de la hélice crítica.
Octavio Paz sigue siendo una presencia abrumadora, en alguna medida, aplastante. No hay territorio que no haya recorrido, no hay sitio donde no haya dejado huella. Es cierto que a Paz se le lee mal: como pensador concluyente. Su tono puede ser, en ocasiones, imperativo, su vehemencia polémica era, sin duda, demoledora. Pero nunca dejó de ser un ensayista en la plenitud del sentido original: un escritor que no solo expone ideas sino también dudas: que examina, propone, sugiere. Un autor abierto como nadie al sentido de la contradicción. Leído como Autoridad, Paz termina cualquier diálogo. Si lo dijo Octavio Paz, la discusión ha terminado. Está escrito en el Laberinto y por lo tanto, así somos los mexicanos y así seremos siempre. Si lo dijo Octavio Paz se trata de un engaño al servicio del neoliberalismo. Hacer de Octavio Paz el tapón de nuestras conversaciones es hacerse impermeable a la verdadera seducción de su pensamiento: acercarse al mundo por vía de una imaginación comprometida con la verdad. La crítica como creatividad arraigada.

Embotellar su pensamiento en una ideología es falsearlo. Comprimir su rica complejidad es un atajo escolar, un recurso de panfleto. Algunos le reprochan la imperfección de su liberalismo; otros lo describen como liberal vergonzante, un conservador que no se atreve a dar la cara. Vale, por supuesto, el debate sobre la naturaleza de su filiación política. Creo que habrá que alabar y criticar sus posiciones frente al poder a lo largo de su vida. Pero, ¿tiene sentido etiquetar su pensamiento? Prensarlo en una fórmula compacta servirá para venerarlo o combatirlo -no para entenderlo, ni siquiera para criticarlo. El pensamiento de Paz, a pesar de lo que pretendan admiradores interesados y enemigos, se resiste al embalaje de los ideólogos.

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“Octavio Paz: libertad y palabra, realidad y deseo”

Por Juan Domingo Argüelles

La Jornada Semanal, domingo 30 de 2014  

Octavio Paz (1914-1998) debe mucha de su fama, como poeta, a varios libros que fue escribiendo a lo largo de los años y que luego reunió con el título general Libertad bajo palabra (1935-1957), al igual que lo hiciera Luis Cernuda (1902-1963) con su obra poética de toda una vida que agrupó en el volumen La realidad y el deseo (1924-1962).

No es incidental la mención al paralelismo de Paz y Cernuda sino, por el contrario, algo decisivo en la vida y en la vocación poética del mexicano. Paz fue uno de los primeros y más lúcidos reivindicadores del poeta español. El ensayo que le dedicó en Cuadrivio (1965) sienta las bases de una crítica poética de primer orden en la valoración de quien es considerado hoy, casi sin ninguna duda, como el mayor poeta español del siglo XX, pero que entonces carecía del justo aprecio.

Sobre Cernuda, Paz escribió: “Su libro [La realidad y el deseo] fue su verdadera vida y fue construido hora a hora, como quien levanta una arquitectura. Edificó con tiempo vivo y su palabra fue piedra de escándalo. Nos ha dejado, en todos los sentidos, una obra edificante.” Antes, en 1943, Paz publicó en el segundo número de la revista El Hijo Pródigo, una entusiasta reseña con motivo de la aparición de Ocnos (1942) en Londres. Ahí Paz se refirió también (y sobre todo) a La realidad y el deseo. Escribió: “La realidad y el deseo, el único libro de Luis Cernuda, al principio es un balbuceo, más tarde se aclara y, finalmente, el poeta, dueño como nunca de su poesía, advierte que esa poesía suya no es sólo suya y que no le pertenece totalmente, puesto que es algo más que el poeta: es la poesía.” Paz lo denomina “libro extraordinario, en el que la mayoría no ha reparado” y añade que “el libro de Cernuda es algo más que la expresión de sus experiencias individuales; me parece que es la elegía de una generación y de un momento de la historia, que se despiden para siempre de España y de un mundo al que ya no volverán”.

Cuando Octavio Paz emprende la reunión de sus primeros libros en el volumen sumario Libertad bajo palabra, es bastante probable que estuviera pensando también en ese mismo propósito entrañable de Cernuda. En gran medida, para decirlo con una glosa de las palabras de Paz, Libertad bajo palabra agrupa los libros de un momento de la vida del poeta y de la historia mexicana que ya no volverán. Como quiera que sea, el paralelismo entre La realidad y el deseo y Libertad bajo palabra no es para nada casual.

La primera edición de La realidad y el deseo, de Cernuda, se publicó en Madrid, en 1936, bajo el sello Cruz y Raya, Ediciones del Árbol, que dirigía José Bergamín. (En 2002 la Editorial Renacimiento, de Sevilla, publicó una edición facsimilar.) Incluía sus primeros poemas y los libros Égloga, elegía, oda; Un río, un amor; Los placeres prohibidos; Donde habite el olvido e Invocaciones a las gracias del mundo. Con los años, el libro fue creciendo y, al final, la cuarta edición aumentada y definitiva, de 1964, incluye, además de los libros ya mencionados, quizá lo mejor de la obra de Cernuda: Las nubes, Como quien espera el alba, Vivir sin estar viviendo, Con las horas contadas y Desolación de la Quimera. Sólo quedaron fuera de ese volumen totalizador los dos libros de prosas poéticas de Cernuda: Ocnos (1942-1963) y Variaciones sobre tema mexicano (1952).

