“La lógica de la transición institucionalizada está agotada”: Ackerman
El académico presentará su nuevo libro, ‘El mito de la transición democrática’, el sábado 3 de octubre a las 17:00 horas, en el Palacio de la Escuela de Medicina (Brasil 33. Centro Histórico). Acompañan al autor: Omar García, Lorenzo Meyer, Claudia Sheinbaum y Paco Ignacio Taibo II.
La lógica de la transición institucionalizada está agotada John Ackerman
(Foto: Redacción AN/Planeta).

A decir de John Ackerman, la lógica priísta predomina en el sistema político mexicano. Lejos de una democracia saludable, nuestro país ha visto renacer los viejos vicios del autoritarismo que marcó la segunda mitad del siglo XX, expone el académico en, El mito de la transición democrática (Temas de Hoy/Planeta). En entrevista, el autor plantea la necesidad de un movimiento social independiente, para revertir la agreste realidad nacional.

El título de su libro implica un diagnóstico. ¿En qué se basa para hacerlo?

Lo importante es ubicarnos en un nuevo tiempo histórico. El ciclo de la lucha por la transición democrática que inicia con los movimientos sociales, el terremoto, el cardenismo y la lucha contra el neoliberalismo, llegó a su fin. La lógica de la transición institucionalizada está agotada. Necesitamos nuevos enfoques académicos y políticos. El libro va por los dos caminos. Este ciclo de treinta años se basó en pactos cupulares y elitistas; y a nivel social ha sido marcado por una división entre las opciones políticas. Sabemos que hay más pero en lo simbólico esto es lo que hay. Desgraciadamente nos ha ganado el sectarismo de los movimientos que se consideran puros y no quieren involucrarse con los partidos; y por otro lado el oportunismo, que por ejemplo ha carcomido al PRD como opción política. Necesitamos superar las fricciones que han marcado este ciclo que empezó en 2005 y termina en 2015.

Habla también de un replanteamiento del sistema priísta.

En el año 2000 nos vendieron la idea de que habían culminado 71 años de un régimen de partido de Estado. Yo propongo una nueva periodización histórica. El sistema autoritario actual inició realmente en 1946, cuando se creó el PRI, sus antecesores eran otra cosa. En 1946 hubo alternancia, pues el PRM fue una creación de Lázaro Cárdenas en 1938 y representaba una organización progresista. El PRI no es su continuidad sino su contrapunto, su primer presidente es Miguel Alemán Valdés, es entonces cuando empiezan las complicidades entre el gobierno y los grandes empresarios; cuando inicia la represión contra movimientos sociales y se instala el charrismo sindical con Fidel Velásquez. El régimen tal y como lo conocemos inició en 1946 y seguimos en lo mismo. Lo sucedido entre 2000 y 2012 no fue una transición democrática. En realidad en los noventa tuvimos una esperanza democrática, pero hasta ahí.

Por eso en el libro nos habla de una transición de lógica príista. ¿Cambiamos de partido pero no de sistema? 

En los noventa nos vendieron la idea de que teníamos que cambiar de régimen. Hoy nos quieren convencer de que con la democracia instaurada basta con votar en las elecciones y estar atentos al diseño de nuevas políticas públicas. No es verdad, seguimos dentro de un sistema de autoritarismo neoliberal y necesitamos innovar en mecanismos de acción social y política. Un ejemplo claro es Murillo Karam, él fue representante del PRI durante el fraude electoral de 1988; defendió a Peña Nieto en el caso Monex, era presidente de la Cámara de Diputados cuando toma posesión Peña Nieto; es decir, es parte de lo mismo. Por el lado de la sociedad tenemos todo para ganar. Vamos un paso adelante, solo nos falta articular bien nuestras ideas y estrategias de acción.

Pero en términos de elecciones sigue ganando el PRI…

No. Si creemos los números oficiales, en 2015 el PRI obtuvo 28% de la votación, eso no se puede entender como una victoria. En un sistema parlamentario ya estaría afuera y en uno presidencial representa un fracaso. Eso si crees en los resultados oficiales, pero yo no creo. Hay nuevas estrategias de alquimia financiera, ahí están Monex y Soriana, son rutas muy semejantes a las del lavado de dinero. La aprobación de Enrique Peña Nieto es la más baja, el asunto es que ellos siguen encontrando los mecanismos con ayuda del Partido Verde o el PANAL, para ganar las elecciones, dedico un capítulo a todo esto.

¿Por qué mete al PAN y al PRD al mismo saco? ¿No hay una oposición fuerte?

A partir del Pacto por México vimos una consolidación de este sistema. El PRI cooptó a la oposición y canceló al único poder que había generado cierta experiencia democrática. Es verdad que el PRD era un poco caótico, pero eran problemas de parto. No hubo transición democrática solo aires democráticos, lamentablemente esos aires se apestaron. Por eso necesitamos renovar estrategias y ser autocríticos.

En el libro habla de un movimiento social independiente como una posibilidad, pero a la vez hace guiños a Morena. ¿En verdad éste partido es una opción?

En el mundo hay un desfondamiento de la clase política. Los viejos partidos son repudiados por la sociedad y surgen nuevos. En algunos países salen por la derecha como en Francia, con Marine Le pen y en Estados Unidos con Donald Trump; en otros salen por la izquierda como sucede en España, Grecia, Ecuador o Bolivia. En México también se nos presentan estas posibilidades. Para mí las candidaturas independientes se vinculan al dinero y a la derecha; Morena, es en cambio la opción por la izquierda. Ninguna de ambas instancias funcionará sino tienen un arraigo social. La otra salida es la militarización y que creo, es la apuesta del PRI.

Descalifica al movimiento del voto nulo, ¿por qué?

Hay dos escuelas de anulismo. La primera es el independentista, que habla de una democracia mercantilizada y propone quitar el dinero público a los partidos y caminar hacia un sistema como el de Estados Unidos donde los recursos privados mandan. Me parece que por esta vía perdemos mucho de lo conseguido en términos de la democracia como espacio para el debate público. La segunda escuela es de boicot, ellos fetichizan las elecciones más que los políticos. Los radicales a fin de cuentas se obsesionan con el día electoral y es absurdo; es verdad que las elecciones no resuelven las cosas pero si contamos con un gobierno más amigable a las demandas sociales, podemos florecer más fácilmente. Hoy no tenemos un contexto propicio. Votar no es un cheque en blanco, es opinar sobre un punto, pero la participación ciudadana no acaba ahí. El anulismo es a mi modo de ver, algo contraproducente. Las elecciones no es el campo único, ni siquiera central de batalla, es uno más. ¿Para qué nos dividimos?

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