Luciano Concheiro y su propuesta de potenciar las formas de vida no capitalistas
El filósofo mexicano publica ‘Contra el tiempo. Filosofía práctica del Instante’, título finalista del Premio Anagrama de Ensayo y que será presentado el próximo 26 de enero, a las 19 horas en Horizontal (Colima 378. Col. Roma).
(Redacción AN/Anagrama).

¿Cuántas veces se ha dicho, asimismo: no me alcanza el tiempo para nada? ¿Cuántas veces se ha sentido abrumado por la cantidad de información que circula y es imposible de procesar? Vivimos tiempos acelerados. El capitalismo marca el pulso del tiempo actual, el ritmo de consumo nos ha rebasado y nos exige ser productivo, en la lógica del sistema, permanentemente. El mexicano Luciano Comcheiro (1982), planta cara al fenómeno y publica Contra el tiempo. Filosofía práctica del Instante (Anagrama), obra donde apela a reinventar el tiempo a partir de lo que llama una filosofía práctica del instante.

Curioso que un libro que cuestiona la aceleración, tenga un ritmo ágil y rápido…

Es una paradoja que quería abrazar. Si los argumentos son correctos y vivimos en tiempos acelerados, representaba un problema comunicarme con los sujetos que viven en el acelere. Este es un libro de combate, de filosofía que no busca exclusivamente la verdad o en todo caso busca una verdad militante. Me era importante comunicar mis ideas sobre la aceleración, por eso tiene una estructura entrecortada, de frases breves, capítulos de no más de seis páginas. Quiero atrapar a los lectores cuando se alejan de los dispositivos móviles.

Plantea que vivimos en un turbocapitalismo…

Sí. El diagnóstico de la aceleración viene desde hace tiempo y se vive desde hace mucho. Ya no nos alcanza el tiempo, siempre tenemos pendientes. Este es un problema cada vez más significativo. Más que hacer un diagnóstico, intento dar una explicación sobre cómo la aceleración inundó todas las esferas de la vida. Lo llamo turbocapitalismo, porque es un capitalismo que busca acelerar los ciclos del capital y para eso necesita aumentar la velocidad  de consumo, producción y distribución. Resultado de ello es la forma en que consumismos las noticias o las relaciones amorosas, por eso es tan difícil combatirlo, si fuera un problema de corte político o económico sería más o menos sencillo, pero va más allá. Quienes planteamos un mundo postcapitalista necesitamos imaginarnos una vida radicalmente diferente.

Habla de la información y la forma en que consumimos las noticias. El video del joven de Monterrey que disparó a sus compañeros, generó un debate sobre si habría que transmitirlo o no…

Vivimos en una sucesión permanente de noticias e imágenes que acaban siendo una vorágine sin una coherencia narrativa, sentimental, simbólica y afectiva. El suceso de Monterrey acaba siendo sustituido por otra cosa, como sucedió con el asesinato del embajador ruso. Todos participamos de ello, incluyéndome a mí y al libro que no deja de ser una mercancía. Lo interesante es establecer una visión crítica.

¿Nos hemos inmunizado a las tragedias?

No sé si inmunizado porque el caso mexicano es muy claro. Los sucesos de Ayotzinapa han demostrado que ciertas cosas no nos valen, pero cada vez es más difícil construir un relato político de resistencia. Hay tantos cabos dispersos que cuesta trabajo articularlos.

En el libro plantea que el concepto revolución está acabado dado que ahora las instituciones de poder no necesariamente atraviesan por el Estado sino por empresas o corporaciones.

La revolución del siglo XX es inoperante. Hay que pensar nuevos modelos de resistencia revolucionaria y transformación radical. El poder ahora no está inmerso en un espacio contenido, es trasnacional. Además ya no es sólo político. En la lógica neoliberal, los sujetos operamos por criterios como ser empresario de uno mismo, saberse vender, construir las relaciones mediante una lógica mercantilista, etc. Todo esto necesita una rearticulación. El tiempo me interesa de manera muy concreta porque si lo repensamos, puede ser una de las palancas para repensar todo. Una nueva visión del tiempo es una nueva forma de entender el amor, la relación con los otros, la naturaleza o la política. Yo propongo una vía, que es el instante, provisional como bisagra porque creo que otros tiempos son posibles.

Como postula Giorgio Agamben…

Exacto, es un proyecto agambeniano en el sentido de compromiso revolucionario. No se trata de pensar un cambio cultural o político, sino de la vida misma. Hay que buscar las experiencias de vida no capitalista y potenciarlas.

En términos prácticos, ¿dónde podríamos ver lo que llama la resistencia tangencial que plantea en el libro?

