Jorge Ibargüengoitia (1928-1983), el dramaturgo y narrador de la sátira mexicana
Este 27 de noviembre se cumplen 30 años de la muerte del escritor mexicano, quien falleció en un accidente aéreo en España. Autor de 'El atentado' y 'Los Relámpagos de agosto', entre otras, Ibargüengoitia trazó una sólida carrera literaria que lo llevó a escribir teatro, narrativa, crítica y artículos periodísticos.

La presencia de las mujeres en su vida marcaron los primeros años de Jorge Ibargüengoitia, lo formaron para escribir a los siete años su primer libro.  Este 27 de noviembre se cumplen 30 años de la muerte de Ibargüengoitia, quien falleció en un accidente aéreo en España.

Nació el 22 de enero de 1928, en la ciudad Guanajuato, Gto. Un par de meses después murió su padre, por lo que su madre se mudó con su familia. Tres años después, la madre y el niño Ibargüengoitia se mudaron a la Ciudad de México.

Jorge Ibargüengoitia fue educado por mujeres, que tácitamente veían en él la esperanza de recuperar el modo de vida económico que antes llevaban. Querían que Jorge fuera un “buen ingeniero”.

Tenía siete años cuando redactó su primer texto, de sólo tres cuartillas.

“Durante varios días, cuando alguien llegaba de visita a la casa y la conversación languidecía, mi madre ordenaba:

– Enséñale a Fulanito tu periódico.

Yo obedecía y durante un momento Fulanito les daba vuelta a aquellas tres hojas y comentaba:

-Ah sí, mira, es un periódico”.

“El periódico duró hasta que llego mi tía Margó a la casa y yo se lo vendí a un centavo”, contaría el autor muchos años después.

Ingeniero por obligación

Pese a su gusto por la literatura, Ibargüengoitia estudió tres años en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, que abandonaría por considerar que “malgastaba” su tiempo.

Durante tres años trabajó en el rancho de su familia, y tal vez sea a esta experiencia que se delineó en él su sensibilidad por los espacios y predilección a los lugares abiertos y desiertos.

Tuvo un encuentro con Salvador Novo, dramaturgo, poeta y cronista, y por consejo de él, al poco tiempo ingresó en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Así se inició la formación del autor. Al tercer año dentro la carrera entregó su comedia Susana y los jóvenes, por la cual recibió la felicitación de su maestro, el dramaturgo Rodolfo Usigli, quien además hizo que la Unión de Autores la montara.

Comenzaron los éxitos, premios nacionales e internacionales, al igual que becas dentro y fuera de país. Ibargüengoitia inicio la docencia en la UNAM, donde impartió la cátedra de Usigli, al lado de su primera compañera, Luisa Josefina Hernández.

Multipremiado

Entre 1954 y 1956 obtuvo la beca del Centro Mexicano de Escritores (CEM), en teatro. En 1956 obtuvo una mención en el Concurso de Teatro Latinoamericano; una de sus comedia infantiles fue aclamada y puesta en escena por la Compañía de Teatro Popular, en San Luis Potosí.

En 1956 obtuvo la  Junior Artist in Residence, en la Universidad de Standford, EU.  En ese periodo escribió Llegó Margó.

También fue becario de la Fundación Fairfield, 1965; y de la Fundación Guggenheim, 1969.

Años sombríos 

Después vino un declive en su carrera: Usigli había desaprobado una obra de Jorge, lo que causó un desánimo, los productores no gustaban de su obra. Económicamente pasó lo mismo, ya no tenía con qué mantenerse, y Luisa Josefina se quedó con sus clases en la Facultad. Ibargüengoitia había entrado en una crisis. Era 1960. Sin embargo, como escritor Ibargüengoitia seguía produciendo.

Fueron diez años los que entregó a la dramaturgia, 13 obras y cuatro piezas infantiles.  En ese lapso, sólo una obra y dos de las piezas fueron montadas en escena.

Ibargüengoitia comenzó a desencantarse de escribir teatro, e incursionó en la crítica teatral. Escribía artículos mensuales para importantes revistas.  Fue una lenta transición pero al renunciar al teatro ya escribía su primera novela.

El auge de su carrera

Los relámpagos de agosto fue el parteaguas entre el dramaturgo y el novelista. Ibargüengoitia obtuvo el Premio Casa de las Américas en La Habana, Cuba.

En 1965, conoció a la pintora inglesa Joy Laville, quien se convirtió en su pareja.

En 1967 se publicó la primera recopilación de relatos de Jorge Ibargüengoitia, 13 cuentos reunidos bajo el título La Ley de Herodes. Todos con un protagonista llamado Jorge o Ibargüengoitia.

Al siguiente año, la pareja se trasladó a Santa Cruz, California, donde impartió clases en la Universidad.

En 1969, el director del periódico Excélsior, Julio Scherer, lo invitó a colaborar con el diario con artículos de opinión.

Tras escribir la novela Maten al león, en 1970, obtuvo la beca Guggenheim. Con solvencia económica, se mudó a la Ciudad de México, viajó por la república y por Europa. Uno de los viajes, rumbo a Argentina en 1974, fue con el entonces presidente Luis Echeverría y otros artistas.

Después de 1976, Ibargüengoitia publicó la columna “En primera persona” en Proceso, y colaboraciones en las revistas Vuelta, Revista Universidad de México, Revista Mexicana de Literatura, y Siempre!

Para ese entonces, Ibargüengoitia ya había obtenido los siguientes reconocimientos:

Premio Ciudad de México de la VII Feria Mexicana del Libro, en1960, por su obra La conspiración vendida.

Premio Casa de las Américas (1963) por la obra de teatro El atentado, y en 1964 por la novela Los relámpagos de agosto.

Premio de Novela México (1975) por Estas ruinas que ves.

La tragedia de Avianca

Para 1980 Jorge y Joy Laville se establecieron en París. A Jorge le encantaba pasear por la calles de esta ciudad sin un rumbo, dejándose llevar a cualquier dirección. Seguía escribiendo.

Tres años después, el 27 de noviembre de 1983, salió de viaje, tras una invitación para asistir al Primer Encuentro Hispanoamericano de Cultura, en Colombia, y quería aprovechar para despejarse un poco de su novela Isabel cantaba.

No pudo alcanzar su destino. El avión 747, de la aerolínea colombiana Avianca, que tomó el escritor se accidentó en el aeropuerto de Barajas, en Madrid. La mayoría de los pasajeros murieron, entre ellos, viajaban los escritores Ángel Rama, Manuel Scorza y Martha Traba.

Sus restos descansan en la Presa de La Olla, en una colina en los alrededores de la ciudad de Guanajuato. El archivo personal del autor se encuentra en la Firestone Library de la Universidad de Princeton, EU.

Pese a lo poco que se ha documentado oficialmente de su vida personal, a Jorge Ibargüengoitia lo podemos conocer recorriendo su obra. En sus textos habitan las situaciones y experiencias en las que se veía, un entorno al cual desnudaría después mediante una máquina de escribir.

(Con información de INBA y  Difusión Cultural UAM,)





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