Los periodistas detrás de los Panama Papers
Los autores del libro ‘Sociedades peligrosas. La historia detrás de los Panama Papers’, advierten que los sistemas de espionajes contra periodistas reflejan la inseguridad de un gobierno’.
(Redacción AN).

La mañana del 3 de abril de 2016 el mundo se enteró de la existencia de los Panama Papers. Ciento nueve medios de comunicación de distintos países publicaron información de políticos, empresarios y demás figuras públicas, vinculadas con la industria offshore del país centroamericano a través de la firma de abogados Mossack-Fonseca.

El proyecto liderado por el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación contó con la colaboración de cuatrocientos reporteros que tuvieron acceso a una parte de la base de datos del despacho jurídico.

Nombres como los de Vladimir Putin, Pedro Almodóvar, Luis Videgaray y Mauricio Macri, salieron a relucir. El epicentro fue el país centroamericano y desde ahí, Rita Vásquez y J. Scott Bronstein, del diario panameño La Prensa, coordinaron el flujo de información.

A poco más de un año de distancia, ambos periodistas publican Sociedades peligrosas (Debate) los entretelones de una investigación que desnudó los mecanismos de lavado de dinero y evasión tributaria con que funcionan los paraísos fiscales.

“Creo que podemos hacer un balance positivo, dando que se han revelado un montón de actividades que hasta entonces estaban escondidas”, explica a Aristegui Noticias, Rita Vásquez. Añade que en lo profesional una de las principales enseñanzas fue también la importancia de la colaboración.

Creada en 1977 la firma de abogados Mossack Fonseca ya había estado envuelta en polémicas, una de las más sonadas fue el caso Lava Jato, que descubrió una red de corrupción en Brasil y que detonó en la detención de Jürgen Mossack y Ramón Fonseca.

“Gracias a la colaboración de autoridades judiciales de Estados Unidos, Suiza y Brasil se logró una de las investigaciones anticorrupción más grandes. Esta es la forma de vencer al hielo que existe en cada uno de nuestros países para investigar a quienes ostentan el poder político y económico”, señala Vásquez.

Scott Bronstein considera en cambio que el impacto de la investigación de los Panama Papers se verá a largo plazo. “Lo veremos en la medida en que los gobiernos cambien su política tributaria”.

Investigación desde adentro

Antes de ingresar al diario La Prensa, del cual es subdirectora, Rita Vásquez trabajó varios años en la industria offshore de las Islas Vírgenes Británicas y Panamá. Tanto ella como Scott Bronstein, su esposo y en algún tiempo editor de The BVI Beacon, convivieron de cerca con varios de los implicados en las revelaciones periodísticas.

“Mi experiencia fue un arcoíris para el proyecto. Gracias a mi formación como abogada y a mi conocimiento de la industria, podía aclarar toda clase de dudas.  Scott jugó softball con gente Mossack-Fonseca. Para nosotros este proyecto fue muy personal y complicado porque sabíamos que amigos y conocidos saldrían afectados”, cuenta la periodista.

La industria offshore no puede funcionar sin la colaboración de la banca internacional. No obstante, tampoco se le puede calificar como ilícita por definición. “Una sociedad anónima no es ilegal en ninguna parte del mundo, como tampoco lo es planificar tu patrimonio, el tema se convierte en ilegal cuando los fondos que estás tratando de ocultar o proteger son producto de una actividad ilícita o de un trabajo no legal. El propósito del sistema offshore es la protección de los bienes y la planificación financiera de las personas. Nadie protege sus bienes abajo del colchón, todo mundo los guarda en cuentas bancarias, de ahorro o cifradas y para ello necesitan bancos, la cuestión es que, si estos bancos tienen políticas relajadas y no se cercioran del destino legal de los fondos, son cómplices. Mossack-Fonseca ofrecía asesorías de cómo sus clientes podrían cometer actos ilícitos como evadir impuestos. En Panamá esto se considera un delito”, plantea Rita Vásquez.

En su defensa, los abogados argumentan que no tenían la obligación de conocer a los beneficiarios finales y que en cambio los intermediarios abusaron de ellos porque vendieron la información a gente que cometía actos ilícitos. Sin embargo, Sociedades peligrosas, argumenta lo contrario. “La filtración nos dio acceso a información interna de la firma y descubrimos que en la mayoría de los casos supieron quiénes eran los beneficiarios finales e incluso contactaban directamente con ellos. Entre sus clientes estaban narcotraficantes como Caro Quintero a quien definían como un hombre que hacía ver a Pablo Escobar como un bebé”.

