Marcos critica vínculo de políticos con redes sociales
Firmado por su pseudónimo Don Durito, el subcomandante afirma que las redes sociales dejan "al desnudo" a las clases políticas.
Los cinco puntos del comunicado de Marcos
El subcomandante Marcos, del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. (Foto: Archivo/Proceso)

A través de su ‘alterego’, Don Durito, el subcomandante Marcos criticó el papel de los medios de comunicación y sus vínculos con las redes sociales y la clase política.

“Esa patética relación entre las personalidades del espectáculo y de la política en todos los niveles, cuya ‘trascendencia’ sólo ocupa al periodismo frívolo (es decir, todo el de paga)”, pues “las reflexiones de politólogos y periodistas sobre este asunto sólo atraen a los cada vez más escasos ‘profesionales del comentario’ en sus columnas”, reza el comunicado.

Marcos anunció que este texto es parte de una serie de pronunciamientos firmados por el personaje creado por el subcomandante hace casi dos décadas.

A continuación, fragmento del comunicado publicado este lunes:

Votan 1

Antes de explicarles cómo va a ser esto de la escuelita (algo así como un “manual de ruta” o “manual de malos modales” o “manual de supervivencia”), vamos a asomarnos para ver en qué están allá arriba.  No porque seamos dispersos (que lo somos, ni dudarlo), sino porque nosotros tratamos de mirar sus calendarios y geografías, es decir, tratamos de entender.

Así que, sea usted amable y paciente, y acompáñenos en esta mirada desde acá hasta su allá.  Veamos… mmh…

Tanta coyuntura-histórica tratando, en vano, de arrebatar atenciones con titulares noticiosos.  La impostura mediática derrotada ahora por los hashtags –o como se diga- (“virales” se dice, por masivos, no por nocivos… ¿o sí?).

Ah, la desesperación de comunicólogos, politólogos, columnistas, jefes de noticias: los temas de “actualidad” ya no los marcan, señalan, imponen sus análisis –no pocas veces bien lubricados por billetes de todos los colores-, sino que cada quien según su modo, su calendario, su geografía.

Dejemos por un momento de lado esa patética relación entre las personalidades del espectáculo y de la política en todos los niveles –la realeza, ministros, presidentes, gobernadores, legisladores-, cuya “trascendencia” sólo ocupa al periodismo frívolo (es decir, todo el de paga).  Las reflexiones de politólogos y periodistas sobre este asunto sólo atraen a los cada vez más escasos “profesionales del comentario” en sus columnas.

En la sentencia “tuitera” de Durito: “De la relación entre la farándula y la política, vale decir: photoshop los crea y [email protected] se juntan”

Porque ahora resulta que la gente (esa masa rebelde que no mira hacia donde se le ordena que mire, ni escucha lo que se le ordena que escuche), ha adquirido la manía de traer lo cotidiano a primer plano: cómo peinarse, lo que me pasó en tal lugar, lo que me gusta-disgusta, lo que vi-oí-me dijeron-dicen, los crímenes que no aparecen en los medios de comunicación de paga, los ridículos reiterados de gobernantes (antes ocultos por montañas de dinero en los closets de la comunicación de paga), ahora expuestos sin control.

¿Que el supuesto paladín de la libertad y la democracia, el gobierno norteamericano, espía impunemente, o hace barbaridad y media en todo el planeta?  ¡Zas!, la red se convierte entonces en la mano irreverente que derrumba la escenografía tras la que se oculta la gran obsesión del Poder: controlar todo y a [email protected], sabiéndolo todo.

Y, de pronto, cuando el Poder se da cuenta de que de nada valió pagar tanto para que los reflectores principales (los mediáticos) se apagaran o se concentraran en el espectáculo bobalicón de moda, el respetable, la gente, la plebe, la banda, enciende sus lucecitas, pero no para acompañar rítmicamente la balada de arriba, sino para evidenciar que el rey-príncipe-ministro-presidente-gobernante-legislador está desnudo.

Sabiéndose expuesto, el Poder sólo alcanza a balbucear incoherencias y, por supuesto, a criminalizar a sus descubridores. ¿Que tal o cual gobernante o funcionari@ lleva con patético porte su síndrome de “usted-no-sabe-con-quién-se-mete”?  ¡Zás!, ahí tiene su zape cibernético y que todos lo vean-escuchen-difundan.  Y, claro, la consecuente respuesta jurídico-policíaca de los políticos: arresto de tuiteros; iniciativa de ley para controlar las redes sociales; el espacio aéreo mundial usurpado por el gobierno norteamericano, la patética servidumbre de los gobiernos europeos (“es sólo un indio, deténganlo”).

Ponga usted el nombre que guste de quienes arriba son o pretenden ser: Peña Nieto, Obama, Berlusconi, Rajoy, Putin, el etcétera que padece usted en su rincón.  Grandes, medianos y pequeños (todos malos) comediantes danzando al ritmo frenético de internet (¿sobra decir que ni siquiera llevan el paso?).  Resumiendo: internet = (igual a) la globalización inmediata y masiva del ridículo y la incapacidad de la clase política.

Pero ¡cuidado!, porque allá arriba ya se dieron cuenta de que lo instantáneo (la evidencia masiva de su incompetencia) es también fugaz.  Y que el remedio para un escándalo es un escándalo mayor.  El mejor antídoto contra un “hashtag” viral es otro ídem.  Mientras esas denuncias no pasen al “hay que hacer algo”, de ahí al “hay que hacer esto”, y de ahí al calendario y la geografía (“hay que hacerlo en tal lugar, tal día”), pues no hay problema.  El Poder no tiene inconveniente en que sus ridículos sean temas de sobremesa, pero si, por ejemplo, los nuevos “terroristas internacionales”, es decir, las redes sociales, pasan del escarnio a la movilización… pues entonces sí empiezan a sonar los “teléfonos rojos” (ok, ya sé que ya no se usan, pero creo que me entienden) en los centros del Poder Mundial, es decir, en los centros financieros.  Porque una cosa es indignarse individualmente frente a la injusticia, y otra cosa es hacerse colectivo de Indignados.  En suma, los problemas se ponen serios cuando las “manitas abajo” en la red, se transforman en puños desafiantes en la calle… y en el campo.

Pero allá arriba, [email protected] analistas insisten en la mentada y re mentada “coyuntura” (el “contexto histórico”, mi buen).  Y se trata del espectáculo de siempre.  Por ejemplo, las elecciones…  Fraudes pre-electorales, electorales y postelectorales.  La conclusión entonces es casi unánime: “no sirven”… hasta que llega una nueva temporada electoral y un iluminado a modo ofrece lo de siempre: la libertad anhelada al alcance de una boleta electoral.  Así, la salvación está en pintar una cruz en determinado lugar de un papelito, con fervor depositarlo en una caja, y a esperar que ese ser intangible que es “la mayoría” aparezca como irónico disfraz de quien realmente decide: un puñado de grandes señores y señoras del dinero.

“La Sociedad del Poder”, le llamamos nosotros, nosotras las zapatistas, tal vez sólo para señalar que no es en el aparato tradicional, exaltado por la ciencia política ídem y los políticos ibídem, donde reside el Poder y su criminal ejercicio.

Ah, la clase política y corifeos que la acompañan.  Como si estuvieran a años luz de la realidad, los políticos de arriba no se han enterado de que lo que pretenden gobernar ya no existe.  Su (mala) actuación es sólo la escenografía tras la que se ocultan los escombros de un mundo… de su mundo…



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