Cine mexicano actual, apasionante y digno de estudio: Ayala Blanco
El crítico de cine habla sobre su nuevo libro, La lucidez del cine mexicano, correspondiente a la letra L de su alfabeto de cine nacional; adelanta que este año vendrán más novedades editoriales.
Foto: Josué D. Romero.

Por José David Cano

A Jorge Ayala Blanco se le ve feliz, se le ve jovial. Razones no le faltan. Verán: por un lado ha empezado a circular en librerías la letra L de su ya canónico alfabeto sobre la cinematográfica nacional, bajo el título de La lucidez del cine mexicano. Por el otro —y si las cosas ocurren como las tiene previstas—, en lo que resta del año verán la luz algunos títulos más.

Conste, lo cuento como me lo platicó: “La lucidez del cine mexicano es el primer libro de siete que serán publicados este año… Para mí, esto es absolutamente insospechado. ¡Nunca imaginé que saldrían siete libros míos en un año!”.

Era una mañana de abril, cuando el decano de la crítica cinematográfica en México nos recibió para charlar sobre su libro —que ha sido editado por el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC), y la Dirección General de Publicaciones y Fomento Editorial de la UNAM—, y para adelantarnos sobre el material que está por venir…

El maestro se escuchaba emocionado: “Serán dos libros inéditos, y los otros serán reediciones. Ya entregué la M, que saldrá entre junio o julio según la imprenta. También ya entregué la N, y estoy escribiendo la Ñ del cine mexicano, en este momento. Eso por un lado. Por el otro, está entregada la Cartelera Cinematográfica correspondiente a la década de los noventa, pero no sé si saldrá este año. De hecho, irá directamente a e-book, según me dijeron. Las otras publicaciones de las que hablo son la reedición de todo el abecedario del cine mexicano… A mí me parece formidable que los reediten, aunque saldrán exclusivamente en e-book. Yo sé que ya tienen cinco tomos revisados, y listos para ser lanzados…”.

Aquí vale una aclaración: con más de 50 años ejerciendo la crítica y la docencia de cine, Jorge Ayala Blanco tiene, además, una treintena de libros publicados, divididos en tres series: sobre el cine internacional, sobre la exhibición de cine en México (que justamente se edita con el título genérico de Cartelera Cinematográfica, investigación conjunta con María Luisa Amador), y sobre cine mexicano (precisamente el ya conocido alfabeto).

Algo es cierto: “El abecedario tiene ya su vida propia. Ya es un proyecto literario o cultural mío que tiene una forma —me contó Ayala Blanco—. Es una parte fundamental de mi trabajo. Y es algo que, digamos, forma también parte de mi compromiso académico con la Universidad”.

Eso sí: para que todo esto este sucediendo, la ayuda de una institución como la propia UNAM ha sido vital. En ese sentido, fue claro: “En este momento tengo el apoyo completo de la Universidad, a través del CUEC y de su directora María del Carmen de Lara”.

Así que han pasado casi 50 años desde que Ayala Blanco comenzara a diseccionar la cinematografía nacional a través de su abecedario, hasta llegar al más reciente tomo. Correspondiente a la letra L y bajo el título de La lucidez del cine mexicano, se trata de la duodécima entrega de esta emblemática serie que empezó en 1968 con La aventura del cine mexicano, y al que le han seguido La búsqueda, La condición, La disolvencia, La eficacia, La fugacidad, La grandeza, La herética, La ilusión, La justeza y La khátarsis.

—Maestro, este año empiezas a reeditar tu abecedario, un proyecto que está a un suspiro de cumplir ¡50 años de ver la luz por primera vez!

—Esta anécdota la he contado varias veces: el primer tomo me salvó la vida. ¿Por qué? Porque me entregaron los primeros ejemplares el 2 de octubre de 1968, y tuve que ir a recogerlos a Iztapalapa. Mi mujer y yo, en ese momento, estábamos metidos en el movimiento estudiantil, no nos perdíamos ninguna manifestación, ninguna concentración. Como tuve que ir por los libros, le dije a mi mujer “ve tú sola”. Pero tampoco ella pudo ir, porque se enfermó nuestro hijo. Así que a ella le salvó que se enfermara Rodrigo, y a mí me salvó recoger mi libro, ya que además quedaba lejísimos.

