La reina de las aguas abiertas, Arleen González, promete “pisar la otra orilla” en Manhattan (Video)
La nadadora capitalina está muy cerca de convertirse en la primera mexicana en completar la Triple Corona en una misma temporada, tras realizar los cruces al Canal de la Mancha en agosto y Catalina en julio, le resta Manhattan este fin de semana.
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Foto: Youtube

Neil Armstrong, Tenzing Norgay y Edmund Hillary,  marcaron con sus hazañas la historia del siglo XX.

Arleen González escribirá la propia este sábado 1 de octubre, cuando nade alrededor de la Isla de Manhattan en Nueva York y así se convierta en la primera mexicana en conquistar la Triple Corona de aguas abiertas en el mismo año.

Ser el primero en pisar la Luna, conquistar la cima del Everest o completar las tres cruces a nado más importantes del planeta en una misma temporada, es una proeza digna de una personalidad particular, no cualquiera asume los riesgos y sacrificios que esto conlleva.

“Siempre he sido una persona que busca cosas más difíciles, porque eso te hace crecer, te hace ser mejor, te obliga a ser mejor y disfrutar todo lo que hay alrededor; siempre la sensación de concluir, de tocar una roca, de salir, de llegar al otro lado, es bien raro, es una satisfacción el saber que lo hiciste y ahora que sigue. Siempre tengo ese ímpetu, esa inquietud de hacer algo más.

“Conocer las aguas abiertas no le ves fin, siempre hay algo que sorprende, siempre hay algo que te obliga a descubrir cosas que no sabías que tenías, fortaleza, tolerancia al dolor, tener que comer más, comer menos, no comer, sentir el frío”.

Terminar lo que se empieza, esa es la norma que ha guiado a la ondina capitalina de 35 años recién cumplidos (27 de septiembre) a lo largo de su vida escolar, profesional y deportiva; llegar a la otra orilla cueste lo que cueste, sin importar que las condiciones conspiren en su contra.

Triple Corona, triple esfuerzo, triple sacrificio

La Triple Corona contempla tres nados muy simbólicos por su complejidad en la temperatura, su complejidad en condiciones y su complejidad en distancia; y tienen un riesgo controlado de alguna manera, hay algunos nados que tienen ventanas y si no tienes las condiciones adecuadas no te dejan salir a nadar, como es el caso del Canal de la Mancha.

“Los tres nados son alrededor de la Isla de Manhattan (Nueva York), el evento normalmente lo miden en millas, son 24.8 millas, números más, números menos, son alrededor de 45 kilómetros; el Canal de Catalina, es nadar de la Isla de Santa Catalina hacia San Pedro o Long Beach en Los Ángeles y en línea recta son 34 kilómetros y el Canal de la Mancha (33 kms).

“El Canal de Catalina tiene una situación muy particular, porque se nada de noche por cuestiones de seguridad de tráfico marino, y hoy también es un tema emblemático, subirle un grado al tipo de nado, es agua fría, es de noche y es una zona de mucha fauna, entre ellos, tiburones. Me parece que nunca ha habido un incidente de tiburones con nadadores, pero es la parte difícil. A mí me tocó nadar de las 9 de la noche hasta el otro día, fueron 12 horas y 48 minutos (el 13 de julio del 2016).

“Y finalmente, el tercer nado que contempla la Triple Corona es el Canal de la Mancha, que acabo de hacer el 25 de agosto. El problema en el Canal de la Mancha es que las ventanas se abren una semana sí y otra no, tengo entendido que es por las mareas, también por las condiciones (climatológicas), entonces eso lo reduce y la temporada normalmente es de cuatro meses, porque además el agua es más fría”.

Completar uno de esos eventos es para muchos nadadores de aguas abiertas el sueño de toda una vida, realizar los tres en el transcurso de sólo cuatro meses, es formar parte de una muy reducida lista a nivel mundial.

En México, cuatro nadadores presumen haber conquistado la Triple Corona: Mariel Hawley (2012), Nora Toledano (2016), Samuel Neri (2013), los tres en diferentes temporadas, así como Antonio Argüelles (junio a septiembre del 2009), primer mexicano en hacerlo en el mismo año, también el único con una doble Triple Corona, tras completar sus primeros cruces de 1997 a 1999.

