Verdad incinerada: a barandillas sólo llegó el capitán Crespo (Parte I)
Este reportaje -en 4 partes- del periodista Gustavo Sánchez, muestra algunas de las más graves deficiencias en el expediente de la PGR, detectadas en su mayoría por el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos.
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Por: Gustavo Sánchez/ Aristegui Noticias

En menos de un siglo, la Normal Raúl Isidro Burgos de Ayotzinapa ha vivido múltiples tragedias: la extraña muerte (febrero de 1972) de Genaro Vázquez -un ex alumno de esa escuela, quien se adentró a la guerrilla; el suicidio de un ex normalista que también tomó las armas, Lucio Cabañas, quien con su muerte evitó caer en manos de militares que lo acorralaban (diciembre de 1974); el asesinato de 2 normalistas (Jorge Alexis Herrera Pino y Gabriel Echeverría de Jesús) a manos de la policía del estado de Guerrero, durante un bloqueo en la Autopista del Sol (diciembre 2011); y, por supuesto –la mayor de sus tragedias-, la desaparición de 43 jóvenes estudiantes, el asesinato de 3 normalistas, y la agresión contra otros tantos (uno de ellos, Aldo Gutiérrez, en estado de coma), la noche y madrugada funesta en Iguala, Guerrero, el 26 y 27 de septiembre de 2014. Tragedia más tragedia.

Enclavada en Tixtla, Guerrero, en la escuela suelen encarnarse luchas y prenderse mechas después de su fundación, en 1926.

La indignación es una constante en los alumnos de la Normal: los indigna la pobreza, la corrupción de la clase política, la ‘guerra sucia’, la violencia acrecentada por los grupos criminales, la incapacidad política, la indiferencia social y más factores, que han sumido a Guerrero en una crisis que lleva años.

Pero lo ocurrido el 26 de septiembre cruzó como una flecha al corazón de la Normal.

A los padres de los desaparecidos les causó el más insospechado de los dolores. A 15 meses de lo ocurrido, no le mueven ni una coma a su demanda inicial: presenten con vida a los 43.

Ayotzinapa es como un cuerpo herido, en el que no se consigue una cicatriz y queda la herida abierta.

La falta de “cicatrización” se debe en parte a una investigación deficiente por parte del Estado mexicano. En el expediente de la PGR, pese a los tachones y nombres borrados, no se logra ocultar el desaseo, las irregularidades, omisiones, y en ciertos puntos, un guión judicial detrás, que a la postre no permiten conocer la verdad.

El caso -como ha insistido el propio gobierno federal- aún no está cerrado y no se ha conseguido lo principal: establecer el paradero de los jóvenes.

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En los informes oficiales, el gobierno (PGR) se ha dedicado a presumir más de 100 detenciones, sobre todo de policías municipales y presuntos integrantes de la organización Guerreros Unidos. Estos últimos, en su mayoría, presentan marcas de tortura, según reportaron los expertos de la CIDH, y al revisar el expediente, encontramos que los inculpados en principio no quisieron rendir su declaración hasta ser instruidos por un abogado.

Es precisamente en las declaraciones de los presuntos criminales, donde empieza a enredarse más la madeja.

Los expertos de la CIDH encontraron una serie de irregularidades en la llamada “verdad histórica” que pronunció Jesús Murillo Karam el 27 de enero 2015, con base en las declaraciones de presuntos miembros del cártel delincuencial Guerreros Unidos.

En aquella ocasión, la PGR fue más allá de los dichos del procurador: hizo una “recreación” de los “hechos” del 26 y 27 de septiembre de 2014, en un video que se volvió viral en las redes sociales:

En ese material de la Procuraduría, la voz en off indicó: “Ya en la comandancia de Iguala, le son entregados (los normalistas) al comandante Aceves entre 10 y 15 estudiantes, los cuales son subidos a dos camionetas de la policía, y trasladados a la carretera Iguala-Teloloapan, a la brecha conocida como Loma del Coyote. Al llegar a la brecha, se dan cuenta que ya estaban en el lugar 3 unidades de la policía que habían trasladado aproximadamente 30 estudiantes más y que nunca fueron ingresados a la comandancia”. Ni siquiera cuadraron la cifra con el número exacto de desaparecidos: 43. 