—Tienes razón: algo así no se olvida.

—En lo absoluto. Nunca se me olvidara el día que me entregaron esos primeros ejemplares de La aventura del cine mexicano; un libro que rebotó en todas las editoriales y en todas me lo aventaban a la cara, o querían hacerle mutilaciones. Yo lo publiqué, no sin estar en una vital encrucijada: o lo publicaba con la cultura exquisita, que era la editorial Era, o lo publicaba con la cultura popular, que era Diana. Nunca sabré si elegí la buena. Digo, la edición de Era estaba bonita, todo mundo te festejaba, pero congelaron el libro durante diez años. No hubo segunda edición, pues Era estaba comprometida a publicar los libros de Emilio García Riera, mi enemigo declarado, así que tuvieron que arrinconar el mío. Quizá en Diana, quizá, pudo tener no cinco sino diez reediciones. Eso nunca lo sobremos… Ahora bien, a la distancia, ha sido un enorme esfuerzo, un enorme trabajo, pero me apasiona. No hay que olvidar que son tres series de libros… ¡Es una locura! Es muy absorbente, porque a parte de escribir tengo que ver todas las películas y dar clases… Pero creo que con un poco de disciplina, se logran muchas cosas.

—Bueno, maestro, hoy está de moda escribir de la película y no verla…

—Ja-ja. Tienes toda la razón. Ya se puede hacer crítica de cine gracias a internet… El problema es que con las películas mexicanas no se puede, porque lo que encuentras es siempre el mismo maldito boletín de las distribuidoras. Todo el mundo lo recicla de mil maneras, y no aporta nada. Además, son puras vaguedades… Así que es por excepción que hay análisis de películas mexicanas. Pero, en general, son opiniones. Y es precisamente lo que yo he tratado de evitar: que no haya esa cosa de juzgar la película. El epígrafe que le puse a La aventura lo he sostenido durante estos casi 50 años; era de Roland Barthes, del libro Crítica y verdad que traduje para la revista de Bellas Artes. Lo cito de memoria: “Mientras la crítica tuvo como finalidad el juzgar, no podía ser más que conformista, es decir, juzgar conforme a los intereses de los jueces. Sin embargo, la verdadera crítica de las instituciones y de los lenguajes no consiste en juzgarlos, sino en distinguirlos, en separarlos, en desdoblarlos”.

—De ahí salió la idea de desdoblar las películas, ¿no?

—Exacto. La idea de desdoblarlos a mí me motivó muchísimo, porque siempre hablaba no de desdoblar sino de desmontar los mecanismos, ver cómo son realmente las películas y reinventarlas. Es interesante ver cómo la mirada del crítico se renueva. Antes, escribía primero los ensayos, terminaba el libro, y le buscaba el nombre. Así fue con La aventura, La búsqueda y La condición, pero ya en la D, ahí sí era muy claro que estaba haciendo (y asistiendo) a la “disolvencia” del cine mexicano, que era la desaparición de un cine y la aparición de otro; ahí sí era muy propositivo dar ese cambio. Desde La eficacia empecé a hacer libro programáticos; o sea, el título del libro en realidad es un programa. Es una guía, por supuesto, pero también es una especie de plataforma en la que vas recibiendo las películas (en ese caso, desde el punto de vista de sí son o no eficaces). El que ya es totalmente programático es la G, La grandeza; es decir, la búsqueda de la grandeza por parte del cine, que puede ser fallida (la grandilocuencia) o puede ser espectacular (la grandiosidad). En La lucidez es muy claro que también ya tenemos una aspiración: el cine mexicano de este periodo que analizo, que son los años 2013 y 2014, aspira a ser lucido, a no hacerse guaje, a ver las cosas realmente como son… Lo apunto en el prólogo: lucidez es ver y rendir testimonio de las cosa tal como son y como suceden, y no como las imaginamos o desearíamos que fuesen.

