Así empieza la novela inédita de Roberto Bolaño
El espíritu de la ciencia-ficción comenzará a circular el 3 de noviembre.
A partir de noviembre la novela inedita de roberto bolano
(Alfaguara).

El próximo jueves, 3 de noviembre, Alfaguara publica El espíritu de la ciencia-ficción, la recuperación póstuma de una novela inédita de Roberto Bolaño conservada en el archivo personal del autor. Se publica ahora como parte de la Biblioteca Roberto Bolaño, iniciada por el sello, el pasa­do septiembre con sus dos obras cumbre: Los detectives salvajes 2666, que incluirá también los 21 títulos que conforman el actual corpus li­terario del autor chileno.

Escrita a comienzos de la década de los ochenta, El espíritu de la ciencia-ficción transcurre en México D.F. durante los años setenta y narra la vida de dos escritores jóvenes que intentan vivir de la literatura en una ciudad en la que todo lo importante parece suceder en ese momento mágico y efímero que separa la noche del día. La novela mezcla rasgos propios de la literatura realista con otros fantásticos de carácter onírico en la descripción de los sueños de uno de los protagonistas. Roberto Bolaño mencionó en varias ocasiones El espíritu de la ciencia-ficción en su correspon­dencia desde fechas tan tempranas como 1980. La novela está fechada en Blanes, en 1984. Se sabe que fue un proyecto que mantuvo con vida durante bastante tiempo, incluso después de ese año.

Corresponde a la etapa en que escribió Mon­sieur Pain, Consejos de un discípulo de Morrison a un fanático de Joyce, escrita a cuatro manos con A. G. Porta, el cuento «El contorno del ojo» y La Universidad Desconocida, título este último que, de hecho, se incorpora en esta misma ficción como entidad fantasmal y motivo narrativo. Se trata de una novela que sigue su metodología de trabajo habitual previa al uso del ordenador: notas de escritura, borrador y redacción en limpio. Fue transcrita póstumamente.
Esta novela cobra especial rele­vancia porque marca cierto punto de inflexión en la obra del chileno, como una suerte de introduc­ción a los textos de madurez de su último periodo creativo, los productivos años de Blanes de 1985 a 2003 en los que compondría el gran caudal de su obra y sin duda sus mejores páginas. El es­píritu de la ciencia-ficción se inscribe en la misma línea narrativa de su otra novela más célebre, Los detectives salvajes, por la que recibiría el presti­gioso Premio Rómulo Gallegos en 1999. Antece­dente inmediato de esta novela que escribiría una década después, El espíritu de la ciencia-ficción puede leerse como una suerte de previa historia de adolescencia de aquellos salvajes sabuesos literarios. Los años de formación poética, de iniciación al sexo y de incipientes pesquisas detec­tivescas; en este caso no tras el paradero de la es­quiva y misteriosa escritora Cesárea Tinajero, sino en busca del origen o el porqué de la ebullición literaria del DF a mediados de los setenta, que se manifestaba en la existencia de innumerables talleres de poesía y, sobre todo, en la circulación de varios centenares (más de 600 en un solo año, constatan los protagonistas de esta novela) de publicaciones poéticas, entre revistas, fanzines y folios marginales.

Así comienza El espíritu de la ciencia ficción:

“—¿Me permite hacerle una entrevista?
—Sí, pero que sea breve.
—¿Ya sabe que es usted el autor más joven que
ha ganado este premio?
—¿De verdad?
—Acabo de hablar con uno de los organizadores. Me dio la impresión de que estaban conmovidos.
—No sé qué decirle… Es un honor… Me siento muy contento.
—Todo el mundo parece contento. ¿Qué ha bebido usted?
—Tequila.
—Yo, vodka. El vodka es una bebida extraña, ¿no cree? No son muchas las mujeres que lo tomamos. Vodka puro.
—No sé qué beben las mujeres.
—¿Ah, no? En fin, da igual, la bebida de las mujeres siempre es secreta. Me refiero a la auténtica. Al bebercio infinito. Pero no hablemos de eso. Hace una noche clarísima, ¿no le parece? Desde aquí se pueden contemplar los pueblos más lejanos y las estrellas más distantes.
—Es un efecto óptico, señorita. Si se fija con cuidado observará que los ventanales están empañados de una forma muy curiosa. Salga a la terraza, creo que estamos justo en medio del bosque. Prácticamente sólo podemos ver ramas de árboles.
—Entonces esas estrellas son de papel, por supuesto. ¿Y las luces de los pueblos?
—Arena fosforescente.
—Qué listo es usted. Por favor, hábleme de su obra. De usted y de su obra.
—Me siento un poco nervioso, ¿sabe? Toda esa gente allí cantando y bailando sin parar, no sé…
—¿No le gusta la fiesta?
—Creo que todo el mundo está borracho.
—Son los ganadores y finalistas de todos los premios anteriores.
—Dios santo.
—Están celebrando el fin de otro certamen. Es… natural.”

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