Isabel Arvide y Enrique Galván escriben sobre el caso Aristegui
"La censura era algo connatural, que estaba aceptada, que se convertía en parte de tu vida cotidiana...", escribe Arvide. En tanto, Galván reproduce la opinión de la destacada abogada Christa Mueller, sobre lo que podría suceder en este caso.
Concede el juez Silva García suspensión definitiva en el caso Aristegui-MVS
(Foto: Archivo / Cuartoscuro)

Isabel Arvide y Enrique Galván Ochoa dedican sus respectivas columnas -en El Sol de México y La Jornada– al caso Aristegui-MVS.

Arvide comenta que le “estremece” que “una mujer periodista insista en pelear, con todos los argumentos legales y mediáticos, un derecho que las generaciones de mujeres que la antecedimos no pensamos siquiera que podíamos tener: El derecho de tener tu propio espacio público“.

En tanto, Galván indica que “la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) puede ser la única y última opción de Carmen Aristegui en su litigio con MVS”.

Se reproducen ambas a continuación:

Isabel Arvide en El Sol de México

Hace días nos encontramos en la puerta de un restaurante, y hasta ese momento me percaté de que Aristegui es muy joven. Sorprendentemente joven frente a la imagen pública que tiene.

Es tan joven que no le tocaron las redacciones con máquinas de escribir, o enviar una nota a través del télex, picando una tira que después debía ser… tampoco esos gritos de “hueso” para que el ayudante llevase una copia-adelanto de la nota cada tarde. Siempre contrarreloj.

Hace cuarenta años, Carmen no lo vivió, la primera batalla como mujer periodista era conseguir que dejasen de confundirte con la secretaria. No había mujeres en las fuentes “serias” y rutinariamente éramos consideradas, por el señor director, muy eficientes cubriendo espectáculos o eventos sociales. O muy adecuadas para ser invitadas a “cenar”.

Luego, siguiente batalla, había que obtener un espacio en el autobús de prensa que correspondiese, entre empujones y burlas de los señores reporteros que te veían como un estorbo o un par de tetas a disposición. Y si te caías, me pasó, había que levantarse con cara de palo…

Los jefes de prensa eran el horror personificado, la negación permanente. Y no había cómo probar que no eras corrupta porque a tu nombre se quedaban con los sobres de “apoyo”. Y ni con quién acusarlos de lo inexistente.

Escribir de política era un sueño, tan inalcanzable por los caminos convencionales donde comenzabas cubriendo policía para, miles de años después, llegar a la fuente política, a la presidencial y, tal vez, solo tal vez, tener un espacio en primera página con tu opinión.

Tanto sexismo, tanto machismo a vencer en todos los ámbitos… cuando me dieron el Premio Nacional de Periodismo, primera mujer en recibirlo en el género de opinión, me quitaron el derecho de leer el discurso oficial… coincidente con el asesinato de Manuel Buendía.

¿Qué era la censura para nosotros? Tu nota convertida en una bola de papel en el bote de basura. Una llamada a la dirección general cuando ya éramos “senior”, adultas, importantes. Una explicación. O la promesa de permitirnos cubrir el siguiente evento, una guerra, algo pleno de noticias.

Por sobre todo, la censura era algo connatural, que estaba aceptada, que se convertía en parte de tu vida cotidiana, comenzando por ti misma, por todas las limitantes que te imponías para conseguir ser publicada.

Hasta la fecha conservo esa inquietud en la boca del estómago cuando abro el diario buscando mi nota, pensando que no fue publicada. Y si estoy fuera hablo, pregunto, quiero estar cierta de que, por ese día, logré pasar todas las barreras que tiene este oficio.

Por eso al ver a Carmen le dije que ya había ganado. Y me quedé con las ganas de contarle lo asombroso que nos parece, a una generación de mujeres periodistas, que el tema de su libertad de expresión, de su relación laboral, se discuta en los medios.

Eso sí que es asombroso. Un cambio tremendo.

