“La literatura indaga en los mecanismos humanos del poder”: Martín Kohan
El escritor argentino publica ‘Fuera de lugar’, novela donde indaga en el proceso mental de un conjunto de pederastas.
entrevista con martin kohan
(Redacción AN/Anagrama).

En Fuera de lugar (Anagrama), el argentino Martín Kohan plantea los desvíos de la conducta humana. ¿Cómo entiende su conducta un pederasta? Más allá del lugar común de discernir un delito en términos de buenos y malos, el narrador profundiza en los procesos mentales de quienes la practican. “La pederastia es tan evidentemente atroz que la indagación literaria debe ir por otro lado”, dice Kohan. A partir de los preceptos de Hannah Arendt, desarrolla una suerte de thriller policiaco con alta dimensión humana.

Anteriormente ha escrito sobre la dictadura argentina, y ahora sobre pederastia. Pero siempre lo hace cuidando los pliegues de oscuridad y perversión en el ser humano.

Sí. Cuando se dice que en Ciencias morales o Dos veces junio está la dictadura de por medio, por supuesto que es pertinente. Sin embargo nunca las pensé así. La dictadura no me supone un gran estímulo. No pienso en términos de composición-tema. Mi disparador obedece como bien dices, a ciertos pliegues de la oscuridad que motivan una posibilidad de narración. La condena a la dictadura la podemos hacer en dos renglones que van a ser claros, contundentes y necesarios. Creo que la literatura abre la posibilidad de indagar en mecanismos más humanos del poder, como son la dominación o el sojuzgamiento.

Sin embargo lo que abunda es la crítica fácil y obvia.

No quiero criticar a la crítica porque soy crítico. Lo diré de manera amable: hay lecturas con las que estoy de acuerdo y otras con las que no. Hay quienes ven que toda literatura debe ser realista desde ciertas convenciones de la política. La novela-mensaje no me interesa, prefiero la representación de la realidad fuera de estas convenciones. Puede haber una literatura que se involucre con cuestiones políticas de la dictadura militar, con una posición clara al respecto y que al mismo tiempo no se constituya en el señalamiento de la denuncia.

En Fuera de lugar por ejemplo, usted se coloca en la posición del denunciado. Ya sabemos que la pederastia está mal, pero ¿comprender ese mecanismo mental es difícil?

Si la cuestión fuese discernir si está bien o mal, liquidamos el asunto en dos minutos. Está mal y punto. La pederastia es tan evidentemente atroz que la indagación literaria debe ir por otro lado. Hay un prejuicio que podría unir comprensión con justificación, cuando la realidad es que son cosas diferentes. Si el mal y la aberración fuesen simples, qué fácil sería contrarrestarla; si la perversión fuese simplemente un movimiento unidireccional del mal hacia el mal; o del perverso hacia el mal; o de la mentalidad perversa hacia la práctica perversa, ¡qué fácil sería desactivar eso! Pero la verdad es que son procesos y mecanismos muy intrincados. Ahí es donde entra mi literatura, me gusta indagar en los mecanismos del bien y el mal.

Hace también una clara alusión a la influencia de la tecnología.

La novela me funciona como constelaciones de ideas. Internet me permitió articular un circuito de rotación de fotografías. Ahora todo es simultáneo y por eso mismo es anacrónico, estamos en contemporaneidad con todo. Por eso también la novela se llama Fuera de lugar. Las fotos que se sacan en la primera parte y que iban a viajar muy lejos, de pronto están cerca, pero porque Internet alteró nuestra relación con las distancias.

En el marco de estos procesos de indagación ¿cómo construye sus personajes?

No todas las novelas son iguales y no requieren la misma construcción. Ciencias morales es una novela de personaje, por lo tanto, la construcción me llevó casi toda la preparación de la novela. En Fuera de lugar el desafío fue mayor. En la primera parte hay un grupo de personajes, y eso me permitió desplegar distintas formas de relacionarnos con el mal. Todos tienen un punto medianamente en común que es la convicción. Es decir, cometen abusos pero sin tener conciencia de que están abusando y luego cada uno encuentra su propio modo de aligerar su conciencia.

Abundan aquellos que hacen del bien una especie de fe y de fe en expansión, que imponen su criterio del bien sobre los demás. Son moralistas que sólo producen aberraciones.

 ¿Qué tanto tiene que ver con la banalidad del mal de la que hablaba Hannah Arendt?

Absolutamente, yo leí ese libro cuando estaba escribiendo Dos veces junio, un libro que se leyó en clave de banalidad del mal. Eichmann en Jerusalén, de Hannah Arendt supuso una revelación, cuando lo leí pensé: “Lo que estoy buscando es esto, a lo que estoy dándole vueltas es a esto”. La palabra banalidad no está ahí para atemperar la palabra mal, al revés, es la evidencia de que ese mal, que es el grado más aberrante del mal, no podría funcionar sin la banalidad. No es el caso de un mal que se ha visto banalizado, es que la banalidad es constitutiva de ese ejercicio del mal.

Dentro del contexto mexicano, envuelto en una situación de violencia, ¿cómo llevar el análisis más allá del juicio fácil?

Ahí es donde la literatura tiene mucho por hacer. En Fuera de lugar se narran cosas que yo considero malísimas, no hace falta que lo diga; la novela tiene que ver con otro tipo de indagación. La literatura tiene una potencia de desnaturalización muy grande, puede tomar mundos absolutamente cotidianos y hacérnoslos ver como extraordinarios, toma palabras que forman parte de nuestro uso cotidiano y de pronto brillan en la literatura. Este poder me parece clave para interpelar esa dimensión donde ciertas prácticas sociales o del mal.

Usted plantea este ejercicio a partir de un género con códigos morales muy establecidos, como es el género negro.

Para mí los géneros literarios son codificaciones muy fuertes de un modo de narrar y de construir los personajes. No soy un escritor ni lector de género, excepto cuando la propia literatura los transforma o desvía. Los policiales que me interesan plantean la ruptura con una convención. En el mismo sentido me interesa descolocar al lector, desestabilizarlo y moverlo de su lugar. Quedarme con la denuncia sería como devolver al lector su lugar confortable.

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