Espionaje e intimidación

El primer capítulo del libro se titula ‘Una visita intimidatoria’, ahí los periodistas cuentan como Jürgen Mossack atravesó las puertas del diario La Prensa, para amenazarlos acerca de la investigación. “Tenemos conocimiento de que existen periodistas pagados por intereses foráneos para investigar nuestra firma (…) De hecho, sabemos que una periodista de La Prensa es quien está coordinando a los reporteros internacionales”, dijo el abogado.

Aquel encuentro tuvo lugar el 16 de marzo de 2016, para entonces Roberto Martinelli ya había dejado la presidencia de Panamá. Con su salida se fueron años turbulentos de espionaje a toda clase de personas. Martinelli, ahora detenido en Estados Unidos, adquirió en 2011 el sistema de espionaje Pegasus –el mismo que según The New York Times, compró el gobierno mexicano para espiar a periodistas y activistas-, y se dedicó a rastrear y grabar a quien se le dio la gana. Ya con este antecedente, los periodistas tomaron todas las precauciones necesarias.

“Cuando entramos a Panama Papers –narra Rita Vásquez- ya habíamos pasado por el espionaje del gobierno. Las máquinas pinchadoras habían desaparecido y se había logrado recuperar una mínima parte de la información obtenida por Roberto Martinelli y que afectó a por lo menos ciento cincuenta personas. Debido a este precedente nos manejamos con sistemas encriptados y con mucha confidencialidad”.

Actualmente el gobierno panameño espera que el sistema judicial falle a favor de la extradición de Martinelli para que enfrente a la justicia de su país. “Engañó a todo mundo, se le acusa de haberse llevado cinco mil millones de dólares. Espió a todo mundo y nunca lo mantuvo en discreción, abusó del poder. Tiene que regresar a Panamá y enfrentar la justicia. Sería muy triste que un juez estadounidense le concediera una fianza a quien violó los derechos humanos de al menos ciento cincuenta personas”.

La periodista asevera que los sistemas de espionaje contra periodistas “son un atentado contra la libertad de expresión y prensa porque te ponen en una situación de riesgo e incluso de autocensura. Reflejan también el nivel de inseguridad de un gobierno que tiene la conciencia muy sucia. A los periodistas nos corresponde exigir transparencia y rendición de cuentas, cueste lo que cueste y caiga quien caiga”.

El saldo de los Panama Papers

El ingreso de recursos por medio de la industria offshore a Panamá no alcanza ni el uno por ciento, pero tras la publicación de los Panama Papers la reputación del sistema legal y financiero del país centroamericano se vino abajo.

“Creo que la mayoría de los abogados panameños fallaron a la hora de defender la jurisdicción, tendrían que haber a explicado públicamente que la firma implicada hacía un mal uso de un buen recurso; tendrían que haber aportado las razones legales y legítimas de la industria offshore, pero no lo hicieron. Como país Panamá terminó cediendo a las peticiones internacionales”, cuestiona Rita Vásquez.

La investigación exhibió las debilidades de los sistemas tributarios de los países involucrados, quienes no necesariamente han tomado las medidas debidas.

“Las revelaciones más impresionantes de los Panamá Papers no fueron las ilegales, sino las legales porque el problema que enfrentan muchos países es que no pueden atacar estas actividades en las Islas Vírgenes o Panamá, sin cambiar sus propias reglas. Estados Unidos por ejemplo, ha impuesto reglas que como país no adopta”, comenta Scott Bronstein.

El periodista celebra que, tras la publicación de la investigación, el gobierno panameño implementara cambios en la regulación de la industria offshore y en contraste lamenta que la prensa internacional no lo valorara. “Tendría que haber sido motivo de orgullo para los periodistas del mundo porque demuestra que el trabajo contribuyó para algo positivo. Pero no sucedió, la crítica contra el país siguió. No vieron los cambios. Quizá hace treinta años era un sistema corrupto, pero hoy no lo es. Panamá Papers tuvo un impacto grande en el país”.

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