5 obras de Moncayo que poco se conocen
El autor del célebre 'Huapango' es uno de los más notables compositores mexicanos de todos los tiempos. Nació el 29 de junio de 1912, en Guadalajara, Jalisco.
(Foto: Festivaldemorelia.com)

En el Centenario del nacimiento del músico  José Pablo Moncayo, autor de célebre ‘Huapango’, presentamos otras obras del artista que no son tan conocidas como su obra maestra.

Moncayo es uno de los más notables compositores mexicanos de todos los tiempos, nació un 29 de junio de 1912, en 1935 formó el “Grupo de los Cuatro” junto con Blas Galindo, Salvador Contreras y Daniel Ayala Pérez, con lo que ayudó a difundir el espíritu nacionalista de México.

Tierra de Temporal

La Filarmónica de Zacatecas, conducida por Sergio Cárdenas, expuso el 31 de enero de 2010 el poema sinfónico “Tierra de Temporal” (1949), esta es una grabación del Concierto Inaugural de SURCO, Jornadas Nacionales Candelario Huízar de la Música Mexicana de Concierto.

Sinfonieta

La Orquesta Sinfónica de Nuevo León fue dirgida por el Director Raúl Gutiérrez, para interpretar con un sentimiento notable la Sinfonieta de la cual Alondra de la Parra expresó que su rítmica es “divertida y con una orquestación impecable como lo es el estilo de Moncayo.”

Cumbres

La primera parte de la obra que encuentra entre las mas desconocidas de su repertorio sinfónico, fue terminada el 20 de noviembre de 1953 y se estreno con la Orquesta de Sinfónica de Louisville bajo la dirección de Robert Whitney. Como no existe una grabación de la obra el usuario de Youtube Sibelianboy decidió hacer una secuencia con el programa MOTU Symphonic Intrument para dar una idea a los usuarios de como se escucharía.

Muros Verdes

Esta es la apasionada interpretación a cargo de Kamuel Zepeda de la obra Muros Verdes de Moncayo, durante el Recital de música jalisciense para piano, en el Paraninfo de la Universidad de Guadalajara.

Amatzinac

Para flauta y orquesta de cuerdas, sobre esta pieza de Moncayo terminada en 1935 el maestro de música Fernando Figueroa asegura en una página de crítica que “esta extraordinaria obra corre misteriosa como sólo pueden hacerlo los relojes de una precisión olvidada, Amatzinac anda visiblemente invisible como las tres décadas para erigir el Palacio de Bellas Artes, como ese ser inmortal arrellanado plácidamente observando el juego de Osas y esferas en el cuadro El hombre ante el infinito de Rufino Tamayo.”



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