“Cada nado es distinto, cada nado fue complicado para mí en diferentes formas. De entrada todos son nados en aguas frías, no me tocaron esas condiciones (tan adversas), pero estás hablando que son temperaturas de 13 o 14 grados hasta 20 grados.

Las Estacas (Morelos) en su versión fría las encuentras en 19 grados, casi 20. Y la sensación térmica es distinta, no es lo mismo que te metas a las 6 de la mañana en invierno, a que entres a las mismas 6 de la mañana en verano o de noche.

“Los tres (cruces) son en agua fría, las distancias son importantes, es decir, más de 30 kilómetros, todos se referencían con un kilometraje, pero eso no significa que vas a nadar esa distancia.

El Canal de la Mancha siempre se dice que en línea recta, su punto más cercano, mide 34 kilómetros, pero no vas a nadar esa distancia. A mí mi GPS (Global Position System, Sistema de Posicionamiento Geográfico) me dio 50 kilómetros, si no es que un poco más, porque de repente no recibe la señal”.

En Mahattan se supone que son 45 kilómetros, ahí no fue tan grave, ahí me dio 48 mi GPS, entonces son nados muy largos; Catalina igual, 32 o 33 kilómetros, ese sí me dio en línea recta, pero sí lo piensas un poco por las horas que nadas, las condiciones que enfrentas, nunca nadas en línea recta”.

“Agua fría, la distancia, y en el caso de Manhattan, vas contra reloj, si no pasas ciertos límites a cierta hora te sacan del agua por lo mismo que están cuidando el grupo, entonces esa es la parte complicada, porque no es que me siento un poco cansado, me recupero, o me viene doliendo algo y se me pasa el dolor, tienes que llegar a cada punto, a cada referencia en cierto tiempo, sino viene el bote y te da un ride (aventón)”.

Imponerse a todo: miedo, sueño, dolor

Y por si fuera poco agua fría, larga distancia, tiempo y estar expuesto a las condiciones climatológicas (viento, oleaje, corrientes marínas), también hay que estar preparado para nadar de noche, sumergirse en la oscuridad del océano sin ver a algún ‘admirador’ inesperado.

“Nadar de noche es diferente, yo lo disfruto, pero ya estando adentro. Esa sensación de estar en la orilla del barco y decir ‘vas’ es complicado. Ves los videos y recuerdas tus pensamientos ‘está frío, está oscuro, cuántas horas van a ser’, es una emoción muy complicada, porque traes mucha adrenalina.

“Y claro, tienes miedo, esa sensación de miedo que tratas de traducir en reto y te dices ‘no pasa nada, nada duele’, pero sí, está presente.

“Algo que me he descubierto, algo que hago es bloquear esa parte (miedo y dolor). Yo sé cómo duele cada nado, claro que lo disfrutas, porque aprendes a difrutar el dolor, pero sí hay momento en medio que dices ‘tengo frío, no veo Francia (en el Canal de la Mancha) o traigo sueño, como fue en Catalina”.

Miedo, dolor, sueño, cansancio, pero claudicar es una palabra que no está en el diccionario de Arleen González, quien como todos los nadadores de aguas abiertas ha entrenado su cuerpo y mente para no desistir hasta conseguir el objetivo,

“(Claudicar) en estos cruces grandes, importantes, no. Hay algo que recordaba mucho en el Canal (de la Mancha) y que hoy cuando estoy cansada en los entrenamientos, porque entreno yo sola la mayor parte del tiempo, hay algo que se dio en el nado de Catalina, que fue muy emotivo, para todos nosotros en muchos sentidos, porque no esperábamos que me pudiera dar sueño.

“Insisto, yo trabajo, llevo una vida completa, entonces fue una semana dura, tratar de dejar todos los pendientes, que nada se fuera a complicar, terminar todo el tema de reservaciones, y que todo estuviera lo más perfecto posible, entonces no dormí bien y tampoco dejaba de entrenar, que por lo mismo, la única hora para entrenar eran las seis de la mañana, entonces dormí realmente poco.

“A Catalina llegué con sueño, llegué con déficit de sueño, entonces me da sueño y Coco (Villegas), mi entrenador, me dice ‘Arleen se está complicando el nado’ y le digo ‘sí Coco, traigo sueño’, ‘cómo sueño, pues que se te quite’, medio reaccionamos, obviamente me pusieron un té, cafeína, para tratar de despertar, desperté un poco, pero otra vez me empezó a dar sueño.