—Es cierto, en el libro están todos los grados posibles de esta lucidez…

—Así es. El libro se convierte, gracias a esto, en una especie de ensayo. Cada texto, cada capítulo, es como una parte de un rompecabezas, el cual se va armando como un conjunto a partir de un centenar de filmes en el que todos buscan la lucidez, así sea una lucidez aberrante. En el libro están las dos películas más aberrantes, es decir, las más taquilleras de la historia del cine mexicano, Nosotros los nobles de Gary Alazraki, y No se aceptan devoluciones de Eugenio Derbez, y lo que representan cada una de ellas: una sustituye la lucha de clases por la lucha de castas, la conciliación de las castas, que es la herencia de Nosotros los pobres y Ustedes los ricos; ahora son “Nosotros los innobles” y “Ustedes los nobles”, que son las castas finalmente. Por otro lado está No se aceptan devoluciones, que obviamente es una lucidez aberrante, una lucidez monigotesca. O sea, este pobre mamarracho que no sirve para nada, personificado en el filme por Eugenio Derbez. Se trata de analizar qué es lo que representa el personaje y cuáles son sus características cinematográficas. Es decir, no partir del juicio sino dar todos los elementos para que la película se revele en todos sus estratos, en todos sus pliegues, en todos sus discursos.

—Vaya, analizar todos los lados del poliedro.

Exacto. Eso es lo que realmente importa. Lo que menos le importa a mi libro es que la gente vaya a ver las películas, motivarla para que las vea. Si le interesa ir a ver el filme luego de leer el libro, que las vea. Lo importante es que están ahí, así son los filmes. Es un poco la idea que maneja el título de un libro de Samuel Beckett, Comment cest, “cómo es”. Y eso está en mis libros desde La aventura: cómo es la película… Lo que importa es desmontar los mecanismos. Una de las razones del libro es visibilizar el cine de un cierto periodo. Me refiero a sacarlo del ostracismo en el que lo obliga a estar el actual estado de la cartelera, y que es donde lo ha arrinconado el duopolio que existe en este país.

Una cosecha es estupenda

Vamos a ponerlo así: La lucidez del cine mexicano es un conjunto de textos que, en su totalidad, integran un gran ensayo sobre el cine mexicano y la sociedad mexicana, dejando un mosaico de una realidad determinada. Al menos así lo explicaba Jorge Ayala Blanco.

—Maestro, en tus análisis sueles utilizar diversos lenguajes. De hecho, me queda claro que a través de las películas analizas a la sociedad mexicana desde un punto de vista sociológico, ideológico, incluso psicológico…

—Sí-sí… Siempre he utilizado diferentes lenguajes; como suelo decir: yo no tengo ideas, saqueo las ideas; y éstas puede ser sociológicas, psicológicas, incluso filosóficas. Por supuesto. Yo sigo pensando que el cine mexicano es un gran regalo que me hizo la vida. Y no sólo eso: el hecho de que no haya realmente libros sobre el cine mexicano en lo inmediato es algo que sigo sin entender. Más aún, me parece inaudito que no haya un material como éste en otro tipo de áreas. Ya me cansé de esperar, durante 50 años, que a alguien se le ocurra hacer el mismo proyecto, que es hacer la historia viva del cine mexicano, y trasladarlo a otro arte. Imagínate lo maravilloso que sería este mismo proyecto aplicado a algo que a mí me encanta, que es la música, o la caricatura, o al cuento, o al teatro, o la pintura. ¡No existe! Y eso, a mí, me parece desesperante. Es decir, esta idea de leer un país a través de uno de sus productos culturales, puede ser el cine en mi caso, que para mí es apasionante, no sé por qué a nadie más se le ha ocurrido hacerlo…

—La imagen de la portada del libro llama mucho la atención. ¡Es para festejarla!

—Es algo absolutamente insólito. Es la primera portada lésbica, que yo conozco, en un libro de cine mexicano, y además universitario. No sólo eso: es de un tema que casi no se trata… Hace poco una investigadora me preguntó cuántas películas mexicanas de lesbianas conocía, y no le pude nombrar más de cinco. Y de pronto surge una que es maravillosa, que es una ópera prima del CUEC, llamada Todo el mundo tiene a alguien menos yo de Raúl Fuentes. Esta película, a mi modo de ver, es infinitamente superior a esa súper cacareada cinta (que obviamente es excelente) La vida de Adèle, de Abdelatif Kechiche, que no es más que un episodio en el desarrollo sexual de una mujer. En cambio, el filme de Raúl no solamente es de lesbianas asumidas, sino de las relaciones fassbinderianas; o sea, las relaciones de fuerza que se establecen entre ellas. Para mí, es un tipo de cine lésbico que no existe en ninguna parte del mundo. Es una película extraordinariamente avanzada. Claro, es la que más gusta de todas las que están analizadas en el libro. Por eso, de manera emblemática la propuse para la portada. Te digo, ahí es donde se ve que la realidad mexicana se está buscando; busca ver con lucidez incluso la vivencia o la dignidad de las relaciones entre mujeres.

