“No saben dónde se vinieron a meter”
La noche funesta fue descrita por la Fiscalía de Guerrero, la PGR y el informe de los expertos de la CIDH. Aquí se tejen las 3 versiones que dan cuenta hasta ahora de lo ocurrido.
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Imagen: video de Proceso

Después de aquella noche, la más triste de la historia reciente en Guerrero, cuando dispararon a matar contra estudiantes de la Normal de Ayotzinapa, y desaparecieron a 43, el peso de las investigaciones recayó en la Fiscalía de Guerrero, encabezada por Iñaki Blanco.

Los primeros detenidos eran policías municipales de Iguala y en principio se quiso dejar todo como un asunto local, si acaso del gobierno del estado. Después se supo que los jóvenes eran monitoreados por la Policía Federal y el Ejército; elementos de este último incluso tuvieron contacto con los heridos y vieron cadáveres en las calles. La policía estatal también estuvo presente en los hechos. Todos estaban involucrados.

Fueron 9 ataques esa noche y la madrugada del día 27, según el informe de la CIDH.

Un cuadro incluido en el informe de los expertos resume los hechos, desde la salida de Tixtla, a las 17:30 horas del 26 de septiembre, hasta las 7 de la mañana del día siguiente, cuando los normalistas se llamaban unos a otros, algunos respondían y otros ya no:

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El transcurso de las horas fue una pesadilla.

La Fiscalía dio cuenta de lo que encontró en la madrugada, tras los ataques:

A las 00:05 horas del 27 de septiembre de 2014, personal del Centro de Control, Comando y Cómputo (C-4) hizo del conocimiento de la Representación Social que sobre la carretera nacional México – Acapulco, tramo Iguala – Mezcala, bajo el puente que se ubica frente al edificio del Palacio de Justicia se encontraba un autobús abandonado de la línea Estrella de Oro, mismo que presentaba daños, acordándose el traslado del personal de actuaciones para corroborar tal situación. En la inspección ocular efectuada, se dio fe de tener a la vista un vehículo abandonado de la línea Estrella de Oro con los cristales rotos y las llantas ponchadas, apreciándose en su interior y sobre los escalones rocas de distintos tamaños; en el exterior, a una distancia aproximada de cinco metros de la unidad, se encontraban amontonadas diversas prendas de vestir, algunas de ellas con manchas de líquido hemático, procediendo al aseguramiento de la unidad motriz y de la evidencia localizada.

Ese era uno de los 3 autobuses que salió de la central de Iguala a las 21:22 horas aproximadamente. A las 22 horas fue atacado aproximadamente. Paradójicamente, el ataque ocurrió frente al Palacio de Justicia. Ahí viajaban algunos de los que hoy están desaparecidos. Entre 13 y 15.

Otro evento reportado por la Fiscalía ocurrió unos minutos más tarde:

– A las 00:45 horas del 27 de septiembre de 2014, personal del Centro de Control, Comando y Cómputo (C-4) reportó al Ministerio Público que a la altura del crucero de Santa Teresa, municipio de Iguala de la Independencia, se encontraban dos personas sin vida, una del sexo femenino y la otra un masculino, por proyectil de arma de fuego y vehículos con daños por la misma causa.

En tal tesitura, el Ministerio Público, en compañía de peritos en distintas especialidades y elementos de la Policía Ministerial, se constituyeron en el lugarde referencia, localizando en el kilómetro 135 + 450 de la carretera federal (95) México – Acapulco, tramo Iguala – Mezcala, un vehículo marca Nissan, Tsuru, con impactos de proyectil de arma de fuego, y a una distancia aproximada de dos metros el cuerpo de una persona sin vida; además, en las inmediaciones se ubicó otro vehículo marca Nissan, Tsuru, así como un autobús de la marca Volvo, rotulado con la leyenda “Castro Tours”, el cual presentaba impactos de arma de fuego, localizando en su interior otro cadáver, ordenándose el traslado de los cuerpos al Servicio Médico Forense (SEMEFO) de la ciudad, además del aseguramiento 61 indicios balísticos (61 casquillos calibre .223” y 3 esquilas deformadas); en tanto, los vehículos fueron puestos a disposición de la Procuraduría General de Justicia por elementos de la Policía Federal, quienes también hicieron del conocimiento que en el lugar se encontraban seis personas lesionadas, las cuales fueron trasladadas al Hospital General de Iguala.

Así también, se presentó voluntariamente ante el órgano investigador un testigo de los hechos, quien en lo que interesa manifestó que ese día, al circular en la citada vía federal en compañía del hijo de su patrón, a la altura del crucero de Santa Teresa, se percató que se encontraba un taxi blanco a media carretera, por lo que tuvo que esquivarlo y metros más adelante observó a un grupo de diez personas armadas, todos vestidos con ropas oscuras y pasamontañas del mismo color, quienes procedieron a dispararles sin mediar palabra alguna, descendiendo de su unidad para resguardarse en el cerro.

Y otro evento más:

A las 02:40 horas del 27 de septiembre de 2014, personal del 27 Batallón de Infantería de la ciudad de Iguala de la Independencia, informó al agente del Ministerio Público que entre el Periférico Norte y la calle Juan N. Álvarez, se encontraban los cuerpos sin vida de dos personas del sexo masculino, a quienes se les apreciaban múltiples impactos de  arma de fuego.

Así fueron contando los muertos. Llegaron a 6, entre ellos la mujer que viajaba en un taxi y el jugador del equipo Los Avispones de Chilpancingo.