Porque la señora Aristegui está peleando, en todos los tribunales, por mantener su derecho a hacer periodismo. El periodismo que ella quiere y sabe hacer en un espacio que ella siente le fue arrebatado.

A mí me conmueve, me deja frita de envidia, que una mujer periodista asuma que tiene un espacio suyo, y que de acuerdo a esta premisa, decida luchar por mantenerlo. Y que crea que esto pueda ser resuelto en tribunales o, incluso, en la Suprema Corte de Justicia. ¡Qué hazaña permitirte pensarlo!

Cuando salí de la dirección del diario SUMMA, por aquel encabezado del primero de diciembre que decía: “Decepcionó el Gabinete”, mi preocupación más grande era de qué iban a vivir los 39 trabajadores y reporteros que abandonaron su trabajo por la imposición de censura que pretendía la empresa.

Pensar que en ese tiempo, y no hace tanto, parecía “legítimo” que el jefe de prensa de Presidencia impusiera un “censor” en la redacción…

Imposible, ante esa realidad, siquiera imaginar un pleito legal. Y no era una casa lo que estaba en discusión, apenas un encabezado.

Me conmueve Carmen Aristegui. Profundamente. Y no hablo de sus capacidades profesionales. Lo que a mí me estremece es que una mujer periodista insista en pelear, con todos los argumentos legales y mediáticos, un derecho que las generaciones de mujeres que la antecedimos no pensamos siquiera que podíamos tener: El derecho de tener tu propio espacio público.

Por eso, por atreverse a pelear, es que ya ganó.

*****

Enrique Galván Ochoa en La Jornada

La Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) puede ser la única y última opción de Carmen Aristegui en su litigio con MVS –y el poder inmenso que asoma detrás de sus siglas. Está en juego su reinstalación en el noticiario, pero hay más: el respeto al derecho de la audiencia de enterarse de lo que sucede en el país por conducto de una periodista independiente. ¿Ejercerá la Suprema Corte su facultad de atracción? Los abogados de Carmen, Javier Quijano y Xavier Cortina, ya hicieron lo que les correspondía: pidieron formalmente que el recurso de queja interpuesto por MVS contra la admisión de la demanda de amparo presentada por Aristegui sea atraído por la SCJN. Pedí la opinión de la destacada abogada Christa Mueller, experta en materia de amparo, sobre lo que podría suceder. Esta es su valoración:

La responsabilidad de la Corte

“Tenemos que esperar a ver a cuál de las dos salas de la SCJN se turnará la solicitud; presumiblemente a la segunda, por corresponder a ésta la materia administrativa.

“La naturaleza de dicha solicitud de atracción es que el ministro ponente emita un dictamen con base en un estudio preliminar, que tiene como fin determinar si el caso reúne los requisitos constitucionales de ‘interés’ y ‘trascendencia’ para que la SCJN pueda, de manera informada, decidir si el caso merece ser o no atraído y resuelto por ella.

“Debemos destacar que la facultad de atracción es un medio excepcional con el que cuenta la SCJN para conocer asuntos que en principio no son de su competencia, sino de los tribunales colegiados de circuito. Por ello, actualmente el estudio de la queja está a cargo del magistrado Pablo Domínguez Peregrina, del quinto tribunal colegiado en materia administrativa del primer circuito.

“La Suprema Corte puede ejercer su facultad de atracción de la queja 139/2015 siempre y cuando no se haya dictado la sentencia correspondiente.

La importancia de la atracción deriva de las consecuencias que trae aparejada la resolución. Si el órgano decide que el juez Silva no debió admitir el amparo, éste se desechará y ahí termina todo. No habrá amparo. Lo prudente y recomendable es que resuelvan que la improcedencia no es notoria y manifiesta y, por tanto, se deseche la queja de MVS, lo cual permitiría que se estudie el fondo del caso y que se decida la suerte del amparo en sentencia de fondo por el juez Silva.

Hasta aquí la opinión de la abogada Christa Mueller. Cabe comentar que fue Christa la primera persona que sugirió a Carmen recurrir a la Suprema Corte (…).



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