—Si algo queda claro tras leer no sólo La lucidez sino los anteriores títulos, es que ha habido una importante evolución en el cine local…

—Es cierto. Ha habido una especie de metamorfosis. Hoy cada película es un caso distinto, y lo importante es saber realmente lo qué dicen los filmes como un caso. En el libro están cintas como La jaula de oro de Diego Quemada-Diez, Heli de Amat Escalante, o La revolución de los alcatraces de Luciana Kaplan, cintas extraordinariamente avanzadas pero que son como meteoritos, cayeron por ahí, y no tienen ninguna secuela, ninguna imitación, casi es difícil encontrar sus antecedentes. Eso, para mí, hace del cine mexicano actual apasionante y digno de estudio. Tan apasionante, que incluso uno va a buscarlo, va a hurgar ahí donde esté, porque si no agarras el filme en la primera semana, se te pierde.

“Entonces, si en el anterior periodo de películas lo que buscaba el cine mexicano era su propia catarsis (la catarsis del realizador, la catarsis del espectador), de pronto ya no busca eso sino lo que sigue (quizá) de esa catarsis, o sea, buscar ver con claridad. Pero además la sociedad misma te obliga, la realidad es tan oprimente y apremiante que está buscando ver claro. Todo mundo trata de ver con mayor claridad. Ésa es la idea de la lucidez. Finalmente, todas las películas buscan un poco eso; incluso, busca con lucidez la taquilla descarada, ¿por qué no? Hay una lucidez también en eso. Es decir, ya no esconder el juego sino abrirlo. Eso es lo que yo me di cuenta en este libro, en este periodo de películas. La M ya será otro enfoque, con otra búsqueda.”

—Se podría que, aunque es un periodo breve, la cosecha es estupenda.

—Por supuesto. En este libro, yo encuentro verdaderas maravillas. Me han gustado mucho las películas documentales. Algunas me parecen apasionantes, como El cuarto desnudo de Nuria Ibáñez. Hay algunos rarísimos, como El hombre que vivió en un zapato de Gabriella Gómez-Mont, un filme absolutamente imposible y que además apenas se exhibió. Hay una bella cinta de sordos que se llama Música ocular, de José Antonio Cordero. Son documentales deliciosos. Pero también hay filmes como Club sándwich de Fernando Eimbcke, que es una de mis favoritas. O Fecha de caducidad de Kenya Márquez…

—Desde luego, también hubo churrazos monumentales. Ya citabas dos de ellos…

—¡Claro! Obviamente hay unos churrazos impresionantes como El ciudadano Buelna de Felipe Cazals, que para mí es “El ciudadano hueva”. O Cinco de mayo: la batalla de Rafa Lara, que matan más gente en la película que en la misma batalla. Son cosas escalofriantes. O Detrás del poder de Javier Colinas. Entre los peores churrazos de todo el libro está El crimen del cácaro Gumaro, de un pobre señor que se cree gracioso, Emilio Portes. O cosas que realmente no tienen nombre, como Deseo de Antonio Zavala, que es una versión a la mexicana de La ronda de Max Ophüls. Son cosas absolutamente inenarrables. Pero, además, con grandes pretensiones. Eso es lo delicioso… Entonces, yo abro el libro en cualquier página y me resulta apasionante. Porque está escrito obviamente con pasión… Incluso, es muy disfrutable escribir sobre películas que me parecen repelentes; desmotar esos mecanismos es una verdadera delicia. A veces es más divertido desmontar esas películas repelentes que verlas, porque le encuentras una serie de aristas y aspectos que la convierten en algo disfrutable. Por eso creo que el lector también disfrutará este libro.