Entre los veinticinco libros de poesía que Octavio Paz publicó, el séptimo lleva por título Libertad bajo palabra (Tezontle, 1949). Antes había publicado: Luna silvestre (Fábula, 1933), ¡No pasarán! (Simbad, 1936), Raíz del hombre (Simbad, 1937), Bajo tu clara sombra y otros poemas sobre España (Valencia, Ediciones Españolas, 1937), Entre la piedra y la flor (Nueva Voz, 1941) y A la orilla del mundo (Ars, 1942). Posteriores a 1949 son sus libros ¿Águila o sol? (Tezontle, 1951), Semillas para un himno (Tezontle, 1954), Piedra de Sol (Tezontle, 1957) y La estación violenta (Fondo de Cultura Económica, 1958).

La primera edición de la obra poética reunida de Octavio Paz, con el título general de su libro de 1949: Libertad bajo palabra. Obra poética 1935-1957, es de 1960 (Fondo de Cultura Económica). La segunda edición, definitiva, es de 1968, y en este libro recopilatorio, Octavio Paz plantea su poética y su vocación de fe desde el poema mismo que da título al libro y que abre la puerta de su obra lírica. Escribe:

Allá, donde terminan las fronteras, los caminos se borran. Donde empieza el silencio. Avanzo lentamente y pueblo la noche de estrellas, de palabras, de la respiración de un agua remota que me espera donde comienza el alba…/ Allá, donde los caminos se borran, donde acaba el silencio, invento la desesperación, la mente que me concibe, la mano que me dibuja, el ojo que me descubre. Invento al amigo que me inventa, mi semejante; y a la mujer, mi contrario: torre que corono de banderas, muralla que escalan mis espumas, ciudad devastada que renace lentamente bajo la dominación de mis ojos./ Contra el silencio y el bullicio invento la Palabra, libertad que se inventa y me inventa cada día.

La primera edición recopilatoria de Libertad bajo palabra está precedida de una advertencia: “Se han excluido los poemas de adolescencia, con la sola excepción de cuatro composiciones iniciales en la sección ‘Puerta condenada’. El autor, además, ha desechado algunos poemas; otros aparecen en versiones corregidas y, en fin, se recogen muchos inéditos o que sólo habían aparecido en revistas y periódicos.”

En la segunda edición, definitiva, de 1968, Octavio Paz advierte:

No estoy muy seguro de que un autor tenga derecho a retirar sus escritos de la circulación. Una vez publicada, la obra es propiedad del lector tanto como del que la escribió. No obstante decidí excluir más de cuarenta poemas en esta segunda edición de Libertad bajo palabra. Esta supresión no cambia al libro: lo aligera. Apenas si vale añadir que el conjunto que ahora aparece no es una selección de los poemas que escribí entre 1935-1957; si lo fuese, habría desechado sin remordimiento otros muchos.

En 1998, en el volumen XIII de sus Obras completas (Miscelánea I, Primeros escritos), Paz recuperará en la primera sección de este tomo (Primera instancia) los poemas que retiró de Libertad bajo palabra o que nunca incluyó en dicha obra; poemas de 1930 a 1943, acerca de los cuales dijo lo siguiente en 1996 (postscriptum de la páginas preliminares del volumen 11): “En los dos volúmenes que forman mi Obra poética figura todo lo que he hecho en el dominio de la poesía, salvo los textos de Primera instancia (volumen XIII), que comprende los poemas escritos en mi adolescencia y en mi juventud, a los que no considero propiamente obras sino tentativas.” Primera instancia recoge poemas de Luna silvestre, Raíz del hombre, Bajo tu clara sombra, Noche de resurrecciones, A la orilla del mundo, Entre la piedra y la flor, y los cantos a la República española: ¡No pasarán! y Oda a España.

En conclusión, Octavio Paz disminuyó más que aumentó la edición definitiva de su obra poética reunida con el título Libertad bajo palabra. La primera edición tenía 316 páginas; la segunda y definitiva, 262. Con ello, Paz dio por cancelada esa época de su producción lírica. Los libros posteriores a 1960 ya no formarían parte de Libertad bajo palabra y se inscribirían, como él mismo lo dijo, en otra búsqueda poética: Salamandra (Joaquín Mortiz, 1962), Viento entero (Caxton, 1965), Blanco (Joaquín Mortiz, 1967), Discos visuales (Era, 1968), Ladera este (Joaquín Mortiz, 1969), Topoemas (Era, 1971), Renga (Joaquín Mortiz, 1972), El mono gramático (Seix Barral, 1974), Pasado en claro (Fondo de Cultura Económica, 1975), Vuelta (Seix Barral, 1976), Hijos del aire (Taller Martín Pescador, 1979) y Árbol adentro (Seix Barral, 1987).

 

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@JG82ME @ASFried wow you're telling me the ultra rich don't control anything in rural America lol
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elipradook Eli del Prado♥♥♥
@semolinaSilvia @c0nvey Y t parece mal? Cuando leí q se va la izquierda d América Latina aunque nombren mil desastres xa mi es buenísimo!!
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