Manuel Noriega, el “hombre fuerte” de Panamá y el narcotráfico
Noriega fue derrocado en 1989 por sus lazos con el narcotráfico en la más grande acción militar estadounidense desde la Guerra de Vietnam.
(Foto: Reuters)

Manuel Antonio Noriega, el llamado “hombre fuerte” de Panamá, durante un tiempo aliado de Estados Unidos, murió la noche del lunes a los 83 años de edad por complicaciones de una operación en el cerebro.

Noriega fue derrocado en 1989 por sus lazos con el narcotráfico en la más grande acción militar estadounidense desde la Guerra de Vietnam.

El actual presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, anunció la muerte de Noriega en su cuenta oficial de Twitter el martes por la madrugada.

Noriega falleció alrededor de las 23:00 horas del lunes (4:00 GMT) en el Hospital Santo Tomás de la Ciudad de Panamá, confirmó un empleado del sanatorio. La causa oficial de su muerte no fue divulgada de inmediato.

El ex general había estado en cuidados intensivos en un hospital público desde el siete de marzo tras las complicaciones surgidas de la cirugía para eliminar lo que su abogado describió como un tumor cerebral benigno.

Sus hijas dijeron a la prensa que en marzo pasado, Noriega había tenido una hemorragia cerebral.

Los problemas médicos fueron consecuencia de la odisea legal que había comenzado con la invasión estadounidense y continuado en varias prisiones en Estados Unidos, Francia y por último Panamá.

Mientras estuvo en prisión en el extranjero, Noriega sufrió accidentes cerebrovasculares, hipertensión y otras dolencias, dijeron sus abogados.

Después de regresar a Panamá el 11 de diciembre de 2011, comenzó a cumplir largas penas por asesinato, malversación de fondos y corrupción en relación con su gobierno durante los años 80.

Era recordado por blandir un machete mientras hacía discursos nacionalistas desafiantes, al tiempo que vivía con lujos gracias a las riquezas que acumuló en sus relaciones con el narcotráfico, con lujosas mansiones, fiestas de cocaína y voluminosas colecciones de armas antiguas.

Noriega, que se convirtió en el líder de facto del país al promocionarse como general de las fuerzas armadas en 1983, mantuvo una relación de décadas con Estados Unidos, pero pasó del mejor aliado al mayor enemigo por sus lazos con el tráfico de drogas.

En 1988, Noriega fue acusado en Miami y Tampa, ambas ciudades de Florida, en el sureste estadounidense, por cargos federales de narcotráfico y lavado de dinero. El militar también convirtió a Panamá en una plataforma de envío de cocaína sudamericana destinada a Estados Unidos.

El militar respondió organizando grandes manifestaciones en Panamá contra Estados Unidos. Tomando un machete mientras hablaba a una multitud, exclamó: “¡Ni un paso atrás!” El eslogan empezó a aparecer en los carteles de toda la Ciudad de Panamá.

En 1989, Noriega se ungió como “líder máximo”, y la asamblea nacional declaró la guerra a Estados Unidos, pero la respuesta del presidente George Bush padre fue ordenar la invasión para restaurar la democracia en Panamá y atraparlo para presentarlo a los tribunales estadounidenses.

El degradado general solo en una ocasión pidió perdón pero con matices para justificar su accionar.

Una única declaración pública hecha por Noriega ocurrió en 2015 cuando leyó una carta en un noticiario de la televisora local Telemetro.

El ex dictador pidió entonces perdón “a toda persona que se sienta ofendida, afectada, perjudicada o humillada por mis acciones o las de mis superiores en el cumplimiento de órdenes o las de mis subalternos en ese mismo estatus”.

“Yo cierro el ciclo de la era militar como el último general de ese grupo pidiendo perdón, como comandante jefe, como jefe de gobierno”, externó Noriega, pero nada más, como si callado mantuviera un manto de protección.

Noriega, quien el 11 de febrero pasado cumplió 83 años, estuvo preso en la cárcel El Renacer -a orillas del Canal de Panamá- desde 2011 cuando fue extraditado desde Francia, hasta el pasado 28 de enero cuando obtuvo prisión domiciliaria.

Noriega, condenado en abril de 1992 a 40 años de prisión, insistió todo el tiempo en que el juicio y las acusaciones eran una farsa.

Su sanción se redujo en 10 años, y más tarde fue declarado prisionero de guerra, permitiéndole acceso regular a un teléfono, horas de visita adicionales e incluso un pequeño salario, entre otras ventajas.

Pero mientras estaba preso en Estados Unidos, Panamá lo juzgó en rebeldía por la ejecución de soldados en el fallido intento de golpe de Estado de 1989.

Estados Unidos tenían la intención de liberar a Noriega en libertad condicional en septiembre de 2007, después de reducir su condena a la mitad por su buena conducta.

Después de una prolongada pelea de extradición, fue enviado a Francia en abril de 2010 para otro juicio por cargos de lavado de dinero. Nuevamente fue condenado, ahora a siete años de prisión, pero era elegible para la libertad condicional mucho antes de que se cumpliera la condena.

Panamá solicitó su extradición, y después de una batalla legal, fue trasladado a casa en diciembre de 2011 para cumplir una condena de 20 años por las desapariciones de opositores políticos en los años ochenta.

A Noriega le sobreviven su esposa y sus tres hijas, Lorena, Sandra y Thays Noriega. (NTMX)



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