opinión
“¿Justicia o ajuste de cuentas?”, artículo de Alfonso Zárate
por Redacción AN
(Foto:miami.edu)

¿Justicia o ajuste de cuentas?

Alfonso Zárate/ El Universal

28 de febrero de 2013

La detención de la maestra Elba Esther Gordillo constituye un hecho político de alto impacto cuyos alcances en distintos ámbitos son todavía impredecibles.

La decisión de tocar a quien hasta entonces parecía intocable, hace inevitable evocar dos golpes de Carlos Salinas en el arranque de su gobierno: el quinazo y la remoción de la dirigencia del SNTE de Carlos Jonguitud Barrios, presidente vitalicio de Vanguardia Revolucionaria del Magisterio.

Más allá de la distancia en el tiempo y el contexto (hoy no es fácil sembrarle un muerto y armas a un personaje desafecto y, por otra parte, los medios tienen márgenes de libertad inexistentes hace 24 años), el encarcelamiento de la maestra repite el mensaje presidencial de aquellos días: no hay poder por encima del poder del Estado; y, como en los tiempos de Carlos Salinas de Gortari, parece anticipar reformas de gran calado en sectores distintos al educativo.

La maestra Elba Esther Gordillo Morales es un personaje complejo y de contrastes. Algunos de los rasgos que más incomodan a sus críticos: su gusto por ropa y accesorios caros y su actitud desafiante, se inscriben en una larga tradición del sindicalismo mexicano, desde Luis N. Morones hasta Joaquín Gamboa Pascoe. Morones, dirigente de la CROM que llegó a ser secretario de Industria, Comercio y Trabajo en el gobierno de Plutarco Elías Calles, gustaba ostentar su riqueza. En años más recientes, Salvador Barragán Camacho, alfil de La Quina y secretario general del sindicato petrolero, se daba el lujo de perder un millón de dólares en un casino de Las Vegas. En estos días, las revelaciones sobre la dispendiosa manera de vivir de los hijos de Carlos Romero Deschamps confirman que poco o nada ha cambiado en ese estamento del sistema político.

Pese al encarcelamiento de la dirigente, no debe llevar a omitir puntos centrales de su trayectoria:

1) Que en 1989 el deterioro salarial del magisterio había alcanzado niveles inadmisibles ante la pasividad de la dirigencia encabezada por el “líder moral”, Jonguitud, y que esas duras condiciones dispararon una rebelión que llegó a las puertas de Los Pinos.

2) Que el cambio se orquestó desde el poder: Salinas escogió a la maestra Gordillo para reemplazar a su antiguo maestro, con quien había roto.

3) Que una tarea prioritaria fue la recuperación del poder adquisitivo de los ingresos de los trabajadores de la educación al tiempo que se impulsaban transformaciones mayúsculas dentro del sindicato, entre ellas: la desafiliación de los trabajadores de la educación al PRI; la creación de la Fundación SNTE para la cultura del maestro y del Instituto de Estudios Sindicales de América; la realización de encuentros internacionales sobre educación, sindicalismo y democracia.

4) Que, a diferencia de la mayoría de las organizaciones sindicales en el país, que son meros cascarones, este sindicato sí existe, y

5) Que, junto a otras organizaciones, promovió a través del foro sindicalismo ante la nación, una alternativa más moderna y menos obsecuente al poder.

Al margen de esto, su estilo personal y el enorme poder acumulado la llevó a convertirse en “la villana favorita”. Desde una perspectiva simplificadora, se ha llegado a atribuir al SNTE y a su presidenta el carácter de obstáculo mayor para la transformación educativa que el país reclama; como si la ausencia de compromiso real de distintos gobiernos con la educación, la profunda inequidad que prevalece en el sistema educativo, el abandono de las normales y la simulación en los programas de actualización del magisterio, entre otros factores, no explicaran el desastre educativo.

Los hechos del martes muestran que los instrumentos de poder de que dispone la Presidencia de la República no fueron afectados por la alternancia; que allí estuvieron siempre, en la PGR, el Cisen, la SHCP, etcétera, pero ni Fox ni Calderón supieron cómo emplearlos.

Estamos, pues, ante el fortalecimiento del poder presidencial y otros poderes fácticos deberán poner sus barbas a remojar. Pero si queremos un país mejor, la procuración de justicia no puede ser selectiva ni excepcional, mucho menos operar por consigna. Lo que sigue es el debido proceso: probar que las acusaciones tienen sustento. La aprehensión de la maestra Gordillo Morales no es el fin de la historia.

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Redacción AN

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