La llegada de los normalistas a Iguala fue para tomar camiones que necesitaban para trasladarse a la marcha del 2 de octubre en la Ciudad de México. Pero todo, como se ha expuesto, salió mal.

La PGR informó en noviembre que los normalistas fueron atacados porque intentaban boicotear el “informe” de la primera dama de Iguala, María de los Ángeles Pineda Villa, pero no fue así. El grupo de expertos estableció que ese acto terminó antes de la llegada de los estudiantes.

El policía Uzziel Peralta Rodríguez declaró que el acto político inició a las 19:00 horas, se llevó a cabo sin ningún contratiempo y al terminar de dicho informe “dio inicio en la Plaza de las Tres Garantías, el evento musical amenizado por la Luz Roja de San Marcos, en donde permanecí hasta las veintiuna horas”. En ese momento, los normalistas de Ayotzinapa se encontraban en la caseta de Iguala y el cruce de Huitzuco.

Los autobuses Estrella de Oro 1531 y 1568 llegaron a la central a las 21:16 horas y se quedaron a ambos lados de la entrada. Mientras, personal de seguridad avisó a la policía de la presencia de un grupo numeroso de estudiantes de Ayotzinapa. Los normalistas iban en busca de sus compañeros encerrados en el Costa Line, pero el autobús ya estaba abierto cuando llegaron.

En ese momento, los normalistas tomaron la decisión de llevarse más autobuses, lo que no estaba previamente acordado. En la central se hicieron de dos de Costa Line y uno de Estrella Roja, el llamado “quinto autobús”.

Así los muestra el informe de la CIDH:

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Los normalistas que iban en la caravana que avanzaba en dirección hacia Periférico norte, informaron que mientras avanzaban por la calle Galeana, se acercaban patrullas de la policía disparando al aire desde diferentes lados. Las primeras llamadas al 066 sobre la existencia de disparos fueron a las 21:53 horas. Desde ahí hasta la medianoche duraron las diferentes agresiones. Fueron 9 en total.

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Todos los autobuses fueron tiroteados. Quedaron muchos cristales rotos y las carrocerías agujereadas, especialmente en el caso del último autobús, Estrella de Oro 1568, que resultó con treinta disparos que impactaron el interior del autobús.

Un normalista herido por disparos en la mano, quien fue a dar al hospital junto con otro que quedó en coma, contó que con él llegaron dos policías que le enfocaron con linternas, lo patearon, lo golpearon, lo tiraron al piso y le dijeron: “no saben dónde se vinieron a meter”, “muy machitos para hacer eso (tomar autobuses), aguántese”.

En el mismo sentido les habló un policía que actuaba como si fuera el jefe del operativo, con bigote blanco amarillento, fumador, quien les dijo: “nos vamos a llevar todos los autobuses, vamos a hacer de cuenta que no pasó nada”. Pero al ver que eso no ocurría, agregó: “Les vamos a decir una cosa, se van a arrepentir el resto de su vida por haber entrado a Iguala. Más tarde venimos por ustedes”.

Según la Fiscalía de Guerrero, los policías municipales tenían en su poder: 228 armas de fuego, 131 cortas y 97 largas, así como 15 patrullas.

22 efectivos municipales dieron positivo a la prueba de lunge, es decir, sus armas fueron disparadas recientemente.

Hugo Hernández Arias, un policía local, indicó haber visto diez detenidos en el patio de su comandancia, los cuales se llevaron otros elementos de la corporación, a bordo de dos patrullas.

Integrantes del grupo delincuencial Guerreros Unidos identificaron en total a 30 efectivos de la Policía Preventiva Municipal como integrantes de dicha organización delictiva.

El destino final de los normalistas hasta ahora es incierto. En octubre la Fiscalía indicó que había exhumando más de 30 cuerpos en fosas clandestinas de Iguala, pero ninguno correspondía a los de Ayotzinapa. Después la PGR aseguró que hubo una incineración en un basurero de Cocula, y los restos fueron arrojados al río. Pero lo primero ya fue refutado por expertos de la CIDH.

Hasta ahora, según el equipo de peritos argentinos, sólo los restos de Alexander Mora Venancio se han podido identificar plenamente. La PGR informó que también habían identificado en Innsbruck los de Jhosivani Guerrero, pero los argentinos consideraron que eso es tan solo una posibilidad.

Y frente a las dudas, un año después, aún faltan por ser detenidos piezas claves.

Uno de ellos, quien operó la detención de los normalistas: el ex director de Seguridad Pública Municipal, Francisco Salgado Valladares.

Falta otro también. Según el expediente de la Fiscalía, quien ordenó llevarse a los normalistas y ultimarlos fue un sujeto apodado “El Chucky”, integrante y líder de los “Guerreros Unidos”. Pero la PGR aseguró después que Gildardo López Astudillo, El Gil, integrante de dicha organización, fue quien dio esa misma orden. Éste último fue detenido apenas el pasado 15 de septiembre en Taxco. Del “Chucky” no se sabe ni su nombre.

Mientras tanto, en la cárcel, José Luis Abarca y su esposa María de los Ángeles Pineda Villa niegan su participación y prefieren guardar silencio.

El presidente Enrique Peña Nieto afirma que las investigaciones continúan y que “no habrá carpetazo”.

(Consulta:

Versión de PGR

La intervención del Ejército 

“Mamá, me puede poner una recarga, me urge”, el último mensaje de un normalista

El informe que derrumba la verdad histórica)



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