El FCE publica ‘Una semana con Francisco Villa en Canutillo’
El reportaje de Regino Hernández Llergo se publicó por entregas en 'El Universal' en 1922.
(FCE).

A invitación de Álvaro Obregón, Francisco Villa se instaló en la Hacienda de Canutillo. Retirado de la política y la lucha revolucionaria, el caudillo hizo de aquel espacio su territorio. Creó escuela, se dedicó al campo y rehízo un sitio que entonces estaba casi muerto.

Por aquellos años la sucesión de Obregón se enfilaba a discernirse entre Adolfo de la Huerta y Plutarco Elías Calles. Eran los días posteriores a la revuelta armada y para entonces lo conveniente era tener a un Villa, si no retirado, al menos aplacado.

En Canutillo, alejado de los reflectores, el Centauro del Norte recibió la visita de Regino Hernández Llergo, un experimentado reportero de El Universal, acompañado por un fotógrafo y Emilia, una amiga interesada en conocer al general. Reacio como solía serlo, Villa terminó por aceptar la presencia de la prensa. Durante una semana, reconoce el periodista, los trató como reyes y les mostró lo que era el nuevo terruño villista.

La crónica de aquellos días en la hacienda muestra a un Francisco Villa en plenitud de facultades. Consciente del impacto que podría tener el texto, pese a su queja de que El Universal siempre lo había tratado mal, utilizó el foro para mostrar su trabajo en Canutillo y exhibir su pensamiento social y político.

En su momento, el reportaje se publicó por entregas en 1922 en el diario. Casi cien años después, el Fondo de Cultura Económica recupera el texto para editarlo como libro, incluyendo además un prólogo de Ignacio Solares.

Durante su encuentro con el periodista, Villa se muestra como un libre pensador tolerante a las creencias religiosas; lector de Salgari, algunos textos de filosofía; no creía en la igualdad de clases. “La igualdad no existe, ni puede existir. Es mentira que podamos ser iguales; hay que darle a cada quien el lugar que le corresponde”, señala.

No esconde su carácter ni tampoco su inclemencia ante el enemigo. Pero sobre todo deja ver entre líneas que podría volver a buscar el poder una vez que Obregón concluya su mandato.

De hecho, historiadores como Jean Meyer o Friedrich Katz ven en sus declaraciones políticas la posible sentencia de muerte firmada por Villa: si bien el reportaje fue publicado por entregas en junio de 1922 y el caudillo fue asesinado en julio de 1923, sus declaraciones presumiblemente dejaron ver que aún tenía los bríos para contender y reunir a algunos miles de seguidores.

Las pláticas con Hernández Llergo, casi 100 años después, refrescan la dimensión de personaje complejo pero todavía seductor.

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