#Música: Jaramar y su “hilo invisible” que conduce al encanto (Videos)
“No me interesa avanzar por caminos ya recorridos”, dice la cantante mexicana, quien junto con el Cuarteto Latinoamericano, ganó el Latin Grammy 2016, por el álbum "El hilo invisible”.
jaramar

Por José David Cano

I.
Habíamos dado por concluida la conversación formal, cuando, de pronto, le dije a Jaramar:

—Creo que puedo hacerte este comentario sin comprometer la entrevista: Para mí, tu disco es uno de los mejores no sólo del año, sino de lo que llevamos de la década. Estoy convencido de ello…

Jaramar se quedó en silencio —mirándome—, esperando lo que tenía que decir. Sonrió tímidamente, al tiempo que me respondía:

—Gracias. ¿Sabes?, lo vamos a inscribir a los Grammy.

Tras una hora, la cantante mexicana me había narrado paso a paso cómo se fue gestando El hilo invisible, su flamante disco junto con el Cuarteto Latinoamericano.


Era noviembre de 2015, y el álbum comenzaba a tomar impulso.

Ahora, un año después, Jaramar, el Cuarteto Latinoamericano y El hilo invisible han vuelto a tomar gran notoriedad: el pasado 17 de noviembre obtuvieron el Latin Grammy como el mejor álbum de música clásica.

Y, la verdad, no era para menos. Hablamos de un álbum (hermoso, brillante, poderoso, pulcro…) que ha reunido los talentos de Jaramar Soto y el Cuarteto Latinoamericano.

Y esto mismo le decía a la propia cantante hace unos días. Al otro lado de la línea telefónica, su voz se oía exultante, en el buen sentido. (Con justa razón: han pasado algunos días de haber recibido este galardón, y se le oía sumamente feliz.)

Jaramar se sincera:

—Todos mis amigos y muchos colegas, aquí en Guadalajara, están muy contentos. La verdad, este Grammy no es algo que yo tuviera planeado conseguir, o que estuviera dentro de mi panorama. Ni lo esperaba… Es más: era algo que consideraba un poco lejano, no por el hecho de que no lo mereciera, sino porque me parece que es otro mundo, ¿no? Es el mundo de la industria, de los grandes productos comerciales, grandes disqueras. No era algo que yo considerara. Ahora que han pasado unos días, sigo pensando que fue importante el haberlo recibido. Me parece significativo, sobre todo en la categoría de música clásica. Además, es el segundo Grammy del Cuarteto Latinoamericano. Me da un orgullo enorme que haya sido este disco, que yo les propuse, el que al final les ha ayudado a ganar otro galardón. Pongámoslo así: es algo que viene a reconocer, y es como lo pienso, el esfuerzo de hacer buena música y de ser honesto en lo que hacemos.

II.
¿Qué es El hilo invisible? De entrada, es un gran disco. (No hay duda.) Por varias razones. Por el material musical. Por la interpretación. Por la idea que hay detrás. Por los arreglos. Por la producción.

Tampoco es de extrañar.

Por un lado, participa el Cuarteto Latinoamericano, el (extraordinario) ensamble integrado por tres hermanos: los violinistas Saúl y Arón y el cellista Álvaro Bitrán, junto con Javier Montiel, violista. Con ya casi 35 años de trayectoria (los festejará en 2017), el grupo se ha caracterizado siempre por abordar repertorios novedosos, por su incansable instinto de búsqueda, por su superlativa calidad interpretativa. Son uno de los grandes nombres en el ámbito musical.

Por otra parte, está Jaramar: una mujer inteligente, talentosa, inquieta y bella.

Verán. Para los que han seguido su trayectoria, es muy gratificante ver cómo Jaramar ha seguido sus impulsos creativos. A diferencia de otras cantantes —que no son malas o que no editan álbumes malos, pero que dan la impresión de que han encontrado una fórmula para entregar el mismo disco cada cierto tiempo—, Jaramar ha sabido cambiar en cada proyecto. Y lo viene haciendo desde que publicó su álbum debut como solista, allá por 1993. En lugar de quedarse en su zona de seguridad (y confort), ha ido de un estilo a otro, de un género a otro.