Epílogo: el cine y el TLC

Como lo ha hecho en sus anteriores libros del abecedario sobre el cine mexicano, Jorge Ayala Blanco pone los puntos sobre las íes. Al hablar sobre la situación del cine nacional, escribe a manera de prólogo: “Un cine hecho para que nadie lo vea. Instituciones que fingen apoyar al cine en su conjunto, facilitando sólo su producción y autojustificando su existencia en cifras globales de recaudación que incluyen de manera primordial (que no exclusiva, aunque parezca mentira) aquellas obras que no produjo. Un cine pariente pobre, discriminado y arrinconado en la cartelera de su propio país y sin mayor salida (apenas esporádica o festivalera) en el extranjero. Productores y creadores transas que se forran de dinero en el instante mismo de ejercer su oficio y sólo en contadas ocasiones gracias a los beneficios de la exhibición de sus productos, lastrada o hecha imposible. Un puñado cada vez más vasto de películas anuales (1oo, 120 o más), cultural y formalmente muy valiosas, pero impedidas para llegar a su público destinatario natural. Una ley cinematográfica, con su obligatorio 10% de pantalla para el cine nacional, vuelta letra muerta e inaplicable. Una explotación comercial sólo posible en un voraz y brutal duopolio de cadenas exhibidoras.” Y así…

—Parece que Trump habla en serio sobre modificar, o simplemente desaparece, el Tratado de Libre Comercio. Éste vino a darle al traste al cine mexicano, al menos desde el punto de vista industrial. ¿Cuál es tu visión de este asunto, maestro?

—Yo nunca me he metido demasiado en la cuestión del financiamiento y la recuperación. Siempre me ha parecido que hay demasiados intereses creados, que la perversión máxima es la protección estatal, y que el estado debe crear las condiciones. No se trata de financiar las películas con nuestros impuestos y cobrarnos dos veces, porque finalmente yo pagué el financiamiento del filme y luego tengo que pagar por verlo. No se trata de proteger al cine mexicano, se trata de crear las condiciones para que se proteja solo. A mí siempre me ha parecido que eso es lo fundamental…

—Es momento de sacar al cine nacional de ahí, del TLC, ¿no te parece?

—Claro. De pronto el tratado relegó al cine no como una industria sino como un servicio, que se rinde, ¿a quién? Exacto: a los gringos. Es algo que se ha vivido desde el año 1994, cuando entró en vigor. Son 23 años de oscurantismo, y de no poderse recuperar el cine mexicano; ahí se le encerró… Éste es el gran momento de reformular todo. Es el momento idóneo. Hay películas, y muy buenas. El problema es que se ha llegado al límite de un cine sin espectadores. Vamos a decirlo contundente: el cine mexicano se hace para que nadie lo vea. Y eso es terrible. Porque además, insisto, hay productos de primera…



Temas relacionados:
Cine
Cultura
Libros




    Contenido Relacionado


  1. Jorge Ayala Blanco presenta nuevo libro de cine mexicano
    Abril 20, 2017 4:58 pm
  2. “El cine mexicano exhibe las contradicciones de nuestra sociedad”: Jorge Ayala Blanco
    Octubre 5, 2016 6:23 pm
  3. Jorge Ayala Blanco publica ‘La khátarsis del cine mexicano’
    Septiembre 20, 2016 2:03 pm
  4. “Hay demasiado Lubezki para tan poco contenido”: Ayala Blanco en CNN
    Marzo 1, 2016 12:43 pm
  5. “Estoy feliz por el triunfo de Lubezki: ” Ayala Blanco en CNN
    Febrero 25, 2015 11:37 am
  6. Cuarón era “un alumno fuera de serie”: Ayala en CNN
    Marzo 4, 2014 3:02 pm
Escribe un comentario

Nota: Los opiniones aquí publicadas fueron enviadas por usuarios de Aristeguinoticias.com. Los invitamos a aprovechar este espacio de opinión con responsabilidad, sin ofensas, vulgaridad o difamación. Cualquier comentario que no cumpla con estas características, será removido.

Si encuentras algún contenido o comentario que no cumpla con los requisitos mencionados, escríbenos a [email protected]