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El oficial de barandillas, Ulises Bernabé, declaró como testigo de los hechos, que los únicos detenidos esa noche fueron un grupo de personas alcoholizadas y nunca hubo normalistas en la comandancia municipal. Más allá de sus declaraciones, no existe registro de la entrada de los normalistas a barandillas, como sí existe de las personas borrachas que refirió el oficial.

Bernabé -hoy autoexiliado en Estados Unidos por temor a ser asesinado- declaró que aproximadamente a las 23:30 horas del 26 de septiembre quien sí llegó a la comandancia era personal del 27 Batallón del Ejército. Ese grupo era dirigido por el capitán José Martínez Crespo -identificado por los expertos sólo como “capitán C”.

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Astuto, el capitán Crespo no preguntó a Bernabé directamente por los normalistas -que para esa hora, aproximadamente las 11:30, ya habían sido atacados- sino por “una moto blanca”; hasta ahora no se sabe por qué buscaba específicamente esa motocicleta ni de quién era. El mando militar revisó junto con sus elementos toda la comandancia de policía, declaró Ulises. Los normalistas de Ayotzinapa no estaban ahí.

En contraste, el jefe de la policía municipal de Iguala, Felipe Flores Velásquez -hoy prófugo de la justicia- declaró ante la Procuraduría de Justicia de Guerrero que “en el transcurso de esas horas de la madrugada tuve conocimiento que habían sido detenidos un grupo de jóvenes, por lo que siendo las dos de la mañana le pregunté al C. José Ulises Bernabé García, quien es el oficial de barandillas, respecto de la veracidad de esa información, contestándome que, efectivamente, le habían llevado a unos jóvenes, pero que esos se habían ido, que de hecho no habían entrado a barandillas, sin darme más datos”. Sin embargo, en toda su declaración las horas no coinciden y Ulises negó haber hablado con él.

Por su parte, los miembros del Ejército reconocieron haber ido a la comandancia municipal, pero hasta la madrugada del 27 de septiembre, no la noche del 26.

La participación de los militares en la noche de Iguala ha sido poco explorada por las autoridades mexicanas, pese a ser una de las exigencias de los padres de los desaparecidos. Es precisamente en la comandancia municipal -a donde llegó el capitán Crespo- uno de los escenarios de las diferentes intervenciones del Ejército aquella noche y madrugada: “Él (capitán Crespo) me contesta que iba a revisarme la comandancia. Yo inmediatamente me percato que inmediatamente va hacía las celdas. Nos revisan toda la comandancia, prácticamente duraron como 15 minutos ahí”.

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Ulises declaró también que cuando llegó Crespo, no sabía lo que estaba pasando en Iguala: “No tuve conocimiento de lo que estaba pasando en la ciudad hasta las 00:40 horas, ya siendo el 27 de septiembre, cuando a las instalaciones de la policía arriban el Secretario de Seguridad Pública y varias personas más. Quienes inmediatamente, una de ellas se acerca al área de barandillas revisando las celdas. Quienes nos piden que nos pongamos en el patio todos los que estamos en la comandancia y nos comienza a dar una información el Secretario de Seguridad Pública, que había unos hechos afuera, que estaba ocurriendo una balacera sobre unos autobuses”.

Contrario a las declaraciones de los integrantes de ‘Guerreros Unidos’ -que cambiaban como veletas-, la declaración del encargado de la barandilla se volvió cada vez más sólida, pues ha dicho lo mismo siempre, en diferentes momentos, distintas fechas: los normalistas nunca llegaron a la comandancia municipal. El año pasado primero se lo contó a la periodista Anabel Hernández en Proceso (ver reportaje y ver video); después lo citó a declarar la PGR y ratificó sus declaraciones;  este 2015 hizo lo propio ante el grupo de expertos de la CIDH.

El domingo 27 de diciembre, publicaremos la segunda parte de este reportaje: una entrevista con Anabel Hernández, la única periodista que ha podido hablar con Ulises Bernabé, pieza clave de este caso.

*Últimas horas del 26 de septiembre del 2014 y primeras del 27 (parte de la cronología elaborada por ayotzinapaencorto.com)



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