Como atinadamente apunta el boletín oficial del disco: a lo largo de su trayectoria de más de 25 años y 12 discos, su trabajo musical ha partido de la tradición. En sus álbumes ha reunido canciones que dibujan un viaje que recorre la lírica popular y la expresión poética hecha canción desde el medioevo hasta nuestros días.

Pongámoslo así: las coordenadas de la obra musical de Jaramar están ubicadas en la música antigua a través de cantos sefarditas y canciones españolas del renacimiento, en la sonoridad latinoamericana y poética de mujeres como Sor Juana Inés de la Cruz, en las letras del Rey Poeta Nezahualcóyotl, incluso, en el lenguaje del jazz.

De todo esto, sin embargo, el repertorio sefardí ha sido en particular el material recurrente. Justamente de eso se nutre El hilo invisible: toma como materia prima esos cantos anónimos de los judíos españoles que son interpretados en “ladino” o “judezmo”.

En aquella entrevista de 2015, Jaramar me describía a detalle por qué le gustaba esta tradición lírica.

—¿Sabes? Aun cuando no sea judía, he interpretado música medieval mucho tiempo —me dijo, en cierto momento—. Esta música tiene que ver con mi historia de vida. Así de simple. Lo más sorprendente es que ha conservando su riqueza melódica y lírica. Hablamos de una música creada en la España del siglo XV en la que se entrelazaron las culturas mora, cristiana y judía. Son canciones viajeras que han sobrevivido al paso de los siglos y los exilios. Tiene un enorme valor musical al ser de tradición oral. De hecho, al ser canciones viajeras, se fueron nutriendo de los lugares por los que pasaban y fueron sembrando su huella ahí… Por eso dejaron su estela en la lírica popular mexicana. Esta lírica que traían de España se fusionó y creó híbridos con la música tradicional. Algunos versitos, algunas líneas, te las encuentras en las canciones de Veracruz, de Oaxaca, de la Huasteca, de Guerrero, de Sudamérica, en las lloronas, en las peteneras. A mí siempre me ha fascinado.

Jaramar lo tiene muy claro: encontrarse con los cantos sefardíes, en su juventud, cambió el rumbo de su destino:

—Mi encuentro con esta música fue providencial y maravilloso… Estas canciones, al igual que otros temas antiguos de aquella época, están en la base de todo lo que hago, incluso de lo que compongo… Esta música me ayudó y me permitió explorar mi voz, conocerla de una forma como nunca lo hubiera logrado. Así que, sí, ha dejado una marca importante en el resto de mi trabajo.

III.
En un momento dado de aquella conversación, le pregunté a Jaramar qué había motivado este proyecto. Sonrió:

—Cumplir un sueño —dijo, delicadamente.

El sueño era simple: hacer algo junto al Cuarteto Latinoamericano con este material, con los cantos sefaradíes. Eso sí: la idea era llevarlo a un ámbito sonoro distinto del tradicional, pero sin salir de su esencia.

—Desde que esta idea se me metió a la mente, no me dejó en paz —me contó—. Me sorprendía pensando en ello todos los días: “Este material sonaría bellísimo con un cuarteto de cuerdas y voz… Pero no cualquier cuarteto de cuerdas, sino el Cuarteto Latinoamericano.” Y no dejaba de preguntarme: ¿querrán grabar conmigo? Quería nuevos arreglos para que transformaran estas canciones y las llevaran a un nuevo espacio sonoro. Yo ya las había cantado desde otros ángulos con colaboradores y alineaciones de músicos muy diversas, y ahora quería algo nuevo. Yo tenía una ventaja: estas canciones bellas, vivas, maleables, que conozco tan bien, siempre me habían permitido apropiarlas. Quería llevarlas un poco más allá ahora… Así que hablé con el Cuarteto, y de inmediato se entusiasmaron con la idea.