Para mí fue difícil explicarlo en términos del libro. Si hubiera hecho un manual de facto lo habría engullido el capitalismo. Intenté hacer una especie de contenedor vacío, es decir, una serie de presupuestos teóricos que abrazaran o dieran coherencia a una propuesta de resistencia tangencial, que es la resistencia de la huida y concretamente del instante, de la temporalidad de un no tiempo. Por lo tanto no me interesaba dar ejemplos, sino apelar al lector a partir de mi propia experiencia. La filosofía práctica del instante que propongo no es para mañana, puede ser actualizable en cualquier momento; tiene que ver con la posibilidad de construir un nuevo tiempo en el mundo. Puede ser un respiro en el mundo en el que vivimos y la posibilidad de entrever la otra vida que vivimos. Para disgusto de mis editores este libro no arregla nada y menos la realidad mexicana. Sería absurdo pensar que un ensayo así transformará la realidad tan oscura en la que vivimos, pero sí puede generar conciencia de que ésta no es la única vida es posible.

Dentro de esta realidad oscura, ¿dónde encontrar esos instantes?

Propongo prácticas vinculadas a la borrachera, la sobremesa, la poesía, pero también con la revuelta violenta. Es un abanico muy disímil, pero creo que es algo que todos hemos vivido. El instante es el encuentro amoroso, el momento de fraternidad absoluta o carcajada. Utilicemos políticamente algo que ya tenemos en nuestra vida.

Usted habla de las revueltas como algo vinculado del presente, en contraste con la revolución que es para el futuro. A partir del gasolizano y los saqueos que ocasionó, se generó una desconfianza alrededor de estas revueltas.

Es verdad, es algo muy complicado. Al hablar de las revueltas me inspiro en el pensador italiano Furio Jesi. Al contrario de la revolución que es futurocéntrica, la revuelta implica vivir el momento y en una comunidad, un nosotros radical. Para mí, la revuelta impone un tiempo distinto a la aceleración. Lo que sería interesante y por eso este es un libro provisional, es ver qué construimos a partir de esas pequeñas suspensiones o chispazos. La política del instante no basta, hay que acompañarla de otras cosas que desconozco.

En su ensayo plantea que su filosofía del instante es egoísta. ¿Haría falta rearticular el lenguaje? Conceptos como egoísmo, radical o revuelta, están llenos de prejuicios.

Todo este nuevo pensamiento implicaría una rearticulación del lenguaje y reivindicar “ocio”, “vagancia” o “lo no heroico”. En una presentación del libro, un viejo marxista me decía que esto era timorato y cobarde. Tenía toda la razón porque lo que promueve es la huida, la resistencia desde lo minúsculo; reconfigurar el lenguaje de resistencia.

Usted es hijo de comunistas, ¿en qué medida esta posición desencantada hacia las grandes ideologías tiene que ver con la decepción de los partidos políticos o del sistema en su conjunto?

Esa es una de las cuestiones claves. ¿Qué otro tipo de política hacemos? La política de los partidos no cambió nada y terminó siendo engullida. El triunfo de Trump y el “No voto” a Hillary Clinton es una muestra del descontento. Y eso lo vemos a lo largo del mundo. Los mismos zapatistas son un experimento. Vivimos un momento interesante porque es de rearticulación absoluta, de encuentro de nuevos espacios, poderes; de nuevas formas de entender los medios y la política. Lo tradicional está siendo cuestionado.

Hay autores como usted, Luigi Amara o Vivian Abenshushan, que abrevan de la tradición de los filósofos cínicos. ¿Qué tanto espacio encuentran sus teorías en los medios o circuitos culturales y también, cómo evitar caer en los mismos escenarios mainstream que cuestionan?

Hay personas claves como Luigi, Vivian o Cristina Rivera Garza, que están pensando de otra manera. Es interesante la red de hermandades. ¿Cómo no acabar convirtiendo el postulado crítico en una mercancía?, es una pregunta fundamental y contradictoria dado que estamos haciendo una entrevista. No lo sé, quizá lo más radical sería dejar de escribir y comenzar a trabajar en la vida misma. Heriberto Yépez plantea cosas muy interesantes en este sentido.

 

Dentro del pesimismo que envuelve al ensayo, al final hay cierto optimismo al brindar una posibilidad o alternativa.

Es complicado porque sé que el instante no cambia nada. No transforma al sistema que produce la aceleración, es un recogimiento, un momento que permite vivir otra cosa. No sé que venga, pero supongo que lo tendremos que encontrar en la realidad y no sentados en un café en la Condesa. Soy autocrítico con el tipo de producción intelectual y teórica que se hace. Celebro el instante no por lo que es, sino por lo qué puede ser, aunque lo desconozca. Si el futuro nos llegó y es el peor posible, inventemos lo posible.

Sin utopía…

El problema de la utopía es que es futurocéntrica por eso nunca funcionó. Puedes creer en la revolución y al mismo tiempo ser un macho en casa y un cabrón con la familia y amigos. Yo voy por otro lado.

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