En el arte se mezclan lo fugaz y lo inmutable, decía Baudelaire, fallecido hace 150 años
Juan Pablos Editor publica, en edición bilingüe, sus "Pequeños poemas en prosa" (Entrevista con el traductor y crítico Julio Moguel).

Este jueve 31 de agosto de 2017 se cumplen 150 años del fallecimiento de Charles Baudelaire, uno de los principales forjadores de la literatura moderna.

Juan Pablos Editor ofrece desde hace algunos días una edición especial de sus Pequeños poemas en prosa (El Spleen de París), en edición bilingüe, traducido al español por el escritor y crítico literario Julio Moguel.

Esa edición, explica Moguel en entrevista con Aristegui Noticias, es un esfuerzo por ofrecer al lector latinoamericano una versión de la obra de Baudelaire, en el español que se habla en estas tierras, más que el hablado en España.

¿Por qué leer a Baudelaire en nuestros días, por qué revisitar su obra?

Julio Moguel: El próximo 31 de agosto se cumplen 150 años del fallecimiento del poeta. Y ello invita sin duda a una re-visitación de su obra.

Baudelaire es uno de los más eminentes forjadores de la poética y de la literatura modernas. De él se desprenden múltiples ramales, entre ellos los muy destacados de Stéphane Mallarmé y de Paul Valéry. Pero podríamos decir que la ramificación es múltiple y de una diversidad prácticamente inabarcable e inclasificable.

Ciertamente existe en Baudelaire la impronta influyente de otros escritores, entre los que se cuenta en forma destacada la de Edgar Allan Poe; pero no hay seguidismo alguno en lo que a “escuelas” se refiere: la originalidad de Baudelaire resulta incuestionable, y desde la riqueza y fuerza de dicha originalidad es que germina, decíamos, uno de los troncos más importantes de la literatura moderna.

¿Qué se puede decir en torno a la originalidad de Baudelaire?

JM: Su poética (sea poética en verso, o poética en prosa) se construye, en el decir de un crítico literario de la época, con “frases cargadas de fluidos eléctricos”. Corresponde con ello, en cuanto a la forma, a la fidelidad –y originalidad– que él le ofrece a “lo moderno”: para decirlo en términos mismos del poeta cuando define la idea de modernidad: a “lo transitorio, lo fugaz, lo contingente”, que es “la mitad del arte”, pues “la otra mitad es lo eterno e inmutable”.

Y nadie como él –mucho más allá de Théophile Gautier, por ejemplo– para romper con el naturalismo romántico y forjar con ello las claves de la ya mencionada literatura moderna, capaz de “hacer arte” o de captar o construir lo bello o la belleza en o desde “un rincón cualquiera”. Logrando captar justo, por ejemplo, desde esa perspectiva, la belleza o lo artístico representado, dentro de un cuadro urbano, de “los ojos de los pobres”, de “una mujer que pasa” o de “los buenos perros” (títulos de poemas en prosa de Baudelaire).

¿Cómo ves la influencia de Edgar Allan Poe en la obra de Baudelaire? Éste incluso fue su traductor y su principal divulgador en los medios franceses.

JM. Baudelaire debe mucho a la escritura de Poe. Tanto así que, podríamos decir, los “pequeños poemas en prosa” del primero obtienen su savia principal de las nouvelles y de los cuentos del segundo. Pero la influencia de Poe en Baudelaire se expresa en otros planos centrales de la escritura de este último. El amor por las multitudes del segundo, más allá de lo que le inspiran personalmente las que conoce en París, proviene de la literatura de Poe y de De Quincey. “El hombre de la multitud” es uno de los cuentos más conocidos y más hermosos del norteamericano. “Las multitudes” es uno de los textos principales y más hermosos de los Pequeños poemas en prosa.
Podría decir, en conclusión, que, ciertamente, existe en la obra de Baudelaire una influencia importante de la escritura de Poe. Pero no hay seguidismo alguno en cuanto a las fórmulas de construcción. Baudelaire es el arquitecto principal de toda una escuela. La originalidad de Baudelaire resulta incuestionable, y desde la riqueza y fuerza de dicha originalidad es que germina, decíamos, uno de los troncos más importantes de la literatura moderna.

Si hablamos de Baudelaire, es inevitable hablar de Las Flores del mal ¿Qué opinas de ella?, ¿cómo la describirías?, ¿la traducirías?

JM. Las Flores del mal es sin duda la obra mayor de Baudelaire, y no sin razón es la más conocida. Pero al poeta francés le sucede con ella lo que a otros muchos, en muy distintas épocas: que después de haber escrito la “gran obra”, las demás se leen como secundarias o menores.

¿Qué sucedió, por ejemplo, más de un siglo después, con las novelas de Gabriel García Márquez? Que Cien años de soledad ensombreció de alguna manera maravillas como la de El Otoño del patriarca. García Márquez la consideraba en varios sentidos superior a Cien años de soledad.

Las Flores del mal es una obra que no tiene parangón en la historia de la poética de todos los tiempos. Pero cualquiera se sorprenderá al saber que Baudelaire llegó a considerar a sus Pequeños poemas en prosa como “algo” que “sigue siendo Las Flores del mal, pero escrito con mayor libertad, detalle y sentido del humor”.

Me gusta y me nutre mucho traducir los poemas en verso de Las Flores del mal. Presento algunas de esas traducciones dentro del ensayo crítico que agrego a esta edición de los Pequeños poemas en prosa.

Y lo hago no por darle algún “valor agregado” a la obra que se presenta, sino porque, como el lector podrá constatar, hay un vínculo indisociable y correspondencias significativas entre los poemas en verso de una obra y los poemas en prosa de la otra.

¿Por qué traducir de nueva cuenta una obra que cuenta desde hace tiempo con varias versiones de transferencia?

JM. La obra de Baudelaire se ha encajonado en pesados ladrillos difíciles de leer, más dirigidos a la Academia o al “gran especialista” en literatura que al amplio público. Las traducciones, buenas o malas –las hay de ambas–, tienen en su mayor parte la huella del castellano que se maneja en España, lejano en muchas de sus fórmulas, tonalidades y ritmos al español que se maneja en México y en otros países de América Latina. Mi esfuerzo de traducción de Baudelaire pretende ajustarse lo más posible a este último encuadre.

Pero hay otro motivo a considerar: creo que algunos errores de transferencia que se presentan en una u otra línea de las traducciones en curso no se deben tanto al desconocimiento de la lengua de origen o al mal manejo de la lengua de llegada, sino a una desatención de las correspondencias o de las interconexiones sobre las que Baudelaire armó la unidad de su obra.

Mi esfuerzo de traslación, bueno o malo –el lector lo juzgará–, se basó justamente en encontrar o definir, primero que nada, tales líneas de unidad y de interconexión en el conjunto de su obra, y no sólo en Las Flores del mal o en los Pequeños poemas en prosa. (Entrevista de Marcos Lope).

 



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