—Es claro que los nuevos arreglos, entonces, eran fundamentales…

—Por supuesto; para mí eso era clave, clave, clave… Estaba preocupada porque primero vi a un arreglista, pero no funcionó. Las muestras que hizo eran contemporáneo de una forma que no me interesaba. Para mí era muy importante que los arreglos transmitieran la belleza melódica y poética y lírica, la naturaleza de todos esos cantos sefardíes, pero que hubiera un tratamiento contemporáneo también; o sea, que los tomara como materia prima básica, pero que lo desarrollara… Sin embargo, se solucionó todo de forma hermosa. El primero que alzó la mano cuando empecé a buscar otro arreglista fue Javier Montiel, pero me dijo: “Sólo puedo hacer cuatro canciones, ¡me falta tiempo!”. Y yo: ¡adelante! Ahí arrancó el proceso de búsqueda sonora, con ese magnífico colaborador. Así, “La prima vez”, “Esta montaña d’enfrente”, “Puncha puncha” y “Yo m’enamorí” fueron las canciones que escogí y le envié… Me dio mucho gusto ver su entusiasmo, porque fue el principio de sentir al Cuarteto Latinoamericano cercano al proyecto…

Empero, aún faltaban seis, ya que eran 10 temas los que Jaramar tenía en mente. Una sugerencia “insólita” llegó vía Gerry Rosado, productor de la cantante desde hace casi una década.

—Gerry me dijo: “Podríamos ver si Juancho Valencia quiere entrarle al proyecto”. Y yo: ¿Juancho Valencia? Yo sabía de él por su banda Puerto Candelaria… Había escuchado al grupo y sabía de su importancia en la música colombiana actual, sin embargo, no sabía si podría interesarse, y, más aún, entender sus necesidades. Gerry insistió: “Creo que puede ser interesante. Vamos a ver si está dispuesto, si tiene tiempo, y, claro, vamos a ver si le sale”. Al conocer la trayectoria musical de Juancho, y luego al platicar con él y ver su entusiasmo por este material musical y los interpretes con los que estaría trabajando, y sobre todo al empezar a recibir sus propuestas, me di cuenta de que teníamos al indicado. Le envié “La serena”, “La rosa enflorece”, “Las Galeas”, “Durme durme”, “Nani nani” y “Adio Kerida”. Al final, ha sido increíble todo el proceso. Los arreglos que ambos hicieron fueron deslumbrantes.

IV.
Desde este lado de la línea telefónica, le comenté a Jaramar: sé que no podemos valorar realmente un trabajo a partir de un premio —en este caso, un Grammy—, pero supongo que se siente bien ganar uno…

La risa coqueta de Jaramar llenó el auricular. Tras unos segundos, me dijo:

—Para ser sincera, ni siquiera lo había pensado como una posibilidad. De hecho, yo no sabía cómo se inscribía uno, no sabía de la mecánica. Pero dos de los involucrados en este proyecto, que habían participado en los Grammy, vieron una buena posibilidad. Me refiero al Cuarteto y a Juancho . Ellos se encargaron de inscribirlo, porque yo no conocía el camino. La verdad, lo único que hice fue estar pendiente de las fechas para recordarles: “Hay que hacerlo”, ustedes dijeron. Luego, un día de septiembre, me llamó Arón Bitrán para decirme que sí, que estábamos nominados… Me contó, además, que competíamos con pesos pesados. Entre otros, nada más Jordi Savall, ¡uno de los grandes músicos! Aun así, la nominación me dio muchísima alegría, porque estaba dentro de la categoría Mejor Disco de Música Clásica.

—¿Y la ceremonia?

—Ninguno fue a Las Vegas. ¿Por qué? En primera, por el trabajo. Pero, sobre todo, porque no tenemos una disquera “pesada” atrás que pague los gasto de un viaje como éste. Además, cada uno tenía un solo boleto de entrada. (Ya sabemos: no le hacen la “gran fiesta” al mejor disco de música clásica.) Al final, los del Cuarteto me dijeron que no iba a ir; yo decidí que tampoco iría… Estuvimos siguiendo la premiación… Y ¡zas! Ganamos.