“Fue como ese lapso, cuando a uno lo empieza a vencer el sueño, cuando estás trabajando, esperando a alguien o en un vuelo, ese sueñito cuando el cuerpo te dice ‘no me vas a dejar dormir, te da un poquito de pila y sigues adelante’, pero no es lo mismo que estés en un aeropuerto esperando a alguien, pero yo venía en el agua”.

“Estaba consciente y en una de esas Coco me para y me dice ‘Arleen se está complicando el nado, vamos para un nado de muchas horas, cuánto quieres nadar’ y mi respuesta fue ‘hasta que llegue’, eso yo mismo me lo recuerdo cuando me cuesta trabajo, porque no me puedes preguntar ‘cuánto quieres nadar’, es hasta pisar la orilla, hasta llegar”.

Nada hará que la nadadora mexicana, cuya primera experiencia con las aguas abiertas fue en Las Estacas en 2009, renuncie a su objetivo, ni siquiera la proximidad entre su cruce en el Canal de la Mancha (25 de agosto) y Manhattan este fin de semana, sólo cinco semanas de recuperación.

Satisfacción personal, éxito colectivo

Estoy muy enfocada, emocionada, contenta y mi cuerpo lo siento bien. No puedo decir si estoy lista o no, porque es algo que sabré ahí  (en Manhattan), pero físicamente me siento muy bien.

En el Canal de la Mancha tuve una molestia muy fuerte en el hombro, toda la segunda parte del nado, las últimas cinco horas más o menos. Curioso, porque antes de irme por la carga de trabajo tan intensa me dolía el hombro derecho, pero en el Canal me dolió el izquierdo, una cosa terrible.

“Tengo una bendición muy grande que es mi hermano, pues es mi terapeuta (…) y me ayuda en la recuperación física, entonces a los cinco días, volví a nadar en el mar y me sentí muy bien, todavía con un poco de cansancio, pero bien. La tercera semana después del Canal (de la Mancha) ya estaba haciendo series normales y muy bien”.

Ursus González, hermano de Arleen, es el hombre clave atrás de la nadadora mexicana, pero también sus papás y amigos, un entorno familiar y social que entiende de lo que se trata y colabora a su manera, desde el aspecto financiero, hasta el culinario, para lograr el ambicioso objetivo.

Me patrocina González Inc. Toda mi familia, mi hermano (Ursus) que es doctor (médico cirujano por la UNAM, medicina del deporte por el IPN), mi papá, mi mamá y yo, mi trabajo, somos lo que estamos respaldando esta parte (financiera).

“Y también es un poco el estar en un momento en el que se puede hacer, tengo el tiempo, tengo el ímpetu, tengo las ganas y tengo los recursos. Sé que tengo un trabajo difícil, sé que tengo una posición que no es fácil, pero eso también tiene un valor y eso me ha permitido hacer todo esto, además de una familia que me respalda, entonces eso ha sido básico.

Y me respaldan desde financieramente, hasta el te hago tu ensalda con la fruta que te gusta, con el pollo como te gusta (…) Mi familia es mi apoyo, mi mamá cuervo, mi papá pavo real y mi hermano es todo, mi doctor, mi psicólogo, mi amigo, mi cómplice, mi porristo, mi soporte, y a veces, hasta mi reloj ‘hermana ya te tomaste la vitamina, hermana ya te tomaste los complementos (alimenticios)’”.

Compromiso de muchas personas en un mismo objetivo que obliga a Arleen a dar su máximo esfuerzo este fin de semana en su regreso a Manhattan, tras haberlo nadado por primera vez el 30 de junio del 2015, una Triple Corona en el mismo año que es como la cereza del pastel.

Quiero lograr una Triple Corona en una misma temporada lo más feliz que se pueda, nosotros internamente decimos que es como una Cuarta Corona, entonces es como la cereza del pastel y quiero ver mi paste bien hecho, bien terminado.

“Manhattan es difrutarlo al máximo y si son unas condiciones favorables ojalá hagamos menos tiempo y si no, yo sé que este tipo de nados no es por tiempo o por lo menos mi objetivo no es el tiempo, mi objetivo es terminar, es llegar en las mejores condiciones que se pueda”.





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