¿Puedes ver a un niño y pensar que no hay futuro?
María Torres es maestra en preescolar y primaria en Culiacán, Sinaloa, desde hace siete años. En ese tiempo ha visto pasar por las aulas a niños torturados por sus padres, a niños que amenazan con matarla o decapitar compañeros, a una directiva asustada por venganzas de narcos contra la escuela...

Texto: Daniela Rea
Fotos: Cortesía / niños de Culiacán

MARÍA Y EL AULA

Soy María Torres, maestra de inglés en preescolar y primaria en Culiacán. Tengo 32 años y crecí en el Estado de México, pero luego me vine a vivir al norte. En el 2010 entré a trabajar a un kínder y el tema común de los niños era el de los narcos. En el recreo me sentaba a observarlos y uno jugaba a ser el grupo del Mayo, otro del Chapo. Jugaban a los balazos, a las metrallas. Yo observaba y les preguntaba a las maestras que tenían más tiempo en la escuela, ¿por qué hacen eso? me decían que era por cultura, que todos tienen a alguien ahí.

De esos juegos a la fecha los niños pasaron a decir ‘te voy a matar, te voy a descuartizar’. Como cuando uno de niño en la primaria decía ‘te voy a acusar con la maestra’ pues ahora ellos dicen ‘te voy a descuartizar’. Los niños no entienden el alcance de las palabras. ‘Te voy a decapitar, a quemar, a matar, a desangrar’ son palabras muy fuertes para niños tan pequeños, de 5 o 6 años.

Tengo un alumno que hace unas semanas no vuelve a la escuela. Tiene 8 años, su mamá al parecer anda con un problema neuronal, del papá nunca sabemos nada. El que lo cuida es su hermano mayor, va en la secundaria, pero lo golpea desde chiquito. Seguro ya no va a volver a la escuela. ¿A qué vuelve, si trae diario 200, 300 pesos diarios en la bolsa? El otro día lo estaba regañando, me sacó el teléfono y me dijo ‘a ver, háblele a mi papá, qué le va a decir, que me haga qué?’ y me aventó 300 pesos para mis chicles. Los compañeros del salón se reían. Les dije que si se daban cuenta de que lo que estaba pasando, que eso era una amenaza. No sabían los niños. Me decían que era normal.

Tuve otro alumno que siempre pegaba a las niñas, a los niños. Un día otra maestra me comentó que le viera los pies. Le pedí que se quitara los zapatos y vi su planta chamuscada, me dijo que su papá lo agarró con un soplete porque no quería hacer la tarea. ‘Me sacó el soplete y me quemó, cada vez que no le hago caso me quema con la colilla del cigarro. Mi mamá vive en otra casa y no se da cuenta’. El director de la escuela me advirtió que no llamáramos al papá porque tenía vínculos con el crimen y temía que llegaran a la escuela a vengarse.

Un día intervine en una pelea entre dos niños de preescolar que discutían por un borrador. Uno de ellos tomó una vara y se lo quiso enterrar en el estómago al otro. Se lo quité y aventé, el niño me gritó groserías ‘le voy a decir a mi papá que la mate, es una maldita desgraciada. Yo tengo 8 papás y le van a venir a hacer algo’. Le dije que los llamara, que no tenía miedo (yo antes no tenía miedo) al día siguiente llegó la mamá, dijo que era prostituta y salía con esos 8 hombres a los que el niño les decía papás, uno de ellos tenía un cargo fuerte en el narco.

Hay otro caso de una niña que fue testigo de cómo el papá mató a su hermanito de meses de nacido. La niña cuenta que desde que nació el bebé, su papá lo quemaba con colillas de cigarro porque lloraba mucho. Ahora el papá está en la cárcel, pero la mamá tiene miedo de que salga. La niña también tiene miedo, dice que quería a su papá, pero que no lo quería volver a ver porque si salía a la calle la iba a matar porque ella vio cómo mató a su hermanito, ‘lo agarró a golpes, vi como le pegaba en la cara, en la pancita, lo tiró al piso… ¿ticher, estoy bien porque quiero a mi papá aunque haya matado a mi hermanito?’ ¿Qué le contestas en ese momento? ¿Qué le puedes decir a un niño para que la vida no se le haga pedacitos?

¿Es posible identificar el inicio de la guerra?

Sandra es una sicóloga de 46 años. Trabaja en una escuela en Culiacán atendiendo a niños en conflicto o con problemas de aprendizaje. Le pido que haga memoria sobre el momento en que sintió que su realidad conocida se había roto y relata de manera tropezada el asesinato de un policía municipal en la caseta de la colonia donde vivía. Aunque dice el nombre de ésta, prefiere que no lo escriba.

“Los criminales mataron al policía, lo asesinaron en la esquina, en la parte baja de la colonia. Un criminal se refugió en una casa y tomó a una familia de rehenes. Ahí sentimos que ya no había espacio de paz. No recuerdo la fecha exacta de cuándo sucedió… pero estamos hablando de unos 20 años”. En algunos lugares del país la guerra que conocemos y nombramos ahora, llegó antes.

“Uy, acá eso ya tiene tiempo. Los ataques de los grupos que antes eran entre ellos, empezaron a generalizarse en cualquier lugar y cualquier hora. Lo que ustedes han vivido estos 10 años ya fue el resultado de lo que nosotros veníamos viendo antes. Cuando vi la violencia en el resto del país sentí cierto alivio porque eso hizo que mucha gente hiciera estudios y reportajes para saber qué estaba pasando, dónde, cómo nos afectaba. Acá ya éramos inmunes, no sentíamos ni pensábamos nada”, dice Sandra.

En su relato Sandra cuenta cómo los espacios de la ciudad se fueron cercando. A tal centro comercial no vamos porque ahí hubo una balacera. Al café a Catedral ya es un riesgo ir porque te puede pasar un secuestro o asalto. La ciudad conocida se trastocó por las referencias de muerte. El estar conocido de Sandra también. Se comenzó a sentir vulnerable, en angustia constante, triste, ansiosa, sin confianza. Hoy se siente como una sobreviviente y una testigo que espera un día pueda hablar de esta guerra como algo del pasado.

(Leer íntegro en PDP)



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