—¿Cómo acercar al gran público a un proyecto como éste, Jaramar? Si hacemos caso a esas listillas de «lo más escuchado», en nuestro país (y seguramente en un montón de países más) la música antigua y clásica no es precisamente de lo más cool…

—Les diría que es una música viva, no es una música de museo… No es una música que requiera tener conocimientos previos o una educación especial para disfrutarla. Es música de la lírica popular, transmitida no por partituras sino de boca en boca, por tradición oral. Son las madres las que enseñaban a sus hijos, y a sus hijas, estas canciones que se han cantado a través de los siglos en fiestas familiares, en los hogares. Son tan valiosas para quienes las han cantando, que se las han llevado en el exilio, de viva voz. Las han conservado en el exilio y las han llevado de país en país… Y, además, son tan bellas, tan perfectas, que han dejado su huella en las músicas tradicionales de los distintos países que han tocado.

“Y, lo más importante: no aburre. Es una música sencilla, que le canta al amor, que acaricia, que es sensual, exótica y, sobre todo, está viva. Y hay un plus: la forma en cómo nosotros la hacemos. Es decir: yo la he abordado lejos de la ortodoxia, lejos de la academia, y más bien desde mis emociones, desde lo que yo puedo sentir (y eso incluye la manera en la que me conecto con ella y la interpreto)… ¡Creo que todo mundo puede disfrutar con esta música!”

—¿Cómo ha madurado el disco, a un año de su lanzamiento?

—Hemos tocado el disco muy poco en vivo; nos habría gustado llevarlo más veces al escenario, pero no fue posible… Sin embargo, todo parece indicar que el siguiente año la cosa puede cambiar… Mira, algo que me gusta muchísimo es que el Cuarteto Latinoamericano ha asumido El hilo invisible como uno de los proyectos favoritos. Les interesa llevarlo al escenario, disfrutan interpretarlo… Es más: hace poco nos reunimos para llevarlo a escena y lo primero que me dijeron fue: ¡Hay que hacer más temas! Ja-ja. “Hay que ampliar este repertorio. No toquemos nada más las del disco.” Así que ya estamos en eso: ahora mismo Javier está haciendo nuevos arreglos para otras canciones; tener así un repertorio más amplio. Pero de momento lo que nos interesa mucho es tocar más estas canciones. Este disco merece ser escuchando en vivo.

—Ha sido largo el trayecto, Jaramar, desde que empezaste con Escalón y luego Ars Antiqua, para después llegar a tu proyecto solista… ¿Cómo valoras este premio tomando en cuenta esto?

—A la distancia, con todo este trayecto recorrido, lo que te puedo decir es que estoy en el camino. Ya hemos ganado un Grammy. No marca un final, o una meta, o un lugar al que llegué… Más bien, es sólo parte del camino y es algo que agradezco inmensamente. Aquí sigo. Porque esto es un camino de conocimiento, de transformación, de descubrimiento. No es que ya haya llegado a la manera en cómo debo cantar; no es que haya llegado a la forma en cómo debo hacer las canciones sefardíes en adelante. ¡No! Es parte del camino… Simultáneamente a esto, también he presentado mi espectáculo Sueños. Así que seguiré aventurándome en caminos que no sé cómo resultarán, que no están tan claros… ¡pues de eso se trata! No me interesa avanzar por caminos ya recorridos, o cómodos, o claros, o previsibles.

—Permíteme una última pregunta: los Simpsons suelen burlarse, de maneja jocosa, de los premios Grammy. “Pero qué porquería. ¡Es un Grammy!”, dicen en un memorable capítulo. Supongo que no llegarás a tales extremos algún día…

—No-no, para nada, ja-ja. A mí me parece que es una mentira que se quiera banalizar algo así. Por ejemplo, a mí nunca se me va a olvidar que, cuando nos dieron este Grammy, estábamos compitiendo contra Jordi Savall. Me parece que nunca se te olvida un logro como éste. Así que sí, es un reconocimiento importante…


Nota bene: El hilo invisible ha sido publicado por el sello discográfico Intolerancia, con el apoyo del Fonca y la Fundación Metta Saade.

Para más información de Jaramar puede consultar su página oficial de Facebook.
Para más información del Cuarteto Latinoamericano, vea también su página de FB.



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